Cultura

Aurora Reyes: La conquista de los muros para las mujeres

Las pintoras mexicanas sólo pudieron subirse a los andamios hasta la tercera década del siglo pasado, gracias a la artista Aurora Reyes, quien situó en el centro de su temática pictórica a las mujeres.
sábado, 13 de marzo de 2021

Las pintoras mexicanas sólo pudieron subirse a los andamios hasta la tercera década del siglo pasado, gracias a esta artista, quien situó en el centro de su temática pictórica a las mujeres. Aquí la evalúa la investigadora Guillermina Guadarrama, a 100 años del inicio del muralismo y en concordancia con el Día Internacional de la Mujer. A su lado menciona a otras colegas relevantes, como Isabel Villaseñor, Olga Costa, Fanny Rabel, Rina Lazo... Y retrae hacia nuestros lectores la fuerza indómita de su primer mural, “Atentado a las maestras rurales”. 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El muralismo mexicano, que cumple 100 años este 2021, propició para las mujeres una ruta más allá de ser modelos o ayudantes de los llamados tres grandes; y si algunas se ayudaron de la mano de sus esposos pintores, varias se montaron en los andamios para hacer obra.

La maestra e historiadora del arte por la UNAM, Guillermina Guadarrama Peña, especialista en el estudio de las expresiones muralísticas y la Escuela Mexicana de Pintura, recuerda a Isabel Villaseñor, esposa de Gabriel Fernández Ledezma; Elena Huerta, de Leopoldo Arenal (cuñado de David Alfaro Siqueiros); Olga Costa, de José Chávez Morado; y Manuela Ballester, de Josep Renau.

Puede mencionarse también a Leonora Carrington, María Izquierdo, Patricia Quijano Ferrer (viuda de Arnold Belkin), destacadamente Fanny Rabel y Rina Lazo, la más reciente del Salón de la Plástica Mexicana con Silvia Barbescu y Aliria Morales, así como la independiente Claudia Chapou, y entre la novísima promoción Stephanie Bringas y Janet Calderón, y el colectivo María Pistolas del Estado de México.

Pero de entre todos los nombres ha destacado el de Aurora Reyes, pintora, escritora, maestra, miembro del Partido Comunista Mexicano y luchadora social, quien nació el 9 de septiembre de 1908 en Hidalgo del Parral, Chihuahua, y murió el 26 de abril de 1985 en la Ciudad de México. 

Su vida y obra poética y plástica se narran y compilan en el libro Aurora Reyes. Alma de Montaña, de la investigadora Margarita Aguilar Urbán –con prólogo de Alberto Híjar, especialista del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de las Artes Plásticas (Cenidiap)–, publicado por el Instituto Chihuahuense de la Cultura, en 2010.

Nieta del general Bernardo Reyes (su padre fue el ingeniero León Reyes) y sobrina del escritor Alfonso Reyes, fue –a decir de Guadarrama– una mujer que “se empoderó”. Pues si bien entonces no existía el término, ella decidió que quería pintar, al margen del contexto que le rodeaba, y buscar un lugar como muralista.

Así, “pudo tener fuerzas para pelear y buscar un lugar en la historia del muralismo como autora”. Y tuvo mucho que ver su ingreso a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), donde –dice el libro de Aguilar Urbán– forjó amistad con los escritores mexicanos Juan de la Cabada y Renato Leduc, y los cubanos Nicolás Guillén y Juan Marinello, entre otros. Entonces ya era reconocida como pintora de caballete, en cuyos cuadros hablaba de problemas sociales, como la pobreza, si bien “prefirió plasmar rostros de mujeres en un afán visible de explorar los claroscuros de la condición femenina a través de la imagen”.

Añade la autora:

“El logro más importante de Aurora en esta época fue, sin duda, haber ganado por concurso la oportunidad de pintar su primer mural en el vestíbulo del Centro Escolar Revolución, una escuela modelo de la educación socialista construida en 1934. Esta obra fue designada en primera instancia como La maestra asesinada, pero el título varió con los años hasta quedar como Atentado a las maestras rurales. En diversas entrevistas, ella se autoasignó el título de ‘primera muralista mexicana’ en vista de que las otras mujeres –refiriéndose a Marion y Grace Greenwood, que habían pintado antes que ella en el Mercado Abelardo Rodríguez– ‘eran gringüitas’. Lo cierto es que Isabel Villaseñor, junto con Alfredo Zalce, ya había realizado un mural en una escuela primaria rural en Ayotla, Estado de México, en 1929. Sin embargo, quizá por la relevancia del conjunto de murales auspiciados por el cardenismo, la afirmación ha sido reiterada por varios críticos y se le ha otorgado a Aurora la dignidad de haber sido la iniciadora del movimiento muralista femenino en el país.”

Investigadora del Cenidiap del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y autora del ensayo Mujeres en los andamios. Logros y vicisitudes de la mujer en el arte monumental, Guadarrama recuerda vía telefónica que varias pintoras intervinieron en murales como colaboradoras de Diego Rivera. Y que Villaseñor, ciertamente, fue la primera en pintar un mural, pero se le ha visto como colaboradora de Zalce debido a que “la sociedad patriarcal, machista y conservadora hacía poco posible que (las artistas) fueran aceptadas”.

Piensa, por ejemplo, en Elena Huerta, también militante comunista, quien padecía problemas de salud. Luego se fue a la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), “en plena Segunda Guerra Mundial”, y al volver hacia los años cincuenta pide que se le comisione para hacer un mural, y “nunca se lo dan, logra treparse a los andamios hasta la edad de 70 años”. Fue cuando pintó en la Casa de la Cultura Vito Alessio Robles, de su natal Saltillo, la historia de la entidad, con el apoyo de un grupo de mujeres artistas que ella creó ex profeso.

Igual menciona el mural Motivos sobre el agua (1952), que Olga Costa y Chávez Morado realizaron en el balneario Agua Hedionda, en Cuautla, Morelos, con mosaicos italianos. Explica que ahora es más común hablar de empoderamiento de la mujer, pero antes la sociedad era muy machista y las mujeres se sometían. La historia del mural de Costa y Chávez Morado “es muy bonita porque como pareja de artistas él era muy fuerte, si bien ella no era sometida”.

El pintor guanajuatense es quien hace el proyecto para realizar la obra a través del Taller de Integración Plástica que había fundado, pero en el Inventario del muralismo mexicano, de Orlando Suárez, no aparece como autor, sólo se consigna a Olga Costa. Añade Guadarrama al respecto:

“Cuando se ve el mural en Agua Hedionda, inmediatamente se identifica la parte de Chávez Morado y la de ella. Es maravilloso, es un muro muy largo y ella realizó una serie de sirenas representantes de diversos países, no son para nada unas sirenas esculturales, sino unas sirenas gorditas, muy bonitas y coloridas, maravillosas, como (arte popular) de Metepec. La parte de él, dividida por una puerta, es la historia de Cuautla, muy a su estilo, con cuestiones prehispánicas y todo eso. Y lo que me parece bonito es que él nunca menciona que tiene ese mural, nada más se cita a Olga, como que le quiso dar el impulso y ella ya no hizo ningún otro.”

Cuesta arriba

Considera Guadarrama que la ruptura de Aurora Reyes con su esposo (el escritor Jorge de Godoy), y el haberse hecho cargo de sus hijos, contribuyó a enfrentar ese mundo machista y pelear para, al final, “tener un lugar en la historia del muralismo, como autora”.

Ella “no pintó con ninguna pareja, se trepa sola a los andamios y lo interesante es que su tema es la mujer, la violencia contra las maestras, también ve la situación de los maestros, era la época en la que se impulsó la educación socialista y los maestros eran desorejados, las maestras golpeadas… yo creo que en eso (los temas de mujeres) radica su importancia”.

Reyes hizo su primer mural en 1936. Vendrían luego, ya en 1962, Trayectoria de la cultura en México, Presencia del maestro en los movimientos históricos de la patria, Espacio, objetivo futuro y Constructores de la cultura nacional, ubicados en el auditorio 15 de Mayo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en la calle Belisario Domínguez, Centro Histórico de la Ciudad de México; y en 1978, Primer encuentro, en el salón de Cabildos de la delegación (hoy alcaldía) de Coyoacán, consigna Aguilar Urbán en su libro.

Al muralismo y a la escultura se les consideraba en la época de auge de la llamada Escuela Mexicana de Pintura como un trabajo “rudo”, cuenta Guadarrama y escribe:

“Las mexicanas pudieron subirse a los andamios hasta la tercera década del siglo pasado. Este retraso temporal tiene que ver, sin duda, con la educación machista que se genera y promueve desde el hogar, lo que provoca sumisión, categoriza a la mujer como objeto y señala que su único destino es casarse, tener hijos y cuidar a su familia, mientras que los hombres pueden andar libres por la vida, aunque por fortuna cada vez sucede menos. La tardía subida al andamio no solamente se trataba de un asunto de género, al parecer también tenía que ver con misoginia, racismo, cuestiones ideológicas y relaciones sociales.”

Se refiere a que Rivera llegó a aceptar como ayudantes a las estadunidenses Ione Robinson, Zohma Day y Maxine Albro. Pero no necesariamente lo atribuye a cuestiones de discriminación. Pues en aquel entonces Reyes y María Izquierdo daban clases de dibujo en las escuelas primarias y Huerta no llegó a la Ciudad de México sino hasta 1930. Cuando Rivera se va a la Unión Soviética, las estadunidenses quedaron al frente del mural en Palacio Nacional, pero fueron “presas del acoso de funcionarios… y del machismo que se escandalizaba de verlas con overol de mezclilla, vestimenta propia de los obreros”.

Tareas pendientes

En el prólogo de Aurora Reyes. Alma de montaña, Alberto Híjar desmenuza cómo su autora Margarita Aguilar Urbán investigó y desarrolló la biografía de la pintora y poeta, desde lo que implica llevar el apellido familiar hasta sus propias militancias políticas, y la describe:

“… la esforzada maestra, militante crítica comunista sin concesiones hasta renunciar al PCM, poeta, agitadora y propagandista, primera muralista mujer, compañera de tertulia de hombres sabios, hermanada con una legión de mujeres libertarias, entre las que la investigadora destaca a Concha Michel, la cantora bilingüe del olvidado Tom Mooney como señal del internacionalismo desarrollado por las organizaciones de frente amplio, como la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), a la que aportaron sus modos de estar en el mundo amenazado, todo el tiempo, por los grandes consorcios capitalistas asociados con gobernantes y funcionarios cómplices.”

A la muralista no sólo le costó, como cuenta Guadarrama, vencer diferentes adversidades hasta subir a un andamio (15 años después de iniciado el muralismo mexicano, cuando Roberto Montenegro pintó El árbol de la vida en el ábside del antiguo Colegio de San Pedro y San Pablo): su historia suele caer en el olvido. Y son trabajos como los de Guadarrama, Aguilar Urbán o de la propia familia de la artista los que mantienen viva su memoria.

En julio de 2004, su nieto Héctor Godoy advirtió en estas páginas (Proceso, 1447) el deterioro en el cual se encuentra el mural realizado en el auditorio del SNTE. Se buscaba el apoyo de la entonces diputada María Rojo, la presidenta del sindicato Elba Esther Gordillo, el director de Bellas Artes, Saúl Juárez, y el secretario de Cultura del Distrito Federal, Enrique Semo. Hasta la fecha, la obra de 325 metros cuadrados sigue en mal estado.

Declarado monumento artístico, el Centro Escolar Revolución fue construido por el arquitecto Antonio Muñoz García durante el gobierno de Abelardo L. Rodríguez. Cuenta con obra de Raúl Anguiano, Fermín Revueltas, Gonzalo de la Paz, Ignacio Gómez Jaramillo, Antonio Gutiérrez y Everardo Ramírez. En 2017, tras los sismos de septiembre fue cerrado porque sufrió algunos daños. Situado en Arcos de Belén y Niños Héroes en la CDMX, hoy es imposible entrar al plantel debido al arreglo de banquetas, si bien el fotógrafo de Proceso Octavio Gómez consiguió obtener una toma.

Godoy recordó que su abuela habló de su mural en una entrevista con la revista Mujeres, en noviembre de 1975, cuando realizaba la obra del SNTE:

“El tema se refiere a los atentados que los cristeros cometieron con los maestros rurales, entre los cuales hubo muchas maestras sacrificadas.”

La obra está ubicada en la parte superior del frente del vestíbulo del edificio. Mide dos por cuatro metros. Retrata a una maestra atacada por un campesino que la arrastra por el suelo tirándola del cabello, mientras otro personaje la golpea en la cara con la culata de un rifle. Escondidos tras un pilar sus pequeños alumnos ven asustados la escena. 

El heredero evocó también que Reyes siempre fue reconocida como una pintora de manufactura impecable, si bien tuvo muchos enemigos políticos. Se le preguntó entonces por qué el olvido, si se trata de una pionera del muralismo:

“Fue marginada por su pintura de denuncia social. Lázaro Cárdenas fue quien más la ayudó, pero después de él la empezaron a marginar muy fuerte.”

Relató que la consideraban “una rojilla” e incluso fue perseguida por la CIA (Agencia Central de Inteligencia), por sus relaciones con gente del gobierno de Moscú, de Fidel Castro y del dirigente chino Mao Tse Tung.

Y narra una anécdota que retrata su posición política: Cuando Luis Echeverría Álvarez era discípulo del exlíder del PRI Rodolfo Sánchez Taboada, la presentó con artistas e intelectuales de la época. Al ganar la Presidencia fue a casa de la pintora en Coyoacán y le dijo:

“¡Cachorra (la llamaban así por ser hija de León), me dieron la grande! ¡Vente a Bellas Artes!.”

Dice que su abuela le respondió:

“Yo no hago trato con asesinos.”

Y agrega:

“Le mentó la madre y le cerró la puerta en las narices ¡De ese tamaño! Mi abuela no se vendía, no tenía precio, sus ideas políticas y sociales eran de una pieza, entonces sí se hizo de muchos enemigos, desgraciadamente, por eso la marginaron, por eso fue olvidada y es una gran desconocida.”

Quizá ya no tanto porque cada vez hay más investigaciones y reportajes en torno a ella, como quien abrió la ruta a las mujeres muralistas en México. Pero hasta hoy no se ha cumplido el sueño que expresó su nieto: que se rescate su mural en el SNTE y que el Museo Nacional de Arte (Munal) le organice una exposición.  

Reportaje publicado el 7 de marzo en la edición 2314 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

Más de

Comentarios