Cultura

Teotihuacán bajo asedio

La antigua Teotihuacán suma también relatos de destrucción, uso y abuso comercial y turístico, crecimiento urbano y acecho de los llamados "desarrolladores inmobiliarios".
jueves, 10 de junio de 2021

Uno de los enormes problemas de la conservación del patrimonio arqueológico es que en ocasiones los vestigios se encuentran en propiedad privada. Es el caso del atentado al predio ubicado en Oztoyahualco, dentro del perímetro B de la llamada Ciudad de los Dioses, donde se pretendía edificar un parque de diversiones, como se alertó al INAH desde hace tres meses, de ahí la tardanza para asegurar el predio. El complejo procedimiento lo explica a detalle el coordinador nacional de Arqueología, Pedro Francisco Sánchez Nava, y las acciones encaminadas a detectar las afectaciones, debido a que el sitio fue intervenido con maquinaria pesada.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Además del lado bello de la historia que cuenta cómo los mexicas ya visitaban y rendían culto a los vestigios de lo que fue una inmensa y cosmopolita ciudad en su época (entre el año 200 y el 750 de nuestra era), la antigua Teotihuacán suma también relatos de destrucción, uso y abuso comercial y turístico, crecimiento urbano y acecho de los llamados “desarrolladores inmobiliarios”.

El último asalto de “la larga noche teotihuacana” (bautizada así por el reportero de Proceso, Roberto Ponce, cuando en el sexenio salinista quiso levantarse a la entrada de la magnífica urbe un centro comercial) es cuando en medio de la pandemia se iniciaron trabajos con maquinaria pesada en Oztoyahualco, ubicada en el perímetro B, para edificar un parque de diversiones.

En el ínterin, se atentó con la construcción de una Bodega Aurrerá de la cadena Walmart y se taladró en el gobierno de Peña Nieto la pirámide del Sol para montar el show de luz y sonido Resplandor Teotihuacano.

Ubicada en el Estado de México, la Zona Arqueológica de Teotihuacán fue la primera que se abrió a la visita en la historia del país. En 2019 recibió 2 millones 602 mil 643 personas, según datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Sin duda, es la joya de la corona. Fue ahí donde la leyenda situó a Quetzalcóatl transformado en hormiga para robar a los dioses el maíz que entregaría a los hombres.

Para el coordinador nacional de Arqueología del INAH, Pedro Francisco Sánchez Nava, es la zona arqueológica por antonomasia, dice en entrevista por teléfono para explicar el proceso seguido desde la detección de las obras irregulares, hasta el aseguramiento del predio por la Guardia Nacional (GN) y la Policía Ministerial Federal. La acción permitió al instituto ingresar por fin, elaborar el dictamen por daños al patrimonio nacional –que se integró a la carpeta de averiguación FED/FECOC/UEIDAPLE-MEX/0000051/2021, y su acumulada FED/MEX/TEX/0002008/2021 de la Fiscalía General de la República (FGR)– y detener los trabajos.

Un proceso que comenzó desde abril, cuando investigadores del propio instituto y pobladores de Teotihuacán alertaron sobre la destrucción y saqueo de monumentos, a través de sendas cartas dirigidas al presidente Andrés Manuel López Obrador y a los secretarios de Cultura y Turismo, Alejandra Frausto y Miguel Torruco, respectivamente, así como al gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, y al antropólogo Diego Prieto, director del INAH.

Luego el Consejo Internacional de Sitios y Monumentos (ICOMOS, por sus siglas en inglés) sección México, encabezado por el arquitecto Saúl Alcántara Onofre, hizo un llamado a las mismas autoridades para detener la destrucción y perseguir a quien o quienes resulten responsables. Precisó que los trabajos se llevan a cabo en las parcelas 19 y 23, en cada una de las cuales hay al menos 25 sitios arqueológicos.

Este texto es un adelanto del reportaje publicado en el número 2327 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 6 de junio de 2021.

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