Guerra en Ucrania

Toneladas de armas en ucrania mafias y terroristas al acecho

Ucrania ya era un centro internacional de tráfico de armas, pero tras la invasión de Rusia los expertos prendieron las alarmas: miles de toneladas de armamento que Eu y la Unión Europea están entregando a las milicias y al ejército ucraniano corren el riesgo de terminar en manos de mafias.
domingo, 26 de junio de 2022 · 11:34

Antes de estallar la guerra, Ucrania ya era un centro internacional de tráfico de armas, pero tras la invasión de Rusia los expertos prendieron las alarmas: miles de toneladas de armamento que Estados Unidos y la Unión Europea están entregando a las milicias y al ejército ucraniano corren el riesgo de terminar en manos de mafias internacionales y organizaciones terroristas. No se trata sólo de rifles y municiones, sino de moderno material bélico, como los misiles antiaéreos Stinger: portátiles, fáciles de manejar y capaces de derribar un avión comercial… el “sueño” de muchos terroristas. 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– La primera en lanzar públicamente la alarma fue Catherine de Bolle, directora ejecutiva de Europol: “Es de temer que parte de las armas entregadas a Ucrania acaben en malas manos”, advirtió el pasado 28 de mayo en una entrevista con el diario alemán Die Weld.

“Queremos evitar que se reproduzca la situación que conocimos hace 30 años, a raíz de la Guerra de los Balcanes”, insistió aludiendo a la irrupción en el mercado negro de armas de arsenales militares de la exYugoslavia que acabaron en manos de mafias, de grupos políticos armados y organizaciones terroristas en África, Medio Oriente y Europa.

Cuatro días después Jürgen Stock, secretario general de Interpol, se mostró aún más pesimista:  

“Tan pronto como callen las armas empezará el tráfico ilegal de material bélico. Es lo que enfrentamos en otros numerosos escenarios de guerra. Ahora, en el momento mismo en que estamos hablando, los criminales están al acecho”, aseguró Stock el pasado 1 de junio en una reunión que sostuvo en París con corresponsales de prensa de Gran Bretaña y Estados Unidos.

Y agregó: “Grupos criminales buscan explotar las situaciones caóticas para sacar provecho de la gran cantidad de armas disponibles. Tienen inclusive en la mira pertrechos de las fuerzas militares regulares y material de guerra pesado. Todo eso acabará en mercados ilegales y se convertirá en un auténtico desafío para nosotros. Ningún país, ninguna región puede encarar semejante reto en forma aislada porque estos grupos actúan a nivel global”. 

Y por si eso fuera poco, agregó:

“Es previsible que estas armas lleguen a Europa. Es realmente preocupante. Y es obvio además que el tráfico se extenderá a otros continentes”.

Tanto Catherine de Bolle como Jürgen Stock insistieron en que los dirigentes políticos deben multiplicar medidas de control drásticas.

¿Pero cómo controlar en plena guerra el destino de miles de toneladas de armas que fluyen esencialmente de Estados Unidos y la Unión Europea, y también de Australia o Canadá, hacia Ucrania, país que después del derrumbe de la Unión Soviética se convirtió en un punto neurálgico de tráficos de seres humanos, drogas y sobre todo de armas?, se preguntan todos los expertos internacionales, entre ellos los de la Iniciativa Global en contra del Crimen Organizado Transnacional, centro de investigación relacionado con la Interpol.

En principio el Tratado de las Naciones Unidas sobre el Comercio de Armas (TCA), que entró en vigor en 2014 y fue firmado por los países involucrados en la ayuda militar a Ucrania, busca impedir que el material bélico caiga en el agujero negro del tráfico.

“Fuga de material bélico”

Las licencias de exportación de armamento tienen cláusulas específicas que prohíben su reventa a terceros o estipulan que esa reventa sólo se puede hacer con el acuerdo del vendedor. Ciertos países, como Alemania, agregaron una cláusula de control que da al vendedor la posibilidad de verificar in situ si el estado del arsenal que proporcionó a su cliente sigue correspondiendo al contrato firmado.

Es ese el tipo de control que preconizaba realizar en Ucrania la Oficina del Inspector General del Departamento de Defensa (DOD) de Estados Unidos. Su iniciativa fue de inmediato descalificada y rechazada por Cara L. Abercrombie, directora de la Agencia de Cooperación en Seguridad de Defensa del mismo DOD, debido a las condiciones de inseguridad que imperan en ese país y a la falta de personal para cumplir semejante misión.

Organizaciones de supervisión del comercio internacional de armas, como la Asociación de Control de Armas y el Centro Stimson, aseguran que el Departamento de Defensa sólo lograría monitorear los poderosos misiles Javelin y sus sistemas de lanzamiento, así como modernos dispositivos de visión nocturna que entregaron a Ucrania, porque todos están dotados de “cajas negras”.

Periodistas de investigación rusos aseguran sin embargo que ya estos Javelin estarían en venta en la dark web con un precio de 15 mil dólares por unidad. La información aún no ha sido confirmada por investigadores y servicios de inteligencia occidentales. Pero el 16 de junio Serguéi Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, aseguró en entrevista con el canal televisivo ruso NTV que tanto los cohetes Javelin como los Stinger se encontraban en el mercado negro de armas. No detalló precios.

El Departamento de Estado reconoce por su lado que solamente controla 1% de las licencias de venta de armas y que la cuarta parte de ese 1% no respeta los acuerdos firmados.

En una nota publicada el pasado 14 de mayo en The Washington Post, Rachel Stohl, experta en control de armas y vicepresidenta del Centro Stimson, denuncia: “Resulta sencillamente imposible verificar a dónde van todas las armas y quiénes las usan, ni siquiera se puede saber qué uso se les da.…”.

Las autoridades estadunidenses y europeas aseguran que exigen de sus homólogas ucranianas un registro escrupuloso y actualizado del estado de sus arsenales y de la cantidad de material bélico destruido.

Es una tarea imposible de realizar en la situación de guerra intensiva que vive el país, denuncian los expertos, que insisten una y otra vez en el papel que el mercado negro de armas ucraniano ha cumplido en el tráfico internacional a lo largo de las tres últimas décadas.

“Después de la guerra resultará primordial usar todos los instrumentos internacionales jurídicos, políticos y de inteligencia para impedir la ‘fuga de material bélico’”, insiste Edouard Jolly, coautor de Balas Perdidas, un denso informe sobre el tráfico internacional de armas publicado en enero del año pasado por el Instituto de Investigación Estratégica de la Escuela Militar de París que depende del Ministerio de las Fuerzas Armadas galas.

Aun así el control será difícil. Presionado por la necesidad apremiante de combatir la invasión rusa, el presidente Volodímir Zelenski firmó decretos de emergencia que autorizan a la población a comprar y vender libremente pistolas y fusiles, al tiempo que ordenó distribuir armas de guerra de manera masiva entre voluntarios de la defensa civil. Todo parece indicar que por falta de tiempo no se llevaron a cabo los debidos registros de las armas repartidas y de quiénes disponían de ellas.

Teniendo en cuenta la amplitud de los tráficos que imperan en el país, los especialistas no creen en el éxito de eventuales campañas de restitución o de decomiso de armas cuando impere de nuevo la paz.

Demoledor es el informe sobre Ucrania publicado por Small Arms Survey, respetada organización suiza independiente que investiga el tráfico internacional de armas ligeras y de pequeño calibre (ALPC).

Su autor, Anton Martyniuk, colaborador de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), hace la lista de los factores que permitieron que Ucrania se impusiera en el mercado negro europeo de armas entre 1991, año de su independencia, y 2017, año de la publicación del informe.

El experto señala como factores una legislación ambigua y permisiva sobre la posesión de armas, la corrupción generalizada –“heredada de la URSS”– que gangrena el país y sobre todo el caos económico, político y social que siguió a la desaparición de la Unión Soviética.

En el campo específico de las armas el caos fue total en esa exrepública socialista que asumía 30% de la gigantesca producción de armamento de la URSS.

Recalca Martyniuk: “El derrumbe de la URSS y la retirada del ejército soviético de Europa Oriental generó un problema de control de armas y municiones sin precedente en Ucrania. Las fuerzas militares soviéticas abandonaron, entre otros, inmensos arsenales de armas ligeras y de pequeño calibre (ALPC), de municiones, granadas y minas sin inventarios ni registros. En 1992 los militares ucranianos disponían de reservas de 7.1 millones de ALPC, en 2007 ese arsenal era de 6.2 millones de armas”. 

Casi 1 millón de armas desvanecidas en 15 años… Según el experto de Small Arms Survey, los oficiales ucranianos aludieron a la destrucción de muchas de ellas y a ventas lícitas. No convencieron. Investigaciones ulteriores evidenciaron la fuga de material bélico hacia el mercado negro.

Todo empeoró en 2013 con las tensiones crecientes que sacudieron el sur y el este de Ucrania y desembocaron en 2014 en la anexión de Crimea por Rusia y el inicio de la guerra en Donbás entre las fuerzas separatistas fieles a Moscú y batallones de combatientes voluntarios ucranianos.

“Integrantes de ambos lados saquearon arsenales de los servicios secretos, de los Ministerios de Defensa y del Interior de las regiones occidental y oriental del país y de Crimea. Según datos de las autoridades ucranianas, entre 2013 y 2015 ‘desaparecieron’ 300 mil armas ligeras y de pequeño calibre. Las fuerzas del orden sólo recuperaron 4 mil de ellas, el resto quedó en manos de los beligerantes o fue absorbido por el mercado negro”, asegura Martyniuk.

Cruce de rutas

Los conflictos armados que sacudieron los Balcanes, como la Guerra de Yugoslavia (1990-1995) y luego la guerra civil en Albania (1997), son otros factores que permiten entender cómo las rutas de diversas mafias de traficantes de armas de esa explosiva región acabaron cruzándose en Ucrania, en particular en las ciudades de Odesa, Dnipropetrovsk, Járkov y en la capital, Kiev, recalca Edouard Jolly en el informe Balas Perdidas de la Escuela Militar de París

El investigador insiste en la importancia de la desintegración de Yugoslavia, país que hasta 1990 ostentaba una de las industrias militares más desarrolladas de Europa.

“Cada una de las seis repúblicas que integraban la República Federal Yugoslava contaba con su propia industria de armas”, subraya.

Después de haber agotado sus propios arsenales en la guerra fratricida que libraban, los combatientes serbios, croatas, bosnios y macedonios acudieron a las redes internacionales de traficantes para reabastecerse, puesto que la comunidad internacional había decretado embargos de armas contra la desgarrada Yugoslavia.

Creció de manera exponencial el comercio ilegal de material bélico en los Balcanes. Se calcula que entre 1993 y 1995 Croacia gastó 308 millones de dólares en armas, Bosnia 207 millones de dólares entre 1993 y 1994, y 800 millones de dólares en 1995.

Los acuerdos de Dayton firmados en París el 14 de diciembre de 1995 pusieron fin a los conflictos, mas no a las actividades de los grupos criminales, que siguieron muy activos en toda la zona. Recuperaron las armas de los beligerantes y en 1997 se “beneficiaron” de la guerra civil que trastornó Albania y desembocó en el saqueo de mil 200 depósitos de armas en todo el país. Se estima que 643 mil armas ligeras, 3.5 millones de granadas, 1 millón de minas y 3 mil 600 toneladas de explosivos desaparecieron de los arsenales.

Finalmente los grupos criminales lograron extender su influencia en Ucrania donde, además de los traficantes nativos, operaban organizaciones mafiosas oriundas de Chechenia, Rusia, Moldavia, Georgia, Azerbaiyán, Osetia del Sur y Turquía. Entre todos abastecieron el mercado ilícito de armas de Europa Occidental con el que llevan hasta la fecha jugosos intercambios de “mercancías”.

Edouard Jolly recuerda que los hermanos Kouachi, yihadistas afiliados a Al-Qaeda en Yemen, quienes perpetraron el atentado mortífero   contra el semanario satírico Charlie Hebdo en enero de 2015, estaban armados con Zastava M70 yugoslavas, versión perfeccionada de la metralleta Kalachnikov, y con pistolas M70 del mismo origen. Dos de los tres terroristas que en nombre del Estado Islámico asesinaron a 130 personas en la sala de concierto del Bataclan el 13 de noviembre del mismo 2015, usaron por su parte una metralleta AKKS, copia búlgara de la Kalachnikov, y una versión albanesa de la metralleta china Norinco-56-1. Sus municiones provenían de Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Checoslovaquia…

Estos pertrechos no pasaron por Ucrania, pero queda claramente establecido que las exportaciones ilícitas masivas de armas que salieron de ese país en aviones de carga hacia África subsahariana sólo pudieron llevarse a cabo con el beneplácito de las autoridades ucranianas.

Entre los países destinatarios de estos arsenales destacan Chad entre 2004 y 2008, más recientemente la República Democrática de Congo y Sudán del Sur, sometidos todos a embargos de armas por parte de las Naciones Unidas.

Los expertos de Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Trasnacional que trabajan en estrecha colaboración con Interpol se muestran bastante preocupados por Ucrania en el informe que publicaron sobre ese país en 2021, unos meses antes de la invasión rusa.

Si bien reconocen que en los últimos años las autoridades ucranianas desplegaron esfuerzos para luchar contra el crimen organizado, no pueden dejar de constatar que “la corrupción sigue siendo un desafío sistémico y que las organizaciones mafiosas siguen gozando de altos grados de impunidad”. 

Insisten: “Incrustados en posiciones de alto nivel del aparato de Estado, los actores criminales afectan el proceso democrático de distintas formas: compran votos en las elecciones, financian partidos y candidatos políticos y ejercen presión sobre la justicia”. 

En el estricto campo del tráfico internacional de armas, la situación de Ucrania –sumamente preocupante en vísperas de la guerra que desató en su contra Vladimir Putin– amenaza con convertirse en bomba de tiempo.

Todos los servicios de lucha contra el terrorismo del mundo observan con inquietud creciente el envío masivo de misiles antiaéreos portátiles, de tipo Stinger estadunidense, a la vez fáciles de manejar y capaces de derribar un avión comercial. El “sueño” de las organizaciones terroristas…

El 15 de junio el presidente Joe Biden anunció un nuevo paquete de armas y municiones para Ucrania con un valor de mil millones de dólares. Se trata del mayor envío de material militar desde el inicio de la guerra. Incluye lanzamisiles antibuques Harpoon, obuses y municiones para sistemas de artillería de alta movilidad, armas antitanques, lanzacohetes múltiples Himars con un alcance de 70 kilómetros…

El anuncio se dio mientras estaba reunido en Bruselas el “grupo de contacto sobre Ucrania”, integrado por los 30 gobiernos de países miembros de la OTAN y de otros 20 países invitados. Participó en el encuentro Lloyd Austin, secretario de Defensa de Estados Unidos, quien exigió de sus aliados más esfuerzos para armar a Ucrania.

Por su parte el general Mark A. Miller, jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, contestó a la impaciencia de Volodímir Zelenski –que se queja de la lentitud con la que llegan a Ucrania las armas prometidas– enumerando los pertrechos que ya le fueron entregados: 97 mil sistemas antitanques –“más que los tanques que hay en el mundo”, precisó Miller–, 237 tanques, 6 mil 500 cohetes Javelin, mil 500 misiles Stinger, 20 mil sistemas contra blindados… Y no es una lista detallada.

 

Reportaje publicado el 19 de junio en la edición 2381 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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