Crimen Organizado

El nuncio papal Franco Coppola: Ante la violencia, diálogo con los capos del crimen organizado

El nuncio apostólico Franco Coppola habla sobre la preocupación del Papa por la violencia en México; comenta que “a los criminales les gusta el silencio, que no se hable de sus acciones… Mi intención fue prender las luces y llamar la atención sobre el drama que se está viviendo” en el país.
sábado, 15 de mayo de 2021

Tras su visita a Aguililla –el pueblo michoacano que se disputan cárteles del narcotráfico y que vive literalmente aislado del resto del país–, el nuncio apostólico Franco Coppola habla con Proceso sobre la preocupación del Papa Francisco por la violencia que aqueja a México; comenta que “a los criminales les gusta el silencio, que no se hable de sus acciones… Mi intención fue prender las luces y llamar la atención sobre el drama que se está viviendo” en el país; y aboga por dialogar “necesariamente” con los capos del crimen organizado “por el bien de las personas que están bajo su poder”.

 

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- Para el nuncio apostólico en México, Franco Coppola, algunos territorios del país ya se convirtieron en “zonas de guerra” que se disputan los cárteles de la droga. Y es ahí donde la Iglesia Católica –señala metafóricamente– está obligada a levantar “hospitales de campaña” para atender a las víctimas.

“El Papa Francisco nos ha dicho que la Iglesia debe ser como un hospital de campaña en estas situaciones de sufrimiento. Y si no podemos sanar a las víctimas, porque eso compete a otros actores, por lo menos debemos estar presentes para reconfortarlas”, comenta el diplomático.

Enfundado en un traje oscuro, que contrasta con la blancura del alzacuello y el resplandor plateado de su cruz pectoral, Coppola agrega con su marcado acento italiano: “Para mí, visitar a las víctimas es como visitar a los enfermos. Aunque uno no sea médico y no los pueda sanar, visitar a los enfermos es de gran ayuda porque les mostramos nuestra solidaridad al hacerles compañía… Por esa razón visité Aguililla”.

Alude al recorrido por carretera que hizo el pasado 23 de abril en la comunidad de Aguililla, la peligrosa zona de la Tierra Caliente michoacana que se disputan los Cárteles Unidos y el Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Acompañado por el obispo de Apatzingán, Cristóbal Ascencio, y a bordo de una camioneta blanca en la que ondeaban banderolas del Vaticano en señal de paz, Coppola realizó el recorrido por una carretera bloqueada con enormes zanjas y bordeada por vehículos incinerados y baleados por los narcotraficantes.

Al llegar a Aguililla, el representante papal se reunió con víctimas de la violencia y ofició una misa en una escuela primaria. “La mafia florece donde el Estado no está… Lamentablemente, la violencia no es característica de Michoacán, es de todo México”, les dijo a los pobladores.

Los medios nacionales e internacionales calificaron el viaje como un acto temerario, ya que el obispo y el nuncio se metieron en la “cueva del lobo”, poniendo en riesgo sus vidas, algo que no se atrevió a hacer ni el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, quien había visitado Aguililla apenas 10 días antes… pero en helicóptero.

Satisfecho, comenta ahora Coppola: “A los criminales les gusta el silencio, que no se hable nada de sus acciones, que todo quede en lo oscuro. De manera que al viajar a Aguililla mi intención fue prender las luces y llamar la atención sobre el drama que ahí se está viviendo.

“Además, aunque sólo fue un día, los pobladores de Aguililla vieron su camino liberado y pudieron abastecerse. Vi camiones que transportaban mercancías y, claro, muchos vehículos quemados y con impactos de bala a lo largo del trayecto, pues aquello es una zona de guerra”.

Tras casi cinco años como embajador del Papa, quien lo nombró nuncio en México en julio de 2016, esta es la primer vez que Coppola visita una peligrosa zona de conflicto para reunirse con víctimas, pues anteriormente sólo se había dedicado a sus labores diplomáticas y a participar en actividades litúrgicas y pastorales.

Fragmento del reportaje publicado en la edición 2324 del semanario Proceso, cuya versión digital puedes adquirir aquí.

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