Afganistán

Gobierno talibán, otro desafío a Estados Unidos

Gran parte de los integrantes del gobierno interino de Afganistán tienen estrechos lazos con Al-Qaeda. Cuatro ministros son altos dirigentes talibanes que pasaron 12 años encarcelados en Guantánamo y casi todos combatieron contra las ocupaciones soviética y estadunidense.
sábado, 18 de septiembre de 2021

PARÍS (Proceso).– Todo parece muy bien orquestado.

El día en que Estados Unidos conmemorará el vigésimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el flamante gobierno interino del Emirato Islámico de Afganistán iniciará su primera sesión.

Más simbólico aun: gran parte de sus integrantes tienen estrechos lazos con Al-Qaeda. Cuatro ministros son altos dirigentes talibanes que pasaron 12 años encarcelados en Guantánamo y casi todos combatieron armas en mano, primero contra la ocupación soviética y luego contra la estadunidense.

Para nadie es una sorpresa que el líder supremo del país sea el mulá (conocedor profundo de la ley islámica y del Corán) Haibatulá Ajundzada. Emir de los talibanes desde 2016, erudito religioso y jefe del Poder Judicial durante el primer gobierno talibán (1996-2001), es el referente islámico por excelencia. Ayman al Zawahiri, líder de Al-Qaeda, le juró lealtad y hasta la fecha ese compromiso se mantiene intacto.

Es el mulá Mohammad Hassan Akhund quien se desempeña como primer ministro provisional. Pocos esperaban verlo ocupar ese puesto. Es un “duro” –en 2009 el Pentágono lo consideraba el comandante más “eficaz de la insurrección talibán”– y es un fiel aliado de Al-Qaeda.

Íntimo del mulá Omar –carismático fundador de los talibanes muerto de enfermedad en 2013–, Akhund fue ministro de Relaciones Exteriores del primer gobierno del Emirato Islámico de Afganistán y resistió todas las presiones de Washington, que exigía la entrega de Bin Laden después del atentado contra la embajada de Estados Unidos en Nairobi, en 1998.

Como enfatizan los expertos del Long War Journal, website estadunidense especializado en temas de contraterrorismo, también se mostró inflexible con emisarios de la ONU, limitándose a contestarles incansablemente: “Nunca abandonaremos a Osama Bin-Laden”.

Sirajuddin Haqqani está encargado del Ministerio del Interior, un puesto clave para ese miembro del clan Haqqani, una rama pakistano-afgana muy radical y de mucho peso en el movimiento talibán, que mantiene estrechos contactos con el servicio secreto pakistano.

Numerosos expertos, incluyendo los de Long War Journal, consideran que Haqqani es un “hombre de Al-Qaeda”. En 2014 el gobierno estadunidense lo calificó de “terrorista mundial de alta peligrosidad” y ofreció 10 millones de dólares para toda información susceptible de facilitar su captura.

Otro ministerio de suma importancia confiado a un aliado incondicional de Al-Qaeda es el de Defensa, que encabeza el mulá Yaqoub, hijo del Mulá Omar.

Cuatro de los cinco dirigentes talibanes que permanecieron 12 años en Guantánamo asumen altas responsabilidades gubernamentales. Abdul Haq Wasiq tiene bajo su dirección los servicios de inteligencia del Emirato Islámico. Según los servicios secretos militares estadunidenses, Wasiq lleva más de 25 años colaborando estrechamente con Al-Qaeda, al igual que Mohammad Fazl, que ahora es viceministro interino de Defensa. En cuanto a Khairullah Khairkhwa y Noorullah Noori, asumen respectivamente los cargos de ministro de la Cultura y la Información y el de las Fronteras y de los Asuntos Tribales.

El quinto expreso de Guantánamo, Mohammad Nabi Omari, se quedó sin cartera ministerial pero todo parece indicar que será gobernador de la importante provincia de Khost, en el sureste.

Cabe recordar que el clan Haqqani negoció con Washington la liberación de esos cinco talibanes a cambio de la de un soldado estadunidense desertor que mantuvieron secuestrado cinco años.

Apenas liberados, los cinco se instalaron en Doha en 2018 y participaron en las negociaciones con Estados Unidos que desembocaron en la retirada de todas las fuerzas militares estadunidenses e internacionales de Afganistán. Quien encabezaba la delegación talibán era el mulá Abdul Gahni Baradar, cofundador del movimiento y que muchos expertos presentaban como el próximo primer ministro del país.

Baradar tiene que contentarse con el puesto de viceprimer ministro. Aparentemente sus correligionarios lo consideran demasiado “moderado”.

Desde la caída de Kabul en manos de los talibanes, Baradar abogó por una cierta apertura política. Insistió para incluir en el gobierno al expresidente Hamid Karzai. En vano. Propuso dialogar con los insurrectos de Panshir, amplia región montañosa oriental de Afganistán, que resistió con la misma obstinación a soviéticos, talibanes y estadunidenses. En vano también.

Hoy la bandera talibán ondea en todo Panshir y los herederos del comandante Massoud, héroe de la resistencia antisoviética asesinado por Al-Qaeda en víspera de los atentados del 11 de septiembre de 2001, se replegaron en las montañas.

El pasado 7 de septiembre, Zabihullah Mujahid, vocero de los talibanes, recalcó en rueda de prensa que faltaba todavía elegir a otros ministros interinos.

No precisó cuándo se iban a dar a conocer estos nuevos nombramientos ni si se podía esperar un gobierno más “incluyente”.  

Reportaje publicado el 12 de septiembre en la edición 2341 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

Comentarios