Pantelhó

Marcelo Pérez, mediador en Pantelhó: "La paz es más grande que la muerte"

El sacerdote indígena Marcelo Pérez Pérez lleva años inmerso en los problemas que aquejan a los habitantes de Pantelhó y sus alrededores. Hoy es el mediador de la Iglesia católica para atajar la violencia en ese entorno donde por primera vez en la historia de Chiapas surgió un grupo de autodefensas.
domingo, 29 de agosto de 2021

El sacerdote indígena Marcelo Pérez Pérez lleva años inmerso en los problemas que aquejan a los habitantes de Pantelhó y sus alrededores. Hoy es el mediador de la Iglesia católica para atajar la violencia en ese entorno donde por primera vez en la historia de Chiapas surgió un grupo de autodefensas –El Machete– para enfrentar al crimen organizado. “Soy pacifista”, dice a Proceso. “Busco la paz para el pueblo. Y la paz es más grande que la muerte”.

ROMA. (Proceso).– En Pantelhó, la localidad chiapaneca donde en julio pasado surgió el grupo de autodefensas El Machete para enfrentar la violencia, la ejecución del fiscal Gregorio Pérez Gómez el martes 10 mantiene en vilo a los lugareños, dice el sacerdote indígena Marcelo Pérez Pérez, jefe mediador por parte de la Iglesia católica en el conflicto.

“Ese homicidio deja ver que el crimen organizado sigue operando. El fiscal tenía muchos datos sobre cómo está la situación, porque llevaba el caso de Pantelhó”, comenta el prelado a Proceso en entrevista telefónica. Y añade: “Hay mucha preocupación por la vida del presidente y de los miembros del nuevo Concejo Municipal designados por la comunidad de Pantelhó (mediante su sistema de usos y costumbres).”

La gente piensa: si los sicarios presuntamente ligados al narcotráfico mataron al fiscal, “van a seguir matando porque estamos luchando contra el crimen organizado; y el crimen organizado no se deja vencer fácilmente”, explica Pérez.

Advierte que aun cuando a muchos pobladores les preocupa su vida, el homicidio de Gregorio Pérez no los va a detener, cuenta Pérez Pérez, oriundo de San Andrés Larráinzar. Ordenado en 2002, hoy participa en las mesas de diálogo con las autoridades para buscar solución al añejo conflicto en la zona.

“Sé que puedo perder mi vida, pero también que uno de los enemigos de la paz es el miedo. Cuando nos domina el miedo, nos paralizamos. Yo trato de tomar algunas medidas, pero todo no se puede”, comenta el también coordinador de la pastoral en la diócesis de San Cristóbal, que desde hace tiempo fue amenazado por el Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Como miembro de la Iglesia católica dice no justificar la violencia, pero admite que entiende el hartazgo al que llegó la población de Pantelhó, donde en un solo día de mayo fueron asesinadas seis personas: “En muchos municipios la puerta de entrada han sido los partidos. Hay candidatos cuyas campañas son financiadas por el crimen organizado, y entonces ahí hay una puerta fácil y grande.

“Hubo momentos en los que la indignación se salió de control, y algunos civiles catearon violentamente algunas casas, algunas de inocentes; otras las quemaron… Eso no estuvo directamente relacionado con las autodefensas”, explica.

Ocho años de violencia

–¿Qué está pasando en Pantelhó? ¿Cómo se llegó a tanto? –se le pregunta a Pérez Pérez.

–La población dice que el crimen organizado entró en Pantelhó hace ocho años. Algunos partidos políticos han sido su puerta de entrada; como ha ocurrido en muchos municipios de Chiapas. Esto ahora es muy notorio en Pantelhó por el surgimiento de las autodefensas. Ahí, el crimen organizado fue entrando en el ayuntamiento y éste quedó como parte del crimen organizado.

“Nadie podía hablar, nadie podía protestar, nadie podía demandar. Si alguien se ponía en contra del ayuntamiento o hablaba de los asesinatos, al día siguiente lo mataban. Y cuando alguno se atrevía a denunciar no era atendido por el Ministerio Público. Hay una persona, que es ahora miembro del Machete, a quien le secuestraron a la hija. Cuando fue a la fiscalía le pidieron 50 mil pesos para proceder.

–Cuando habla de crimen organizado, ¿a quiénes se refiere?

–La población los identifica con Daily Gutiérrez Herrera, hijo de Austreberto Herrera (el presunto creador del grupo criminal que controlaba el municipio de Pantelhó). Lo que no sabemos es si (sus integrantes) están ligados a algún cártel a nivel nacional, como el de Jalisco Nueva Generación. Eso no lo sabemos.

–¿Por qué esta reacción ahora? ¿Antes no se cometían delitos?

–Sí ocurrían, pero en menor grado. En los últimos ocho años ha habido más de 200 asesinados. Eso es lo que el pueblo ya no aguanta. En mayo, en un solo día, hubo seis ejecuciones, y hablamos de un municipio que no es grande. Y luego vino la muerte del activista Simón Pedro Pérez López, el expresidente de las Abejas de Acteal que practicaba la no violencia. Es un “Basta ya”.

–¿Cuáles han sido las principales causas de los conflictos?

–Son distintos los factores que llevaron a los sicarios a asesinar, como presentar una denuncia contra ellos, desobedecer alguna orden del crimen organizado, o bien, cuando le pidieron a un señor el “derecho de piso” de 4 mil pesos, y fue asesinado por negarse.

–¿Conoce usted a los integrantes del Machete? ¿Sabe quiénes son?

–Algunos son víctimas de la violencia, a algunos les han matado al papá o secuestrado a la hija. Son indígenas, gente muy sencilla, pobre. He hablado con ellos; me escuchan. Lo relevante en Pantelhó es que por primera vez en la historia de Chiapas surgieron las autodefensas.

“Claro que en otros momentos han surgido otros grupos, como en 1994 el EZLN, pero este no era un grupo de autodefensas contra el crimen organizado. El objetivo de las autodefensas es combatir a los sicarios.”

–¿Entonces los integrantes de estas autodefensas no tienen relación alguna con los zapatistas?

–No, yo veo que no. Están muy focalizados, su perímetro es Pantelhó. En cambio, el EZLN es otro nivel, más nacional.

–¿Sabe cuánto tiempo planean seguir en la lucha armada?

–No me lo han dicho. Lo cierto es que el peligro del crimen organizado continúa. Quizá no están todos en Pantelhó, y también es cierto que se llevaron a cabo dos mesas de diálogo con el gobierno federal y estatal donde el grupo presentó seis demandas, entre las cuales también figuraba la petición de nombrar a sus autoridades por usos y costumbres. Así, paralelamente, las comunidades han nombrado un nuevo Concejo Municipal, y nos presentamos ante las autoridades en Tuxtla Gutiérrez.

–¿Usted estaba con ellos?

–Sí, los he estado acompañando muy de cerca.

–Entiendo que es un interlocutor reconocido tanto para las autodefensas como por parte de los líderes políticos de las comunidades. ¿Se puede mover libremente?

–Sí, así es. También me reúno con las autoridades, y con el grupo de 20 delegados que están buscando una solución política y pacífica para Pantelhó, de los cuales 10 son agentes municipales, cuatro comisionados ejidales, tres pastores evangélicos y tres laicos de la Iglesia Católica. El nuevo Concejo Municipal es fruto de este diálogo.

El facilitador

–¿Cuál es la posición oficial de su diócesis ante este conflicto.

–La diócesis de San Cristóbal nombró una comisión de mediación para la solución del conflicto en Pantelhó. Yo ya estaba acompañándolos, pero al exponerle al obispo de San Cristóbal, él decidió que se nombrara una comisión, de la cual yo soy el responsable. Somos siete sacerdotes y tres religiosas, y hemos estado en las dos mesas de diálogo el martes 3 de agosto y el viernes 6.

–¿Entonces el obispo de San Cristóbal, Rodrigo Aguilar, lo apoya? ¿Y la Conferencia Episcopal Mexicana?

–Totalmente. Tengo un total apoyo del obispo de San Cristóbal. Y la Conferencia Episcopal no se ha pronunciado, pero el hecho de que no se pronuncie en contra es ya un apoyo.

–¿Y usted? ¿Apoya la creación de las autodefensas?

–Nosotros como Iglesia nunca alentamos la lucha armada, sino la lucha por medios pacíficos. Pero entiendo que llega el momento en el que el pueblo dice que ya no aguanta.

–¿En qué consiste su tarea de mediación?

–Agradezco a Dios tener la posibilidad de tener interlocución con las autodefensas, con las comunidades, con el gobierno federal y estatal, y que también me apoya mi obispo y compañeros sacerdotes que se han sumado a esta mediación. Los acompaño, dialogo, paso tiempo con ellos para atender cada petición. Lo que me preocupa es que hayan matado el fiscal que estaba llevando el caso de Pantelhó.

–¿Usted no tiene escolta?

–No. Por tres razones: la primera es que soy pacifista y entiendo que una escolta está facultada para matar al que me agrede, y eso va en contra de mis principios. La segunda es que no busco una seguridad personal, lo que busco es la paz para el pueblo. Y la paz es más grande que la muerte, que las amenazas y que mi vida. Y lo otro es que no confiamos en la policía estatal.

–¿Ha informado al Vaticano o directamente al Papa?

–No. Trato de acompañar, pero no soy un obispo. No tengo una personalidad alta, no tengo una licenciatura ni un doctorado. Hay otros sacerdotes que son reconocidos como teólogos.

–¿Quisiera un pronunciamiento de alguna alta autoridad de la Iglesia sobre este tema?

–Sería fabuloso que hubiera un pronunciamiento de la Conferencia Episcopal o del nuncio apostólico (Franco Coppola), así como pasó con Aguililla (en Michoacán, desde donde el diplomático vaticano advirtió que las mafias florecen donde el Estado no está). Sería importante para el pueblo; ayudaría mucho. Eso sería fabuloso, excelente, fortalecería mucho a los hermanos; ese mensaje no llegaría sólo a Pantelhó, sino a todo Chiapas. No hay que olvidar que estamos hablando de la Iglesia del Papa que ha ido a Irak.

–¿Alguna organización extranjera les ayuda?

–Tenemos acompañamiento de SweFOR, el movimiento sueco por la reconciliación. Ayudan a defensores de derechos humanos que son amenazados, y cuyas vidas están en peligro. Ellos, cuando me acompañan físicamente, informan al gobierno y a las embajadas, sobre todo a la de Suecia o a la de la Unión Europea.

Reportaje publicado el 22 de agosto en la edición 2338 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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