Estado de México

Estado de México, el dedazo del crimen

La delincuencia organizada amedrentó comunidades completas, controló la propaganda, rellenó urnas y secuestró a funcionarios y representantes de casillas para inclinar la balanza en favor de “sus candidatos”.
miércoles, 23 de junio de 2021

Testimonios de personas vinculadas a los partidos, dirigencias y organizaciones políticas e integrantes de la alianza PRI-PAN-PRD, entre otros ciudadanos que participaron en los comicios del domingo 6, denuncian que lo acontecido representó los comicios más violentos del Estado de México, donde la delincuencia organizada amedrentó comunidades completas, controló la propaganda, rellenó urnas y secuestró a funcionarios y representantes de casillas para inclinar la balanza en favor de “sus candidatos”.

TEJUPILCO, Edomex (Proceso).- La mañana del miércoles 9 los habitantes de este municipio del sur del Estado de México explotaron en cuetes, bandas y calles abarrotadas ante la increíble noticia de que el candidato Rigoberto López Rivera, de la coalición Va por el Estado de México (PRI-PAN-PRD), había ganado las elecciones tras una voltereta inusitada de resultados, después de haber sido forzado a abandonar la contienda entre el 7 y el 21 de mayo.

Se trató de un triunfo que la mayoría de los tejupilquenses interpretó como una auténtica “revuelta ciudadana” contra el crimen organizado que controla esta región. Aunque las razones del triunfo pudieran ser otras…

La noche del domingo de las elecciones, después del cierre de casillas en Tejupilco, varios grupos de personas recorrieron algunas de las secciones más importantes donde se esperaba la votación más copiosa del Distrito 36 local, con cabecera en esta localidad; secuestraron a funcionarios de casilla y representantes de las mesas directivas, los concentraron en locales y los alimentaron. Mientras tanto, estos grupos tomaron el control de la votación.

Algunos funcionarios del Instituto Nacional Electoral (INE) recibieron un trato decoroso durante el rapto –tenían que firmar las actas–, pero otros simplemente fueron echados de los puestos de votación bajo amenazas.

“En esas dos horas se voltea la indicación de hacia dónde va el voto y eso permitió que el candidato de la coalición ganara la votación en ese municipio. Hubo un cambio de instrucción”, indicó un representante de partido, cuya identidad se reserva por cuestiones de seguridad.

Para el jueves 10, la victoria de Rigoberto López era definitiva, además de sorpresiva. Más tarde, el resultado fue confirmado por la junta municipal del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), con un triunfo incuestionable sobre el candidato de Morena, Antonhy Domínguez, cuya propaganda desde principios de mayo, a la par de la extraña desaparición de su contrincante, fue impuesta a los más de mil 100 taxistas que operan en esta región montañosa.

De acuerdo con testimonios, los grupos delictivos que controlan la zona les habían impuesto desde principios de mayo los pegotes, cachuchas, impresos y otros materiales propagandísticos, como moneda de tránsito de las hipervigiladas carreteras y caminos de esta región, donde los ranchos resguardan la operación de laboratorios de narcóticos que suministran drogas a las grandes zonas metropolitanas del centro del país, y donde se ha impuesto un control absoluto en casi todas las actividades comerciales, algo que popularmente es conocido como el “pago de aranceles”  y que cobra La Familia Michoacana.

Este texto es un adelanto del reportaje publicado en el número 2329 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 20 de junio de 2021.

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