Guerra en Ucrania

Huir de la muerte

Ucrania es ahora el país atacado por Rusia. Ambos países guardan una tradición e identidad cultural desde el siglo XVII, cuando Ucrania, hostigada por los católicos lituano-polacos y por los turcos musulmanes, vio conveniente anexarse al imperio ruso, gobernado entonces por zares.
domingo, 10 de abril de 2022 · 12:35

“Los que vivís seguros

En vuestras casas caldeadas

Los que os encontráis, al volver por la tarde, 8

La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si es un hombre

Quien trabaja en el fango

Quien no conoce la paz

Quien lucha por la mitad de un panecillo

Quien muere por un sí o por un no…”

Primo Levi, Si esto es un hombre, fragmento

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Huir llevando contigo básicamente tu vida; la tuya y muchas veces la de tu hijo, la de tu hija. Huir tratando de poner a salvo, lejos de la muerte, a tus seres amados y por supuesto tu propia vida… Dejar la casa, el auto, la computadora, el collar, el abrigo… ya nada importa porque todo ello podría ser destrozado en cuestión de segundos por una bomba o por un misil.

La población civil no tiene ni armas ni experiencia en usarlas, sólo tiene su vida, la cual trata de salvar cuando huye de las conflagraciones y busca un refugio, un lugar para ponerse a salvo.

Tristemente la historia de hombres y mujeres en busca de refugio se ha repetido en muchas guerras, guerras internas, revoluciones, golpes de Estado, guerras internacionales, que provocan a los ciudadanos la necesidad de huir en busca de la protección de otra sociedad, de otro Estado, de otra nación.

Ucrania es ahora el país atacado por Rusia. Ambos países guardan una tradición e identidad cultural desde el siglo XVII, cuando Ucrania, hostigada por los católicos lituano-polacos y por los turcos musulmanes, vio conveniente anexarse al imperio ruso, gobernado entonces por zares. Tras el triunfo de la Revolución Bolchevique, al consolidarse la URSS, fue Ucrania uno de los países integrantes de la Unión Soviética. En ese tiempo se le anexó a su territorio la Galitzia polaca; también se integraron a su territorio Zakarpattia y Bucovina durante y después de la Segunda Guerra Mundial. En 1954 se cedió a Ucrania la península de Crimea.

Muchas regiones, muchas identidades nacionales, muchos recursos naturales, cultivo de trigo, minerales, bosques que significaron un gran aliciente económico para la Unión Soviética; tras la caída de la URSS, la Federación Rusa continuó teniendo un dominio sobre esas regiones en las cuales extendió un dominio imperial. Con los intentos de Ucrania de marcar su independencia, de hacerse miembro de la Unión Europea, se encendieron los ánimos del “imperio ruso” y devino la invasión a Ucrania.

Hasta el 2 de marzo, a una semana del inicio de los ataques rusos sobre Ucrania, se hablaba de la salida de más de 1 millón de personas de ese país. De ellos, se estima que medio millón son niños. Se calcula que en las próximas semanas, 4 millones de personas podrían huir hacia otros países.

De acuerdo con la información de ACNUR, ese millón de personas que salieron en una semana equivale a más de 2% de la población de Ucrania, que el Banco Mundial estimó en 44 millones de personas a finales de 2020. Filippo Grandi, alto comisionado para los Refugiados, señaló la velocidad de este éxodo, anotando: “Y a menos que haya un final inmediato del conflicto, es probable que millones más se vean obligados a huir de Ucrania”.

Hasta ahora los países receptores son: Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumania. En este proceso, organizaciones internacionales, como Cruz Roja Internacional, UNICEF, Oxfam, Cadena internacional, entre otras, prestan ayuda a los refugiados para su paso y búsqueda de un lugar para habitar. El trabajo de las organizaciones es insuficiente y la ciudadanía de esos países ha salido a ofrecer una habitación en su casa, alimentos, atención médica, lugares de vivienda (casas de campaña), colchones, abrigo, medicamentos, agua purificada, así como espacios educativos para los niños y apoyo psicológico. Se han formado grupos en las redes sociales integrados por personas dispuestas a ofrecer una habitación en casa, el traslado en su automóvil, comida para ofrecer a aquellos recién llegados, la habilitación de espacios para dormir y para permanecer en las terminales de metro que sirven como refugio.

Ante la dimensión del problema sigue haciendo falta que más países abran sus puertas y brinden apoyo a los refugiados que huyen del terror de la guerra, de esa cúspide donde el que ataca, pierde la conciencia de que, a quien ataca es otro ser humano.

¿Y cuál es la respuesta? No siempre favorable. El ciudadano que come su sopa caliente al volver del trabajo, que enciende su televisor donde se transmiten las noticias de la guerra, que se conmueve mientras cambia sus zapatos por pantuflas, pero no quiere dejar a un lado esa comodidad, ni quiere pensar que lleguen miles de personas que no tienen absolutamente nada y que necesitarán la protección, alimento, salud, escuela, habitación, empleo…

Si se trata de brindar ayuda, no pensemos que México queda lejos de Ucrania… no es necesario ser un país vecino para enviar ayuda humanitaria, para integrar brigadas médicas, psicológicas, educativas, para ofrecer un espacio de refugio a esa población que ha tenido que abandonar su hogar para salvar su vida. Población mayoritariamente integrada por mujeres y niños, ya que los hombres ucranianos deben permanecer y servir como parte del ejército. No quedamos lejos para ejercer la solidaridad, para sentir empatía por la situación de los otros y –¿por que no?– para recibir refugiados…

Saber las circunstancias en que se encuentra la población civil hace urgente e importante la apertura de fronteras para la recepción de refugiados.

En la historia de nuestro país han sucedido acciones importantes de recepción de refugiados. Por ejemplo: durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas, cuando se recibió a refugiados de la guerra civil española, conflicto en el que se derrocó a la segunda república, suceso que terminó con las esperanzas de democracia, de reforma agraria, de derechos civiles, y provocó una migración que trajo a México en 1939 a intelectuales, científicos y un grupo de niños, desplazados, huérfanos, víctimas de la guerra civil, casi 25 mil refugiados que, como afirmó Mari Carmen Serra Puche: “Entre ellos arribaría lo mejor de la intelectualidad hispánica en todas las áreas de la ciencia y las artes, que se integraron tanto a la Universidad Nacional Autónoma de México como a la nación en su conjunto”.

La recepción de refugiados polacos que llegaron a México durante la Segunda Guerra Mundial fue un segundo caso –al cual me referiré más ampliamente–, historia que comenzó con la invasión del ejército nazi a la zona oeste de Polonia el 1 septiembre de 1939, lo cual marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial; por otra parte, la Unión Soviética con su propio interés de expandirse geográfica e ideológicamente, y como respuesta a la violación de pactos internacionales previamente concertados con Alemania, invadió el 17 de septiembre la parte oriental de Polonia.

Con una Polonia fraccionada y repartida entre dos potencias, las cuales –una arguyendo la supremacía racial y la otra enarbolando los ideales del comunismo internacional– llevaron a cabo operativos de represión masiva, encarcelamiento de disidentes y posibles disidentes, asesinatos masivos y desplazamientos de la población. En la ciudadanía recayó el daño colateral: las deportaciones de ciudadanos polacos a campos de trabajo forzado o a “asentamientos libres” en la URSS, los cuales eran también campos de trabajo forzado.

Ryszard Kapuscinski, en su libro El imperio, describe a partir de su propia experiencia el sentir del deportado:

“Ese peregrinaje del deportado no es tan sólo un traslado en el tiempo y el espacio, también lo acompaña un proceso de deshumanización: el que llega a su destino (si no se ha muerto en el curso del viaje) ya ha sido desposeído de todo lo humano. No tiene nombre, no sabe dónde está, ignora qué harán con él. Lo han privado de la lengua, nadie quiere hablar con él. No es más que un bulto, un objeto, un juguete.”

Siendo presidente de México Manuel Ávila Camacho, se recibieron refugiados polacos procedentes de los campos de trabajo de la Unión Soviética, a donde habían sido desplazados. Ellos fueron “amnistiados” y puestos en libertad en el momento en que la Unión Soviética entró a la guerra por parte de los aliados.

Los integrantes que vivieron ese destierro en zonas como Siberia, Uzbekistán, Kazajstán, salieron de la URSS caminando o en algunos transportes que se pudieron conseguir para llegar a Teherán y ahí, bajo la protección de la Cruz Roja Internacional, reparar un tanto su salud y su ánimo.

Fue entonces cuando, tras la visita a México del general Wladislav Sikorski, primer ministro polaco en el exilio, en su recepción se difundió la decisión del presidente Ávila Camacho de recibir un contingente de refugiados.

El 10 de julio de 1943 el primer contingente de refugiados llegó a la estación de ferrocarril de León después de recorrer 14 mil millas. En la estación estaban las autoridades municipales, una orquesta militar que tocó los dos himnos nacionales y una población que los recibió con mucho entusiasmo. El 2 de noviembre del mismo año llegó el segundo contingente.

En total mil 453, entre ellos 236 huérfanos. Ellos permanecieron en México hasta 1947.

Su recepción en México fue una excepción a las estrictas leyes migratorias vigentes, lo que permitió que quienes fueron recibidos tuvieron una oportunidad de reconstruir su vida después de sobrevivir a una guerra en la que perecieron 38 millones de personas en Europa.

Durante la gestión de Luis Echeverría Álvarez se recibieron refugiados y exiliados chilenos que huían del régimen militar establecido en Chile tras el golpe de Estado contra el gobierno constitucional chileno encabezado por el presidente Salvador Allende, cuyo régimen democrático había sido apoyado por el gobierno mexicano con préstamos y envío de petróleo cuando se le impuso un boicot económico.

Asimismo se recibieron exiliados argentinos refugiados y desplazados por la violencia política que amenazaba sus vidas y las de sus familias, por el miedo y la amenaza permanente ejercida por la dictadura militar; este exilio se acompañó de un proceso inmigratorio mayor motivado por discriminación, persecución a jóvenes, una agudización de la marginación social.

Otro caso fue la recepción de refugiados procedentes de Afganistán en agosto de 2021, cuando tras el regreso de los talibanes al poder se desató un éxodo de miles de personas que abarrotaban fronteras terrestres y aeropuertos en busca de salir de un país donde se violan los derechos humanos. Fue impactante ver los reportajes periodísticos que mostraron a personas que en su desesperación se afianzaron al tren de aterrizaje, a los alerones de un avión repleto de mujeres y hombres que querían salvar su vida huyendo de Afganistán… para caer cuando el avión se elevaba.

En México se recibieron alrededor de 500 ciudadanos afganos, entre agosto y septiembre de ese año; entre ellos periodistas, activistas y principalmente mujeres. En general en este caso se consideraba que su estancia sería temporal y se les concedió una visa humanitaria de 180 días, durante los cuales organizaciones de la sociedad civil les brindaron hospedaje, alimentación y servicios básicos.

En este grupo de refugiados destacó la recepción y acogida que se dio a cinco mujeres integrantes del equipo de robótica de Afganistán, conocido como Afghan dreamers team, grupo que cobró relevancia en los últimos años tras ganar torneos internacionales.

Quizás algunas de estas aperturas de fronteras tuvieron atrás el interés de destacar una política humanitaria del gobierno mexicano o fueron producto de una presión internacional; sin embargo, la acción humanitaria y generosa del país fue oportuna. De todos estos grupos son conocidas las aportaciones que han hecho a México.

La pregunta que me surge es: ¿por qué México muestra tal temor a la recepción de refugiados? Lo anterior se evidencia ya que en 2014 México aceptó sólo las solicitudes de seis sirios y en el primer semestre de 2015 no se concretó ninguna petición más, cuando era conocida la situación que se vivía en Siria, en una interminable guerra intestina.

Por otra parte se ha ejercido un criterio de contener el flujo de migrantes centroamericanos, haitianos, cubanos y venezolanos que pretenden pasar hacia Estados Unidos. Algunos de ellos reclaman tener el estatus de refugiados.

Quizá este es un momento en que la sociedad mexicana se rebele contra prejuicios xenofóbicos, raciales, y considere que la recepción de mil o 2 mil personas que huyen de la guerra de su país no nos harán más pobres ni desequilibrarán peligrosamente la estructura social. Es oportuno hacer una reflexión sobre el ejercicio de la tolerancia hacia lo que nos es ajeno y diferente y que mostremos solidaridad en favor de aquellos que se encuentran fuera de casa, huyendo de la muerte.

La recepción en México de todos estos grupos ha sido excepcional y en cada una se ha ofrecido un espacio de restauración para las víctimas civiles de guerras, como los españoles, polacos, argentinos, chilenos, afganos… quizá sea el momento en que pueblo y gobierno hagamos acciones diversas que sirvan de apoyo a las víctimas de esta guerra.

* Maestra en historia, profesora universitaria y coautora con Celia Zack de Zukerman de El convenio ilusorio. Refugiados polacos de guerra en México (1943-1947) (1998).

1 https://www.unicef.org/es/comunicados-prensa/tras-semana-conflicto-ucrania-medio-millon-ninos-ninas-convertidos-refugiados

2 Jamey Keaten, “ACNUR: 1 millón de refugiados salen de Ucrania en una semana” en Los Ángeles Times, 3 de marzo de 2022 en https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2022-03-03/acnur-1-millon-de-refugiados-salen-de-ucrania-en-una-semana

3 Guadalupe Lugo, “Se cumplieron ocho décadas del éxodo. La riqueza académica del exilio español en México, Llegó al país lo mejor de la intelectualidad hispánica en ciencias y artes”, en Gaceta UNAM, 24 de junio de 2019.

4 Gloria Carreño y Celia Zack de Zukerman, El Convenio Ilusorio, Refugiados Polacos de Guerra en México (1943-1947), Centro de Documentación de la Comunidad Ashkenazí, Conacyt, México, 1998, primera edición.

5 Ryszard Kapuscinski, El Imperio, Editorial Anagrama, Barcelona, 11ª edición 2017, p. 39-40.

6 Cfr. Gloria Carreño- Celia Zack de Zukerman, (1998), El Convenio Ilusorio, Refugiados polacos de guerra en México, 1943-1947, CDICA-Conacyt, México, 1998.

7 Gabriela Díaz Prieto, (2010) “Un exilio venturoso, chilenos en México (1973-1990)” en Revolución y Exilio en la Historia de México. Del amor de un historiador a su patria adoptiva. Homenaje a Frederich Katz, El Colegio de México-Ediciones Era, México, p.p. 793- 810

8 Horacio Crespo, (2010), “El Exilio argentino en México, La Voz democrática de Miguel Ángel Piccato” en Revolución y Exilio en la Historia de México. Del amor de un historiador a su patria adoptiva. Homenaje a Frederich Katz, El Colegio de México-Ediciones Era, México, p.p.817-843.

9 Fernanda Hernández Orozco, “Los refugiados de Afganistán en México: así es la odisea para que lleguen” en Expansión, Revista Digital, 13 de septiembre de 2021, en https://expansion.mx/mundo/2021/09/13/los-refugiados-de-afganistan-en-mexico-asi-es-la-odisea-para-que-lleguen#:~:text=Los%20refugiados%20afganos%20en%20M%C3%A9xico,organizaciones%20de%20la%20sociedad%20civil. Consultado el 4 de marzo de 2022.

10 Sonia Corona, “México recibe a cinco mujeres del equipo de robótica de Afganistán”, en El País, 24 de agosto de 2021 https://elpais.com/mexico/2021-08-25/mexico-recibe-a-cinco-mujeres-del-equipo-de-robotica-de-afganistan.html. Consultado el 4 de marzo de 2022.

Reportaje publicado el 3 de abril en la edición 2370 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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