Aguililla

La Iglesia, al rescate de Aguililla

Los habitantes de Aguililla ya no aguantan el aislamiento en que los tienen grupos del narco que se pelean el territorio. Lo que empezó como una oleada de violencia, ya se está convirtiendo en una crisis humanitaria. Por esta razón la de Apatzingán convocó a ayudar con alimentos a los que se quedan.
viernes, 30 de julio de 2021

Los habitantes del municipio michoacano ya no aguantan el aislamiento en que los mantienen los grupos de narcotraficantes que se pelean el territorio. Lo que empezó como una oleada de violencia, ya se está convirtiendo en una crisis humanitaria, sin que los gobiernos reaccionen. Por esta razón la diócesis de Apatzingán convocó a la gente para ayudar con alimentos a quienes se quedan, y con asesorías a los miles que emigran para pedir asilo en Estados Unidos.  

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- A causa del cerco que le imponen los cárteles de la droga, el municipio michoacano de Aguililla ya empieza a padecer una grave crisis humanitaria, la cual se refleja en una fuerte hambruna y en falta de medicamentos, por lo que miles de sus pobladores abandonan sus comunidades y piden asilo en Estados Unidos. 

Por lo pronto la diócesis de Apatzingán, a la que pertenece Aguililla, comienza a apoyar a la población mediante el envío de víveres y medicinas, utilizando incluso un “puente aéreo” con helicóptero para evitar a los grupos criminales que tienen tomado el principal acceso terrestre al municipio.

El sacerdote y luchador social Gregorio López Gerónimo, mejor conocido como el padre Goyo, quien coordina el envío de víveres desde el albergue El Buen Samaritano, de Apatzingán, comenta preocupado:

“La consigna de los grupos criminales es: ‘Aguililla debe morirse de hambre’. Y en efecto, ya sometieron a una gran hambruna a los pobladores del municipio. Ahí no llegan ni los apoyos ni los programas sociales gubernamentales. Mientras que el Ejército, concentrado en la 43 Zona Militar, no hace absolutamente nada. Hay un Estado fallido y una crisis humanitaria.”

–¿Y qué pasa con los enfermos graves?

–Pues simplemente se están muriendo en sus casas, sin asistencia médica. En Aguililla hay hambre, muerte y desolación.   

A principios de este mes, prosigue el padre Goyo, este albergue eclesiástico, apoyado por “una red de personas de buena voluntad”, comenzó a enviar víveres y medicinas a los desesperados pobladores de Aguililla abandonados a su suerte.

De nada sirvieron los encuentros del obispo de Apatzingán, Cristóbal Ascencio García, con distintos funcionarios federales a fin de que se resolviera el problema. Entre otros, se reunió con Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, y Félix Arturo Medina Padilla, titular de la Unidad de Políticas y Estrategias para la Construcción de la Paz con Entidades Federativas y Regiones. 

“El pueblo está siendo estrangulado; quiero ver acciones del gobierno federal”, ha insistido el obispo ante los medios.

Comenta el padre Goyo:

“Desde principios de julio hemos enviado en total 12 toneladas de víveres a los habitantes de Aguililla. Y como van las cosas, ésta será una crisis que va a prolongarse y puede extenderse a otros municipios, como el de Buenavista.”

Señala que la carretera que corre de Apatzingán a Aguililla, de unos 80 kilómetros, ha estado tomada por el Cártel Jalisco Nueva Generación y por los sicarios de Cárteles Unidos, los dos principales grupos criminales que se disputan la zona y no permiten el paso de mercancías por esa vía, hoy bloqueada con zanjas por los narcotraficantes.

Fragmento del reportaje publicado en la edición 2334 del semanario Proceso, cuya versión digital puedes adquirir aquí.

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