Violencia de género

"A Mariana, las instituciones le fallaron"

Mariana Sánchez Dávalos, la joven pasante de medicina asesinada en Chiapas, había denunciado el acoso sexual de que era objeto y lo hizo en varias ocasiones y ante diferentes instancias. Pero los funcionarios ignoraron sus peticiones.
martes, 9 de febrero de 2021

Mariana Sánchez Dávalos, la joven pasante de medicina asesinada en la comunidad de Nueva Palestina, había denunciado el acoso sexual de que era objeto y lo hizo en varias ocasiones y ante diferentes instancias: desde la directora del centro de salud en el que realizaba su servicio social hasta el secretario de Salud de la entidad, según afirma su madre. Pidió incluso el traslado de su acosador, pero sólo lo cambiaron de turno. Por eso, Martha Figueroa Mier, integrante del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, afirma tajante: “A Mariana, las instituciones le fallaron”.

TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis.- A las dos de la mañana del pasado 11 de noviembre, Mariana Sánchez Dávalos, joven pasante de medicina, no aguantó más y se dispuso a redactar una queja.

Ya estaba harta del acoso de que era víctima por parte de un médico del centro de salud de Nueva Palestina, en el municipio de Ocosingo, al que había llegado meses atrás para prestar su servicio social.

Estaba a ocho horas de su casa, en Tuxtla Gutiérrez. Lejos de algún familiar o amiga de confianza. Incomunicada. Tenía que esperar a la mañana siguiente para comprar una ficha de 10 pesos que le diera una hora de servicio de internet.

Ocupaba un cuarto en la vivienda en la que habitaban otros miembros del personal médico de ese centro de salud. Cuando llegó no tenía cama. Consiguió una colchoneta. Una hamaca colgaba en la habitación. El lugar distaba de cumplir los requisitos estipulados por la Norma Oficial Mexicana (NOM-009-SSA3-2013) sobre las condiciones de trabajo para todos los prestadores de servicio social, en cuyo numeral 9.2 establece que deben tener “un área exclusiva para habitación, descanso, alimentación y aseo de los pasantes, en condiciones de privacidad y seguridad en el campo clínico...”.

Pero en el caso de Mariana su privacidad era violentada con mucha frecuencia, sobre todo cuando el médico que la acosaba llegaba ebrio, forzaba la puerta e ingresaba hasta donde estaba acostada. Eso ocurrió en muchas ocasiones. Y ella se había quejado con la directora del centro de salud, Analy Correa Hernández, y le había contado sobre su situación a su madre, Lourdes Dávalos Ábrego.

De hecho, Mariana había pedido su cambio al centro de salud de Teopisca, más cercano a la capital del estado. Pero los funcionarios ignoraron su petición. Solicitó que su agresor fuera llevado a otra localidad, pero sólo lo cambiaron de turno. Seguían viéndose todos los días.

Por eso, esa madrugada del 11 de noviembre empezó a redactar su queja:

“Por medio de la presente hago de su conocimiento lo sucedido con el doctor Fernando Cuauhtémoc P. J., ya que durante mi estancia en el centro de salud y vivienda del establecimiento he tenido inconvenientes respecto a acoso sexual por parte del doctor, durante la noche intentó agredirme sexualmente, por lo que decidí informar a la directora de la institución y no llegase a presentar algunas consecuencias ya sea personal o laboral, hago este oficio con la intención de informar la situación y poner a disposición la toma de decisiones, sin intención de provocar problemas laborales e incidentes. Hasta el momento no he vuelto a tener incidentes con el doctor, pero notifico la situación para evitar problemas. Por su atención muchas gracias.” 

Este texto es un adelanto del reportaje publicado en el número 2310 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 7 de febrero de 2021.

 

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