Medio Ambiente

Xochimilco, lodazal ecológico, fraude en suelo de conservación... y amenazas

La construcción del puente vehicular Periférico Sur-Cuemanco es una pequeña muestra de la devastación que padece Xochimilco.
viernes, 30 de julio de 2021

La construcción del puente vehicular Periférico Sur-Cuemanco es una pequeña muestra de la devastación que padece Xochimilco. A la celeridad por concluir la obra se suma el deterioro lacustre, los asentamientos irregulares en suelo de conservación, las descargas continuas de aguas negras al cauce, el despojo de las chinampas y el abandono de las tierras.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Debajo de unas palmeras, sobre Periférico Sur, en el lugar donde construyen el puente vehicular Periférico Sur-Cuemanco, hay un campamento abandonado: sábanas raídas que funcionan como cortinas de una habitación, un sillón de vinipiel, caguamas vacías, botellas rotas, ropa de niña extendida sobre algunas piedras y ramas, páginas de una revista pornográfica, una colcha repleta de húmedas manchas de todo tipo.

“Me parece preocupante que haya ropa y zapatos de niña”, dice la defensora medioambiental Claudia Zenteno frente a la escena, durante una expedición para documentar los avances de la obra que debió ser entregada en diciembre de 2020. Sin embargo continúa, a pesar de que en abril pasado el decimoquinto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito ordenó suspender las obras en la zona del humedal.

Zenteno camina sobre un sendero de bolsas de basura, ramas secas y llantas ponchadas, justo detrás del recién inaugurado Parque Ecológico de Xochimilco (PEX), por el cual el gobierno de la CDMX ha desembolsado 182 millones de pesos para su rescate.

“Esta es la parte invisible del PEX”, dice, mirando al suelo para evitar tropezarse. Oculta entre la maleza, una manguera azul bombea el agua de Periférico hacia el lago Huetzalin, justo donde el líquido se entuba para fluir por debajo del Periférico hacia Canal Nacional. 

Durante la inauguración del PEX, en marzo de 2020, integrantes de la Coordinación de Pueblos de Xochimilco colgaron una manta desde el puente vehicular en construcción: “La lucha sigue, el humedal no muere ni claudicará la resistencia de los pueblos de Xochimilco”. Ese día Zenteno fue golpeada y amedrentada por uno de los supervisores de la empresa Ditapsa, después de pintar en el asfalto la frase: “Yo protejo el humedal”. 

–¿Qué afectaciones tiene el puente? –se le pregunta a Zenteno 

–Están rellenando el humedal, desecando el flujo de la parte sur a norte. El deterioro es visible, por ejemplo, en la parte norte, en el mercado de plantas donde ya los dejaron sin agua. Sheinbaum dice que reconstruyó el PEX, pero más bien lo destruyó, privatizando ese foro abierto donde se van a hacer grandes fiestas.

La defensora enumera los problemas que aquejan la zona lacustre de Xochimilco.

“No sólo es la construcción del puente vehicular, es el problema del agua, las descargas continuas de los asentamientos irregulares, la sobreexplotación de los mantos acuíferos, el relleno del canal de la Noria, el cambio de uso de suelo, el impacto de las obras en la cercanía del suelo de conservación, el despojo de los propietarios, el abandono de las tierras y los productores, todo ello avalado por los gobiernos local y federal.”

Sobre Periférico decenas de trabajadores con chalecos fosforescentes levantan sobre el fango esa ballena de hormigón que pretende agilizar el tránsito. Trabajan a marchas forzadas, pues la pandemia postergó la entrega del proyecto, a cargo de la constructora Impulsora de Desarrollo Integral, S.A. de C.V., que cobró 679 millones 911 mil 87 pesos, según el contrato DGCOP-LPN-L-4-170-19.

Zenteno. Sobrevivir. Foto: Alejandro Saldívar

Navegar y sembrar en el drenaje

En los canales de Xochimilco la descarga de aguas negras y grises es cotidiana. En algunos lugares, el agua se asienta varios días, lo que provoca un hedor en las viviendas cercanas, como en el embarcadero de Caltongo. 

Un censo elaborado por el Instituto de Ingeniería de la UNAM en 2015 documentó al menos mil 374 puntos de descargas de aguas negras y grises en los 116 kilómetros de canales en Xochimilco. A la fecha, los desagües se han multiplicado.

El Censo de descargas de aguas negras y grises en los canales de Xochimilco advierte que los niveles de contaminación son tan elevados que las chinampas ya enfrentan un proceso de hundimiento y salinización irreversible. Los canales Telpampa, Acalate y Seminario son los más afectados.

“La calidad del agua y el lirio se han salido de control”, cuenta Víctor, de 36 años, quien renta una chinampa de 12 por 32 metros, donde siembra cilantro, zanahoria y manzanilla, que luego vende por pocos pesos en el mercado de Cuemanco. 

Las chinampas son imanes del lirio. En sus márgenes, cientos de chapulines saltan entre las hortalizas, brincan unos encima de otros, masivamente. Entre la caléndula y el hinojo las abejas se encargan de polinizar. Allí en el tlapacahual, Víctor germina semillas en chapines para luego trasplantar y cosechar libre de todo químico. Las hojas de las acelgas son tan grandes que asemejan pencas de maguey. El follaje de las zanahorias y los rábanos recrea un paisaje idílico cargado de fertilidad. 

Encima de una trajinera, Víctor carga un triciclo con plantas. “No veo un beneficio en el puente, realmente hay una competencia desleal con las chinampas. El rescate no es real porque se abandona a los productores, aquí necesitamos plásticos, mallas y fertilizantes orgánicos que no dañen el entorno”, expresa.

Marco Polo, de 42 años, otro chinampero experimentado, explica cómo ha sorteado la contaminación: “Estudiamos la tierra y el agua. Abrimos nuevas zanjas que no se conecten con el canal contaminado y ponemos biofiltros hechos de lirio, y al mismo tiempo creamos refugios para los ajolotes”.

En ambos lados de los canales se amontonan algunos ahuejotes en suaves pendientes que aún contienen la tierra. Las garzas huyen ante el paso de las embarcaciones y los perros ladran desde las chinampas.

“En el 2000 todavía se alcanzaban a ver los peces. El nivel del agua era superior, pero los eucaliptos se chuparon el agua y el muérdago está acabando con el ecosistema. Llegaron a hacer una compuerta para rellenar, porque las canoas ya se arrastraban en el lodo”, cuenta Zenteno.

Para la defensora, el humedal es como un brazo del cuerpo con un torniquete. “Tapan las arterias del lago con relleno en el cauce, como en el Canal de la Noria y Muyuguarda, donde ya no pasa el agua”, asegura mientras navega sobre un fango verdoso que se adhiere a los remos de bambú.

–¿Cuál es la situación de los chinamperos?

–No se les consultó nada, son invisibles y los verdaderos productores apenas sobreviven.

Un mundo al revés. Foto: Alejandro Saldívar

Asentamientos irregulares

En el camino a la ciénega se desparraman casas con techos de lámina y estructuras precarias en el cauce del fango. En una de ellas, una malla para losa hace las veces de tendedero, pared y corral para las gallinas. Calles adentro se erigen viviendas de concreto de hasta tres pisos. Casas con varillas pelonas en obra negra, con riesgos estructurales evidentes. Blocs apilados, montones de escombros y fierros oxidados entre el lodo. Viviendas con sellos de clausura, pero con moradores en su interior. 

Entre los canales se escucha el ladrido de los perros, el cacarear de los gallos y el canto de las aves a la distancia. Un gallo sin cresta deambula por una de las callejuelas afuera de una morada con las puertas y ventanas tapiadas con madera.

En la esquina de la calle Jacarandas y Prado, una manta sostenida entre dos postes de luz advierte: “Vender o construir en suelo de conservación es un delito”. Sobre el canal cruzan algunos diablitos que proveen de energía eléctrica a los domicilios en el asentamiento. La advertencia no inhibe la expansión de las viviendas en suelo de conservación.

“Todos los días documento cómo siguen construyendo, no hay día que no se generen cambios. Destruyen el humedal con pedazos de cemento y varilla”, cuenta Zenteno.

–¿Cuál es la situación con los asentamientos?

–En el Área Natural Protegida no se puede construir, no se puede vivir y es zona agrícola; sin embargo, la normatividad no se aplica, la Secretaría de Medio Ambiente sólo simula, la jefa de Gobierno promueve un ecocidio al modificar la normatividad; de hecho, en su consulta acepta que permanezcan los asentamientos irregulares. 

Claudia Zenteno ha seguido la pista de quienes se detentan como dueños de Xochimilco. En sus pesquisas independientes ha logrado documentar un entramado que involucra a diversos actores, entre ellos, funcionarios de la alcaldía Xochimilco e integrantes de la familia Rodríguez Pantoja.

Algunos integrantes de esta familia fueron consignados por invasión y agresión tras un desalojo en octubre de 2002, derivado de una supuesta pugna política en la comunidad de Santa María Amalacachico, donde actualmente atienden un comedor comunitario. 

“Hay cotos políticos que promueven la destrucción de esta Área Natural Protegida”, explica la defensora acerca de las viviendas que algunas familias reciben a cambio de votos. “La familia Rodríguez Pantoja es intocable porque tiene un coto de poder con el PRD y Morena, incluso estuvieron recluidos por despojar de los terrenos mediante procesos legales civiles. Venden predios que no son de ellos y cometen un delito ambiental porque promueven el cambio de uso de suelo. Son unos mafiosos protegidos y tolerados por la autoridad, porque muchos de ellos viven dentro de la zona lacustre”, enfatiza la defensora. 

“No son legítimos chinamperos, sino una familia de defraudadores, su abuelo nunca les cedió el derecho y han generado un fraude con unos documentos de su tío, asunto archivado en el Juzgado 53 con la causa penal 88/2006. Actualmente siguen un proceso por delito ambiental en el Juzgado 64 con la causa 585/19”, detalla.

En los límites de la colonia Barrio 18, los habitantes de los asentamientos irregulares han colocado bombas de agua atadas con cadenas a los árboles, con decenas de mangueras conectadas a una improvisada red de agua potable que cruza un canal de agua hedionda. 

Un entorno lacustre agredido. Foto: Alejandro Saldívar

“No somos nadie para seguir depredando”

Claudia Zenteno asumió la defensa del humedal desde 1997, cuando se percató del cambio de uso de suelo en la zona chinampera. “Es grave lo que sucede, hay que levantar la voz, el destino nos alcanzó y no se vale que los canales terminen desecados”, expresa. 

Inspirada por la lucha de la ambientalista hondureña Berta Cáceres, asesinada en 2016 por oponerse a la construcción de una represa en el río Gualcarque, en Honduras, Zenteno es enfática en sus ideales: “Berta no murió, nos sembró”. 

A raíz de sus denuncias, Zenteno ha padecido un acoso sistemático: amenazas veladas en llamadas a mitad de la noche, robo a casa habitación, animales muertos frente a su domicilio, accidentes repentinos y el secuestro de su hijo. “En noviembre de 2010 se llevaron a mi hijo por nueve días, lo sometieron a tortura, electrocutándolo”, cuenta.

–¿Por qué seguir con la defensa de Xochimilco?

–La madre tierra me tiene aquí por algo. Cuando se llevaron a mi hijo, desde ese momento busqué el porqué. He encontrado el vínculo entre los actores, en este ajedrez donde antes eran alfiles, peones, caballos o torres, hoy son reinas y reyes. Actualmente Nancy Rodríguez Pantoja sigue vendiendo el suelo de conservación en la zona chinampera. Mi meta es seguir cacaraqueando, hacer que se cumpla la norma y la ley, no somos nadie para seguir depredando. 

Apenas el martes 13, la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México condenó el hostigamiento por parte de trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad, cuando le retiraron un par de reflectores afuera de su domicilio, y las agresiones del personal de la empresa Ditapsa contra la activista.  

Reportaje publicado en el número 2334 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 25 de julio de 2021.

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