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La muerte de Rodolfo Rivera: un retrato de la indolencia de la 4T

El miércoles 15 murió en Caracas el periodista mexicano Rodolfo Rivera Vázquez, quien pasó los últimos años de su vida solicitando al gobierno de AMLO una solución a su despido injustificado de la agencia Notimex, para la cual trabajó durante 19 años como corresponsal en Venezuela.
miércoles, 22 de septiembre de 2021

Trabajó 19 años como corresponsal de Notimex, de donde fue despedido hace poco más de dos años. Por más apoyo que solicitó al gobierno de la 4T, ni él ni su esposa fueron oídos. Se llamaba Rodolfo Rivera. Murió el miércoles 15 completamente solo, desahuciado, sin ningún recurso. Hoy su cuerpo yace en Caracas, Venezuela, donde ejerció su profesión.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El miércoles 15 murió en Caracas el periodista mexicano Rodolfo Rivera Vázquez, quien pasó los últimos años de su vida solicitando al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador una solución a su despido injustificado de la agencia Notimex, para la cual trabajó durante 19 años como corresponsal en Venezuela.

Rivera murió a los 78 años en un estado de vulnerabilidad absoluta, sin ingresos desde enero de 2019, enfermo de parkinson, viudo desde hace cinco meses, sin familia en ese país, infectado de covid-19, rechazado en un centro de salud en Caracas desbordado por la pandemia, y atendido tardíamente en un hospital al que ingresó el lunes 13 con fallas renales y hepáticas irreversibles.

El periodista había sido despedido de Notimex hace dos años y ocho meses sin causa justificada, junto con otros 19 corresponsales en el extranjero. Esto ocurrió un mes después del inicio del gobierno de López Obrador y en los albores de la gestión de Sanjuana Martínez como directora de esa agencia.

En junio del año pasado, el periodista publicó un texto en este semanario titulado Los días contados, en el que llamaba al gobierno de López Obrador a solucionar el conflicto laboral en Notimex, que no sólo involucra a los corresponsales, sino a más de 100 trabajadores sindicalizados despedidos.

“Convencido de que la justicia laboral nos dará la razón –escribió–, mi insistencia en un diálogo y en la búsqueda de una solución negociada, es porque es lo mejor para las partes y porque, en lo personal, no me alcanza la vida para esperar al ­desenlace de un litigio que puede durar muchos años.

“En 2011 comencé a sentir temblores súbitos en las extremidades y a perder el equilibrio. Un año después me diagnosticaron parkinson. Cada día tengo menos movimiento, soy incapaz de realizar en forma autónoma actividades básicas” (Proceso 2275).

Peticiones desdeñadas

La esposa de Rodolfo Rivera, Noemí Orta, una pedagoga venezolana, falleció en abril pasado tras sufrir un accidente cerebro-vascular. Ella había sido sometida a varias cirugías para implantarle tres bypass y un stent.

Amigos de la pareja comentaron que luego del despido de Rodolfo Rivera de Notimex, tanto él como ella debieron dejar de tomar varios medicamentos prescritos por sus médicos para tratar sus enfermedades.

Para la periodista y dirigente gremial Judith Calderón, el caso de Rivera es un símbolo “de la indolencia del gobierno de López Obrador con los corresponsales de Notimex y con los trabajadores sindicalizados de la agencia despedidos arbitrariamente por Sanjuana Martínez”.

Señala que el presidente nunca entendió la importancia estratégica de Notimex como agencia del Estado mexicano y de sus periodistas en el extranjero, que generaban una visión diferenciada y, desde una perspectiva latinoamericana, de los sucesos internacionales.

“Tampoco entiende la labor periodística, a juzgar por sus ataques a los periodistas y medios críticos con su gobierno”, asegura y dice que es “inexplicable” que López Obrador y los responsables de su área de Comunicación “no hayan hecho nada para dar una solución en el marco de la ley al conflicto laboral en Notimex.

En el escrito testimonial publicado en este semanario, el periodista exponía así su situación: “Uno no espera que una empresa estatal en la que ha laborado tantos años, bajo diferentes gobiernos y distintas directivas, lo despida de un día para otro” y “uno menos espera que ello ocurra cuando llega al poder un político como López Obrador, que ha enarbolado las banderas de la rectitud, el apego a la legalidad y la justicia social”.

En enero pasado, la esposa de Rodolfo Rivera, Noemí Orta, le escribió al coordinador general de Comunicación Social de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, para recordarle el caso de su esposo y solicitar su intervención. Este le respondió: “Con gusto veo su caso. No se preocupe”. No pasó nada.

Tras la muerte de su esposa, Rivera le volvió escribir a Ramírez Cuevas, a quien puso al tanto del fallecimiento y le expresó: “Le pido de manera atenta y respetuosa que intente hacer lo que esté a su alcance para que mi problema pueda tener una solución humanitaria. Mi intención es irme a vivir a México, donde tengo hijos y familia”.

A Rodolfo Rivera no le alcanzó la vida. 

Texto publicado en el número 2342 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 19 de septiembre de 2021.

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