Música

Hora de volver al ejercicio artístico: García Barrios

Tras nueve años de dirigir el Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), Eduardo García Barrios se retiró al finalizar 2021 para retomar su propio trabajo artístico como director de orquesta, ejecutante, académico y, fundamentalmente, maestro comunitario.
sábado, 16 de abril de 2022 · 14:11

Ya evidenciaba su naturaleza de educador cuando al frente de la Orquesta de Baja California, por él fundada en 1991, gustaba de explicar, antes de cada ejecución, aspectos de la obra para acercarla al público –rompiendo todo convencionalismo–. Sin duda por ello se mantuvo casi una década al frente del Sistema Nacional de Fomento Musical, enseñando a niños y a jóvenes. De ahí que su salida haya movido a la especulación sobre una ruptura. Sin embargo, en esta conversación, además de evaluar el largo trayecto en esta experiencia, explica su necesidad de retomar el camino personal.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Tras nueve años de dirigir el Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), con todo lo que subyace en los campos administrativo y de organización, Eduardo García Barrios se retiró al finalizar 2021 para retomar su propio trabajo artístico como director de orquesta, ejecutante, académico y, fundamentalmente, maestro comunitario.

Ese quehacer le exige sentarse por horas al piano y así desarrollar un trabajo individual que le permita profundizar en las obras de un compositor, “apropiarse de su contenido”, explorar su contexto histórico y los significados actuales, y entonces  transmitirlos a los estudiantes.

Con el humor y el desenfado que le caracterizan en sus ensayos, quizá más bromista y sonriente luego de dejar el cargo, y visiblemente entusiasmado, el director habla con Proceso de sus nuevos propósitos, hace un breve balance de su paso por Fomento Musical y niega que el motivo de su salida haya sido la política de austeridad del gobierno de la Cuarta Transformación que también ha recortado recursos a los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) y de Bellas Artes (INBA).

Asimismo, aborda por primera vez el delicado tema de los casos de acoso o maltrato psicológico, verbal o físico en escuelas de distintos niveles y perfiles, así como en organismos de educación artística y en agrupaciones culturales de diversa índole, denunciados y consignados en la prensa y en redes sociales. Y expone los mecanismos de prevención y control que se utilizan en el sistema, apoyados por una herramienta fundamental: la música. 

García Barrios, egresado del Conservatorio Tchaikovsky­ de Moscú, Rusia, fundador de la Orquesta de Baja California en 1991 y exdirector titular de la Filarmónica de la Universidad de Lima, Perú, relata que la enseñanza siempre le ha parecido no sólo fundamental, sino intrínseca a su naturaleza de educador.

Sin embargo, cuando asumió la coordinación del SNFM, sus obligaciones en términos de organización académica, artística y administrativa, fueron ocupando espacios más grandes, y “lo hice con enorme placer y convencimiento, pero ahora surgió esta necesidad, este llamado para decir: ‘es hora de volver al ejercicio del trabajo artístico, como director, como intérprete y como maestro’”.

Recapitula que con la pandemia ha habido mucho trabajo en la estructura administrativa y múltiples reuniones con maestras y maestros comunitarios, y ello lo obligaba de alguna manera a mantenerse en el cargo. Finalmente, en septiembre de 2020, comenzó a evaluar las posibilidades de volver a lo que más le entusiasma. Concluyó su ciclo como titular del sistema el 31 de diciembre pasado.

“Puede resultar extraño; me veían dirigir, dar clases, pero no en la medida, con la libertad ni la profundidad con que puedo hacerlo ahora. Los últimos dos meses he tenido de cinco a seis horas diarias de estudio de partituras, de planificación de programas…”

–¿Influyó la pandemia, las reflexiones del encierro?

–Es difícil establecer una línea punteada de cómo se dio todo el proceso, esta necesidad. En cuanto te empiezas a dar cuenta de que hay una inquietud interna y de pronto te cae el veinte y cuestionas ‘qué es esto’, estas ganas de volver a investigar, de volver a estudiar, a conceptualizar. La pandemia fue muy productiva, fue un enorme trabajo, junto con el equipo de Fomento Musical, para crear mecanismos que permitieran, en la medida de lo posible, mantener el trabajo artístico, académico, comunitario… pero no teníamos tiempo para pensar demasiado, todos los días se presentaban retos y había que ir analizando, reflexionando.

“Por supuesto que la pandemia le ha hecho mucho daño a la naturaleza del trabajo, porque una de las premisas es la práctica musical colectiva, tanto en los coros, bandas y orquestas comunitarios como en la punta de la pirámide, que son la Orquesta Escuela Carlos Chávez y el Ensamble Escénico Vocal, pues van muy conectados con todo el trabajo comunitario aunque en un nivel de licenciatura, y nos quitaron eso de las manos, eso hay que entenderlo.”

No obstante, agrega, se buscaron formas y mecanismos para llevar adelante los proyectos, y se lograron aplicar 25 exámenes virtuales profesionales, “con resultados sorprendentes por la calidad de los jóvenes, el compromiso de maestras y maestros que encontraron las herramientas virtuales para dominarlas y que fueran más amables, con el fin de que los jóvenes sintieran el contacto. Todo eso implicó muchísimo esfuerzo, reflexión y organización”, como lo narró en entrevista publicada en estas páginas el 10 de enero de 2021 (https://www.proceso.com.mx/cultura/2021/1/16/entre-alegria-pandemia-los-30-de-la-orquesta-carlos-chavez-256392.html).

Enfatiza:

“Todos tenemos esa mella emocional a partir de la pandemia, por supuesto. Pero mi salida no fue por eso, la identifico más bien con haber cumplido 60 años (nació en 1960 en la Ciudad de México). Espero en 10 años todavía tener energía. Fíjate que no es una decisión puramente racional, sino parte de una necesidad, como cuando decidí ser músico: no fue un análisis racional sobre la conveniencia o no de serlo, fue un llamado inevitable. Es lo mismo.

“Y una circunstancia muy importante, que ya tiene un aspecto ideológico y racional, y que es fundamental, es la renovación de los cuadros: son casi nueve años en Fomento Musical, aporté lo que pude haber aportado de mi capacidad de análisis, de organización. Y algo de lo cual me siento profundamente orgulloso es de que hayamos conformado un equipo de excelencia, con gente muy preparada, con una enorme comprensión del trabajo artístico, académico y comunitario.”

Considera que la titular de la Secretaría de Cultura, Alejandra Frausto, ha comprendido el valor de ese equipo y le da continuidad al programa, con sus nuevos retos y necesidades, ahora a cargo del maestro Roberto Rentería Yrene, coordinador general y director asociado de la Orquesta Sinfónica Infantil de México (OSIM) y discípulo del propio García Barrios, de Armando Zayas, Francisco Savín y Enrique Bátiz, entre otros directores.

Escucharse bien

Dada la política de austeridad decretada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que ha impactado a la baja los presupuestos de organismos como el INAH y el INBA, mientras se destina una tercera parte de los presupuestos al “Proyecto Chapultepec: Naturaleza y Cultura”, se le pregunta si alguna disminución de recursos lo llevó a decidir su salida. Ataja:

–¡Para nada! Para nada, porque justamente Cultura Comunitaria es un eje prioritario para la secretaria Frausto; entonces en lo fundamental, en lo neurálgico, no hubo esa “austeridad” –voy a llamarle así entre comillas–, es decir, recortes. Hubo un ajuste administrativo, y al final del año pasado comenzó una problemática en términos presupuestales, pero se resolvió: se consiguieron los recursos para pagar a tiempo.

Se refiere al problema de falta de pago que padecieron maestros del sistema en los primeros meses de 2021, denunciado en mayo en estas páginas (Proceso 2323).

Agrega que nunca habrá recursos que alcancen porque las necesidades “son inconmensurables” y de muchos y diferentes niveles: instrumentos, insumos, transportes, maestros, capacitaciones, materiales, producción de conciertos, etcétera, pero asegura que nunca sintió abandono en materia de recursos. Las circunstancias de la pandemia obligaron ciertos cambios, y el recurso de producción se redujo, porque no se producía, todo se hacía en línea. Adelanta que el reto será producir nuevamente porque la OSIM volverá a organizar el campamento de verano anual y se está planeando la posible participación de la Chávez en algunos festivales, así como la invitación a directores huéspedes.

–¿Cuál considera que ha sido su principal aportación al SNFM?

Reflexiona unos segundos:

–A ver… Tengo que ser objetivo o voy a tratar de ser subjetivo –y ríe espontáneamente a carcajadas–: creo que la primera aportación es la conciencia de la necesidad del trabajo colegiado: No se puede crear un modelo comunitario si lo impones verticalmente y de manera autoritaria, o sea la autogestión es la capacidad de este pensamiento colectivo, crítico, reflexivo, y creo que ahí hubo una gran aportación.

“Este aspecto –señala– se da al ciento por ciento, aunque parezca difícil por cuestiones logísticas, operativas o por el factor humano: se requiere saber escuchar, discutir, proponer, saber que entre una ocurrencia y la realización de una idea, un concepto, un proyecto, hay un camino por recorrer.

“Siento que mi énfasis ha estado en ese trabajo colegiado y en aprender a delegar, porque es la única manera de generar comunidad. Y lo que digo no es concluyente, se trata de entes vivos que se transforman eterna y permanentemente, porque cuando ya tienes respuestas, las preguntas o las circunstancias cambian y eso permite ir ajustando.”

Su segunda aportación es lo conceptual, lo filosófico y lo ideológico que definen las líneas de trabajo, y tienen que ver con la equidad, la igualdad, la justicia, el respeto a la naturaleza, a los seres humanos, que son fundamentos que deben estar claros.

Asimismo, la práctica musical, lo que es propiamente el ejercicio de la música con el propósito de expresar su contenido:

“En un trabajo artístico, ¿de qué sirve una orquesta infantil que trabaja cuatro horas diarias pero suena horrible, que no produce el fenómeno estético, o sea hacer música verdaderamente? Hablo de la fuerza que transforma, de cuando el niño o la niña se dan cuenta de la belleza del sonido, de que el orden dentro de este mundo es de una diversidad increíble, porque no es lo mismo un violín que una flauta.

“El balance entre todos estos elementos es una búsqueda cotidiana y permanente, y seguiré luchando por eso, ahora desde la perspectiva del artista y el maestro. Seguiré peleando por que suenen las orquestas, porque sólo eso transforma verdaderamente… esa práctica, esa filosofía, la praxis artística, el conocimiento que producen; es ahí donde se da un fenómeno de crecimiento increíble, y es cuando un niño conecta con la emoción, con su instrumento y con el quehacer colectivo, con el respeto a los demás, con la igualdad de género, reconocer: ‘yo soy varón y una compañera mujer’, y en igualdad de condiciones logran una comunicación para que suene bien. Eso les lleva a la necesidad de entender que la igualdad es fundamental.”

Respeto de géneros

Luego de dos años de pandemia, volverá a realizarse el campamento de verano de la OSIM, fundado hace más de 20 años, al cual anualmente son convocados niños y jóvenes de entre 7 y 17 años de diversas agrupaciones musicales del país, para integrarse a él, realizar una gira y, hospedados en un entorno amable en el cual disfrutan de juegos, cantos, alberca y una sana convivencia, recibir sus clases de música en grupos, ensambles corales o instrumentales y, finalmente, la orquesta.

El trabajo, a la vez con niños pequeños y con jóvenes, debe ser una responsabilidad enorme, por lo cual se le pregunta a García Barrios cómo logran establecer un control en un entorno que podría ser propicio para el bullyng, abuso, físico o psicológico. Han sonado en la prensa casos como el del saxofonista y director de la primera big band infantil y juvenil de jazz de México, Pavel “N”, vinculado a proceso por delitos sexuales.

Abierto, García Barrios explica cómo cuidan ese aspecto:

“Uno, con tolerancia cero; dos, con presencia permanente a través de un ejército de tutores entrenados y capacitados en esas sutilezas del comportamiento, y con ciertos mecanismos de protección, como sellar los cuartos o con la prohibición absoluta –no por consideraciones morales sino de seguridad– de que una niña meta a un niño en su cuarto o un niño a una niña, aunque sea con las intenciones más ingenuas.

“Se trata del respeto hacia toda la diversidad de consideraciones que puedan existir en el pensamiento de las familias, es algo que no se cuestiona. Puede haber una familia más libertaria y otra más conservadora, estamos conscientes, pero tenemos que asegurar la detección inmediata de cualquier acto que pudiera ser visto como bullyng, como agresión. Y la llamada de atención va desde la plática directa con la joven o el joven, que es fundamental, hasta su expulsión del campamento, que nunca ha ocurrido.”

El director de orquesta considera que debe tenerse mucha claridad en todas esas cuestiones y darse el ejemplo de trato igualitario. Para ello han creado una estructura administrativa y organizativa horizontal:

“Por ejemplo, el responsable en la OSIM en las cuestiones administrativas, el maestro Roberto Rentería, ahí era mi jefe, porque yo iba como director musical y artístico. Y Roberto tenía una jefa inmediata, la maestra Olga Mendoza, pero en el campamento ella era la jefa de tutores, es decir, se convertía en la colaboradora fundamental de Rentería. Eso manda mensajes, no hay una verticalidad.”

También se pone mucha atención, añade, en el uso de las redes sociales, y para hablar con los alumnos de la importancia de no compartir fotos “indiscretas”, del respeto a su cuerpo:

“Es un trabajo complejo, claro que es complejísimo, se están cambiando los paradigmas; simplemente, en la diversidad de los géneros, cómo decides en este trabajo sin violentar tampoco las consideraciones de los padres que están depositando en ti una confianza y que pueden tener, además, diferentes concepciones. Algunas son lamentables, pienso por ejemplo que los géneros no binarios siguen considerándose como una enfermedad, y por desgracia apoyada esa idea en conceptos de pseudociencia, pero uno debe ser respetuoso de las familias y al mismo tiempo ir generando confianza.”

La herramienta más eficaz que tienen, agrega, es la música:

“Cuando un niño varón canta Flor de Río, que dice ‘yo quiero ser una niña…’, hay testimonios de que los niños decían: ‘cómo voy a cantar eso’. Luego la cantaron con toda libertad, porque una vez que existe la acción artística les explicas que ha habido compositoras maravillosas que no se interpretaban por el solo hecho de ser mujeres y que de eso no tiene la culpa Bach –él no tiene la culpa de ser hombre–, pero es verdad que hubo compositoras del siglo XVII y su música no se tocaba.”

Con letra de Emilio Lome y música de C. Rivarola y Edgar Mantilla, la canción dice, a ritmo de rap:

Me llamo Flor de Río y quiero crecer
en un mundo donde sea un orgullo
ser mujer…

La tarea que ahora realizará García Barrios consistirá en visitar los lugares donde hay agrupaciones musicales comunitarias (sea coro, banda u orquesta), conocer sus necesidades de desarrollo artístico, organizar cursos o seminarios, vigilar avances. En ese sentido les ayudará mucho la virtualidad aprendida durante la pandemia.

Se entra en una etapa, concluye, en la que se buscará fortalecer la red comunitaria y seguir construyendo, pero no para aumentar el número de agrupaciones:

“No debemos cometer los errores del pasado, cuando se consideraba tener muchas agrupaciones. No basta con tener 300, 500, mil, hay que conectarlas con acciones académicas y artísticas, y eso requiere recursos para capacitación continua de maestras y maestros, crear materiales didácticos musicales pedagógicos, y herramientas que les permitan seguir trabajando.”

Reportaje publicado el 10 de abril en la edición 2371 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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