Día Internacional de la Mujer

Los uniformados "se portaron muy bien"... pero dejaron una estela de heridas

El lunes 8, durante las movilizaciones por el Día Internacional de la Mujer, fueron documentadas las agresiones policiales contra grupos feministas. Un día después, el presidente aseguró que "se habían portado muy bien" los uniformados que atendieron la manifestación.
sábado, 20 de marzo de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El lunes 8, durante las movilizaciones por el Día Internacional de la Mujer, fueron documentadas las agresiones policiales contra grupos feministas. Un día después, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que “se habían portado muy bien” los uniformados que atendieron la manifestación. Para las organizaciones como Brigada Marabunta y el investigador Daniel Gómez-Tagle, hubo uso excesivo de la fuerza policial y es necesario revisar el empleo de dispositivos químicos que, en teoría, sirven para dispersar las protestas. 

En su conferencia de prensa matutina del martes 9, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que “se habían portado muy bien” los elementos de seguridad pública que participaron en el operativo de la Ciudad de México por el Día Internacional de la Mujer. Les agradeció haber contenido “la agresividad” y “provocación” de las manifestantes, a quienes ha señalado de obedecer a intereses de grupos conservadores.

Sin embargo, detrás de ese “buen comportamiento” hubo golpes con losas y tubos de acero; utilizaron dispositivos químicos, como bolas de caucho con gas lacrimógeno, cartuchos de gas, bolas de humo y polvo químico seco, así como la detonación de cohetones, el lanzamiento de botellas con orines, disparos de balas de gotcha y el empleo de artefactos caseros con pólvora y gas. Además, hubo múltiples ofensas de connotación sexual.

El día de la manifestación, mujeres y familiares de víctimas se concentraron en el muro de vallas instalado frente al antiguo palacio virreinal, convertido por manifestantes –un día antes de la marcha– en un memorial con más de 4 mil 500 nombres escritos de víctimas de feminicidio, agresiones machistas y desaparición. 

Desde detrás del muro donde estaba la formación de policías fueron lanzadas las primeras “bengalas extintoras”. Estos artefactos de forma cilíndrica, de aproximadamente 20 centímetros de largo, con un extremo color rojo y el otro azul, cayeron sobre las manifestantes. 

Al ser manipulables por su contenido poco irritante, quienes se hallaban cerca de estos artefactos los tomaron para lanzarlos de regreso. El resto de mujeres celebró la hazaña. Hubo aplausos y gritos de emoción. 

A martillazos y patadas, las negras –como también entre feministas les dicen a las chicas embozadas– abrieron un surco en el muro metálico convertido en memorial, ubicado al frente de cuatro filas de vallas tubulares que el gobierno federal colocó desde el viernes 5 en la fachada del primer edificio de la ciudad.

Cayó la primera valla y luego cinco más… Una parte del cercado que las mujeres echaron abajo fue recuperada por las policías que estaban en formación detrás de las estructuras metálicas; otra más es colocada por las manifestantes en el centro de la plaza.

En el espacio que se creó se contrajo la alineación de las uniformadas y usaron sus escudos para protegerse. 

No obstante, en el intento de las feministas por desplazar el resto de las vallas, una menor de edad cerca del enfrentamiento fue arrancada del contingente y retenida. Las uniformadas poco a poco fueron relevadas por sus compañeros de la Policía Auxiliar de la Ciudad de México. 

Una hora después de comenzada la trifulca, ninguna mujer policía estaba al frente de la formación en defensa del edificio que en 1914 fue tomado por los ejércitos de Villa y Zapata.

“¡Suelten a la niña!”, gritaron insistentemente las manifestantes, pero lejos de eso el enfrentamiento se recrudeció. 

Las mujeres, en su mayoría adolescentes y adultas jóvenes, tomaron algunas vallas que rodeaban el campamento de la comunidad triqui de Tierra Blanca, Oaxaca, que se encontraba en la plancha del Zócalo. Ellos pretendían solicitarle al presidente López Obrador su intervención para regresar a su comunidad, de donde fueron desplazados por paramilitares a finales de 2020. 

En grupos de cuatro a seis mujeres las manifestantes impactaron esas vallas contra los escudos policiales, pero de su caparazón de acrílico salieron chorros de gas pimienta color verde y polvo químico seco, que fueron disparados para dispersar a las manifestantes.

“¡Suelten a la niña!”, insistían, pero la respuesta de algunos policías fue la de lanzar mayor cantidad de gases que eran disparados de frente y a la altura de los rostros de las mujeres, causándoles dificultades para respirar, lagrimeo, tos, ardor, vómito y opresión del pecho.

“Pinches viejas malcogidas”, “por eso las matan”, “chichis guangas”, “por eso las descuartizamos”, gritaban policías al tiempo que les arrojaban botellas con orines.

Enfrentamiento

El director de la Brigada de la Paz Marabunta, Miguel Barrera, dice en entrevista con Proceso que les causó extrañeza el comportamiento de los mandos policiacos al frente del operativo, en particular el del subsecretario de Gobierno de la Ciudad de México, Efraín Morales López.

Detalló que una noche antes de la manifestación se reunieron con él y les preguntó sobre sus previsiones para la marcha; acordaron que buscarían la intermediación para que la protesta resultara inocua para las manifestantes y las policías.

Desde el mediodía del lunes 8 los brigadistas comenzaron a preocuparse cuando les reportaron que las fotorreporteras Graciela López, Sáshenka Gutiérrez, Gabriela Esquivel y Leslie Pérez fueron acosadas por elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) en el interior del Metro Hidalgo e, incluso, que una de ellas fue esposada y colocada con brusquedad contra la pared, pese a que en todo momento se identificaron como prensa.

También fueron informados de un segundo caso de violencia, pero en el exterior del Metro Hidalgo, que causó tensión entre policías y manifestantes. Uniformadas de la SSC ejecutaron tres encapsulamientos.

Durante tres horas las manifestantes fueron retenidas sin que el subsecretario Morales López aceptara negociar una salida pacífica para reducir las hostilidades. 

La subdirectora de Marabunta y encargada de la interlocución con los funcionarios locales, Carla Ríos, se enlazó con el secretario de Gobierno, José Alfonso Suárez del Real y Aguilera, para sugerirle que recomiende al subsecretario Efraín Morales un acuerdo, pero dejó el caso en manos de su subordinado, quien horas después ordenó el retiro de las policías, dejando a las manifestantes continuar su paso hacia el Zócalo.

En tanto, en la plaza central se mantuvieron las hostilidades por la joven retenida. Voluntarios de la Brigada Marabunta solicitaron con megáfono en mano que les permitieran verificar si había alguna manifestante detenida tras el muro. 

Observadoras de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México lograron llegar al punto del enfrentamiento e ingresaron a las filas policiales, pero no vieron a ninguna persona retenida y se fueron. 

Un día después se dio a conocer que “Nicole” era la menor de edad que fue retenida por los policías; ella se desmayó frente a los escudos policiales cuando un uniformado la jalaba mientras otros le gritaban: “¡Ya valiste verga!” y “¡Qué bueno!, ya tenemos a una”.

Detrás de las vallas fue pateada y golpeada en la cara y genitales con los escudos. Los policías se detuvieron hasta que llegó un grupo de paramédicos que la llevaron a una ambulancia estacionada en la calle de Moneda, donde la revisaron y la dejaron ir tras determinar que no tenía lesiones graves.

Regulación 

Además del gas pimienta y el polvo químico seco lanzado de extintores, en el operativo fueron utilizados otros dispositivos como las rubber ball o sting ball, artefactos cilíndricos de caucho con espoleta, de uso policial, que contiene gas irritante lacrimógeno o CS. 

La Brigada de Paz Marabunta documentó el uso de cartuchos de 37 milímetros, también lacrimógenos.

De acuerdo con Daniel Gómez-Tagle, consultor internacional en utilización de la fuerza y derechos humanos, estos dispositivos químicos policiales han sido utilizados en administraciones pasadas, como en la represión que hubo durante la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, el 1 de diciembre de 2012 en San Lázaro, en la que fue herido de muerte el bailarín y director de teatro Juan Francisco Kuykendall Leal. En esos hechos Uriel Sandoval perdió el ojo derecho tras recibir impactos en el rostro y la cabeza.

En 2014 fueron usados en el desalojo de la autopista Puebla-Atlixco, donde murió el niño José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo. En esa ocasión policías del estado dispararon balas de goma. 

También en 2015 las fuerzas policiales utilizaron esos dispositivos durante la marcha conmemorativa del 2 de octubre en la Ciudad de México. Recientemente, en 2018, un evento similar ocurrió en el paso fronterizo de Tecún Umán, donde un policía federal disparó sobre la segunda caravana de migrantes y asesinó a Henry Díaz.

Para el investigador es necesaria la regulación sobre la manera en la cual son empleados estos artefactos antimotines, porque –dice– “no se utilizan con el fin de dispersar”, sino de “impactar directamente” sobre las personas que participan en las manifestaciones públicas. 

Miguel Barrera también refiere el uso de globos o bolsas pequeñas con mecha que desprendían gas lacrimógeno y que también fueron arrojados desde la formación de los policías, así como las balas de gotcha, piedras, losas, cristales, palos, cabezas de martillos, cohetes conocidos como palomas y otros de mayor tamaño.

Al menos 300 mujeres, entre manifestantes y reporteras, fueron lesionadas y auxiliadas por la Brigada Marabunta. 

Barrera denunció que un policía lo golpeó con un tubo de hierro, ocasionándole una herida debajo del labio superior; Azul Cervantes, una de las voluntarias más jóvenes de la brigada, fue agredida con un tubo cuando documentaba el uso de químicos en los rostros de las manifestantes. Ella sufrió dos cortes alrededor del ojo derecho.  

Reportaje publicado el 14 de marzo en la edición 2315 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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