Colombia

El desacuerdo que fracturó a Colombia

Desde la firma de paz signada en 2016 por las milicias rebeldes de las FARC y el gobierno derechista colombiano, los asesinatos de líderes sociales y exguerrilleros no han parado. Sobre dicho fracaso informa el documental "Colombia fue nuestra".

Desde la firma de paz signada en 2016 por las milicias rebeldes de las FARC y el gobierno derechista colombiano, los asesinatos de líderes sociales y exguerrilleros no han parado. Sobre dicho fracaso y sus consecuencias letales para el campesinado –carne de cañón de los intereses del poder y los cárteles del narcotráfico–, informa el documental Colombia fue nuestra, rodado por la dupla cineasta finlandesa de Jenni Kivistö y Jussi Rastas en el corazón de la desesperanza y la violencia que hunden a ese país.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los documentalistas finlandeses Jenni Kivistö y Jussi Rastas se encontraban en Colombia cuando el gobierno de esa nación y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) firmaron a finales del 2016 un acuerdo de paz para poner fin a más de medio siglo de guerra.

Entonces existían expectativas de esperanza en el país sudamericano, las cuales empujaron a ambos realizadores escandinavos a crear un largometraje. En aquel tiempo pensaron que sería una cinta “bella, positiva y tranquila”, pero los sucesos cambiaron el contenido del documental, enfatizan por teléfono desde la capital finesa de Helsinki.

Notaron que crecían la incertidumbre, el miedo y la desconfianza entre los ciudadanos tras la decisión del partido de derecha Centro Democrático de destruir el pacto de paz firmado el 24 de noviembre del 2016.

Empezaron a rodar en 2017, dispuestos a no dejar de lado la polarización que surgió. Filmaron durante año y medio Colombia fue nuestra (Colombia in my Arms, 2020), el cual no estrena aún en los cines por la pandemia, si bien puede verse en las plataformas docs-enlinea.com (del Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México DOCSMX), Amazon Prime Video (www.primevideo.com), Apple TV (www.apple.com/es/tv), Vimeo (vimeo.com/es), Google Play (play.google.com/store) y Mowies (www.mowies.com/site).

La cinta ha obtenido varios reconocimientos, como los premios Dragón por Mejor Documental Nórdico 2020 en el 43 Göteborg Film Festival, Suecia, febrero 2020; Búho de Oro por Mejor Película en Largometraje del Balneário Camburiú International Film Festival Brasil, diciembre 2020; el galardón internacional 16 Festival Internacional de Cine de los Derechos Humanos de Sucre, Bolivia, agosto 2020, y la presea de la Federazione Italiana dei Circoli del Cinema en Human Rights Doc, noviembre 2020, entre otros. 

Jenni Kivistö (Tampere, 1985) y Jussi Rastas (Jyväskylä, 1980) expresan que no pretenden explicar ni efectuar propaganda de algún grupo o partido político, sino “ofrecer una mirada imparcial desde una propuesta estética y humana”. A decir de ellos, el documental (producido por las naciones nórdicas Finlandia, Dinamarca y Noruega con Francia) “es una reflexión bastante dura sobre la desigualdad y el poder”.

Y la califican de muy actual por los sucesos en la Colombia iracunda del presente.

Adiós a las armas

Kivistö resalta en buen castellano que, tras la firma de la paz, “lo que se empezó a ver no era pacífico, por lo cual quisimos ser objetivos y honestos, y presentar los hechos tal cuales”. 

Ella ha vivido y estudiado en Colombia. Ahora cursa su maestría en realización de documentales en la Universidad de Aalto, Finlandia. Y creó el largometraje documental Land Within (Tierra adentro, 2016) sobre los indígenas wayuu, quienes radican en el desierto de La Guajira, en el extremo norte entre Colombia y Venezuela, y no se consideran ciudadanos de ninguno de los dos países.

A su vez, Rastas estudió cinematografía en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC), en España. Él ha vivido en Colombia, Chile y Perú. Dirigió cortometrajes sobre racismo y discriminación y ha trabajado como realizador audiovisual para la Cruz Roja Internacional en zonas de conflicto y desastre en Ucrania y África.

Colombia fue nuestra ofrece testimonios de algunos guerrilleros de las FARC, por ejemplo:

Ernesto, quien sueña con un país mejor por el cual luchar, pero esta vez sin armas; María Fernanda Cabal, senadora del Centro Democrático, quien señala que el tratado de paz lo crea “un gobierno corrupto y las FARC narcotraficantes”; un aristócrata, descendiente de tres presidentes del siglo XIX, quien por esa razón señala que “Colombia fue nuestra”, criticando tanto a los guerrilleros como al gobierno de Juan Manuel Santos; y varios campesinos cocaleros y afrodescendientes que podrían salir de la pobreza… sólo si el acuerdo de paz es respetado.

Además, la película de 91 minutos muestra cómo las FARC (surgidas hacia 1964 para establecer “un Estado socialista”) dejan las armas y, en 2017, conforman el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) para participar en las elecciones presidenciales de 2018, comicios que ganó Iván Duque, del Centro Democrático.

En la cinta se resalta que aunque los guerrilleros dijeron adiós a las armas, varios de ellos fueron asesinados.

Al principio del filme, un joven guerrillero (quien no revela su nombre) limpia cuidadosamente su fusil de asalto Galil, incautado en combate al ejército, y narra ante la cámara:

“No ingresamos porque nos gusten los fusiles, nosotros ingresamos por el pueblo colombiano. Yo quiero mucho mi arma. La verdad es que me va a tocar cambiarla por el país. Creo que ahora mis armas van a ser las palabras que salgan de mi voz, mente y corazón. Tratar de convencer al pueblo colombiano de que nosotros podemos organizar una Colombia nueva”.

El también guerrillero Ernesto relata en la cinta:

“La guerra no la empezamos nosotros, la empezó el gobierno desde el momento en el que no da buena educación, en el momento en el que no da salud, en el momento en el que no da una vivienda digna, un buen sueldo… ¡Eso es guerra! …Mercedes Sosa (la cantante fallecida en 2009) dice que la guerra es un monstruo grande que pisa fuerte toda la inocencia de la gente (canción “Sólo le pido a Dios”, de León Gieco)”.

De Pasto a Bogotá

Kivistö y Rastas grabaron inicialmente por más de un mes en un campamento guerrillero en el municipio de Pasto, capital del departamento de Nariño, y luego en la capital del país, Bogotá. El segundo menciona que en ese momento no imaginaron que sería un proceso de trabajo de tres años. La realizadora complementa que siempre pensaron que sería una película polifónica y con más personajes, no sólo se enfocarían en las FARC, “y en el camino fuimos escogiendo a los protagonistas”.

Rastas amplía que era natural incluir a la congresista del partido opositor a los acuerdos de paz, “y el aristócrata fue una sorpresa, no lo conocíamos, nos llevó hasta la conquista española, que es el origen de la desigualdad, de la situación de hoy en día”. Entonces es una voz que, digamos, “le da unos 500 años al documental”.

La legisladora María Fernanda Cabal menciona en el largometraje:

“Tengo amigos asesinados por las FARC y tengo amigos secuestrados. El acuerdo de paz es un concierto para delinquir, detrás hay mucho dinero, yo creo que muchos del gobierno, del ejército y de la policía se beneficiaron, y del Congreso también.”

Enseguida, pasa una escena de televisión donde el ultraconservador Fernando Londoño Hoyos declara que el primer desafío del Centro Democrático “será el de volver trizas ese maldito papel que llaman el acuerdo final con las FARC”.

Por su parte, el aristócrata, cigarro en mano y frente a la chimenea de su gran hacienda, pronuncia para los cineastas:

“Creo que no hay salvación. Colombia está condenada. A la larga, incluso las FARC van a terminar en el capitalismo. El capitalismo es el peor monstruo. Creo que en eso Colombia está igual de mal que el resto de las sociedades occidentales. Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.”

Y emulando al compositor mexicano José Alfredo Jiménez: “¡La vida no vale nada!, ¡la vida no vale nada!”.

Esclavitud campesina

Un lanchero (a quien no se le ve el rostro) expresa con voz desencajada:

“Nosotros estamos más atrás que Cien años de soledad, de García Márquez. ¡Mucho más atrás!…”

En tanto, un campesino cocalero, con un costal pequeño sobre su hombro y caminando apresurado, exterioriza con seguridad:

“Nosotros somos nativos de por acá, y ya usted sabe cuál es la economía del sur de nuestro país que, infortunadamente, son los cultivos ilícitos. Pero de eso hemos vivido prácticamente casi toda la vida por acá, y ahí estamos todavía. Son los gobiernos que no han cumplido con sus cosas, por eso estamos en lo que estamos. Y tenemos que aprovechar la guerra para vivir de ella también. El desorden en nuestro país comienza por los grandes, no por los pequeños. Los gobernantes son los que tienen al país así. Nosotros no. Como dice el dicho: ‘Al son que nos toquen, bailamos’. Eso es... No nos dejan más opción.”

En otra escena pasan imágenes del campo a la vez que se escucha la voz en off del entonces presidente Juan Manuel Santos, ganador del Premio Nobel de la Paz 2016, por el pacto con las FARC:

“Es mucho más que un acuerdo para el silenciamiento de los fusiles. Éste es un acuerdo que nos permitirá llevar más desarrollo y más bienestar a los campesinos de Colombia, quienes fueron los que más sufrieron las consecuencias del conflicto. Es un acuerdo que hará más efectiva la lucha del Estado contra el narcotráfico y nos ayudará a sustituir miles de hectáreas de coca por cultivos legales de las manos de las comunidades.”

Un afrodescendiente, quien igual cultiva coca, platica:

“Hoy estamos más esclavos porque los esclavos de 400 años atrás tenían cadenas, pero por lo menos trabajo les daban. Poder encender la radio, tener energía y comprarle ropa, zapatos y también pagarle al Estado para que mi hijo pudiese estudiar, esa es la razón por la cual tuve que entrar al cultivo de la coca, y como yo entraron muchos campesinos, porque no tenían otra oportunidad.”

Kivistö y Rastas aseguran que no tuvieron problemas para registrar con su cámara esos momentos históricos y delicados de Colombia. Enseguida, ella precisa:

“La confianza de todas las personas nos sorprendió. Afortunadamente no tuvimos amenazas ni encontramos situaciones difíciles; pero la edición sí fue la parte más compleja porque grabamos como 300 horas. Tardamos otro año y medio en editar.”

Rastas secunda:

“Debíamos dar información, pero no demasiada para que no se volviera un reportaje.”

Se les comenta que varios especialistas en política han criticado que el actual gobierno no ha cumplido con el pacto de paz, ya que no se puso en marcha la reforma rural integral ni se garantizó la seguridad de los exguerrilleros… Es Rastas quien comienza:

“Lo que pasa es que los acuerdos fueron muy modificados. Es decir, al final no cumplieron con los puntos.”

Kivistö continúa:

“Por lo que he entendido, no se han mejorado las condiciones de las familias más pobres. Hay mucha frustración acumulada de muchas cosas. La situación actual, tras el uso de la fuerza y la violencia de la policía y los militares en las movilizaciones desde el pasado 28 de abril, es muy preocupante. Las movilizaciones civiles no surgieron únicamente por la reforma fiscal que quería imponer el presidente Iván Duque, sino porque nada ha mejorado.”

Recuerdan que desde la firma del convenio de paz no han parado los asesinatos de líderes sociales y exguerrilleros. Informan que durante la producción de Colombia fue nuestra fueron asesinados 412 defensores de derechos humanos colombianos, un cineasta de ese país y cuatro periodistas que trabajaban en áreas rurales.

Según el partido FARC, surgido de la desmovilización de la guerrilla y que desde enero de 2021 se llama Comunes, 243 exguerrilleros fueron asesinados entre noviembre de 2016 y noviembre de 2020.

A los cineastas europeos se les pregunta qué opinan de que la derecha colombiana haya ganado las elecciones en 2018 y que a los exguerrilleros se les abandone, como se muestra al final de Colombia fue nuestra. Kivistö cierra:

“Es curioso que en ese país latinoamericano nunca ha gobernado la izquierda. No es que sea lo ideal, sino que sería normal cambiar de poder de vez en cuando.”  

Reportaje publicado el 23 de mayo en la edición 2325 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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