Piotr Dumala

Piotr Dumala y su técnica de animación

Es el centro del evento sobre la producción de su país que ocurre ya en la Cineteca Nacional y en el Centro de Capacitación Cinematográfica, dada su amplia y reconocida trayectoria en este rubro animado, y por su permanente búsqueda experimental, si bien ahora prefiere incursionar en la ficción.
domingo, 5 de junio de 2022 · 17:44

Es el centro del evento sobre la producción de su país que ocurre ya en la Cineteca Nacional y en el Centro de Capacitación Cinematográfica, dada su amplia y reconocida trayectoria en este rubro animado, y por su permanente búsqueda experimental, si bien ahora prefiere incursionar en la ficción, según cuenta en entrevista. Además de guionista, es poeta y narrador, y se ha ligado a temas relativos a figuras de la talla de Dostoievsky, Chéjov y Kafka. Nueve cintas suyas se exhiben en total, cinco en la clausura este día 31.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Galardonado con más de cien premios y conocido por su innovación sobre placas de yeso, el cineasta varsoviano Piotr Dumala es el invitado especial de la Primera Semana de Cine Polaco en México dedicada al cine de animación y experimental.

Nueve películas del también guionista, escenógrafo, profesor de cine y autor de carteles e ilustraciones de libros se proyectan en esta muestra, titulada Anima Polonia, que se inició el 24 de este mes y finalizará el 31. Las sedes del ciclo son la Cineteca Nacional y el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). En total se conjuntan 64 filmes de más de medio siglo, repartidos en ocho secciones temáticas y presentados en 16 funciones (www.animapolonia.pl y www.cinepolacoenmexico.pl).

Dumala (Varsovia, 1956), quien además escribe novela, cuento y poesía, realiza cine de animación artística desde principios de los años ochenta. En entrevista en la Cineteca Nacional, rememora:

“Mi técnica de animación la descubrí en1983, acababa de terminar mi carrera de conservación de arte, especializada en escultura de piedra, en la Academia de Bellas Artes de Varsovia. La piedra es mi pasión. Todo empezó un día mientras trabajaba con el yeso. Tenía una tabla de madera con una base de yeso para pintar, con el pincel le puse color café y con una herramienta filosa empecé a rascar para crear una figura, como un grabado, y sentí que podía haber movimiento. Tomé las fotos de cada dibujo para después poder animar. En la misma tabla dibujaba de nuevo rascando y deshacía la figura, volvía a dibujar y deshacía todo una y otra vez. Descubrí esa técnica sin pensarlo.”

Le llama “animación destructiva” porque destruye el dibujo para crear otro, y al respecto comenta que “así es la vida, destructiva, ¡es vida y muerte!”.

Dumala estudió por dos años con el conocido director de cine animado Daniel Szczechura (Pozna, 1930), también en la Academia de Bellas Artes.

–¿Por qué escogió la animación artística para expresarse?

–Cuando era un niño me gustaba dibujar y me interesaba contar historias. Dibujaba tipo cómics. En mi infancia vi animaciones en televisión y pensé que era justo a lo que quería dedicarme, porque eran dibujos vivos. Y en la cinematografía, donde se juntan todas las artes, puedo aprovechar todas mis pasiones, escribir, dibujar, en fin.

La Primera Semana de Cine Polaco en México está organizada por Ella Films, Cineteca Nacional y el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), en colabo­ración con la Embajada de la República de Polonia en México, la Escuela Nacional de Cine, Televisión y Teatro en Lodz y la Filmoteca Nacional-Instituto Audiovisual de Varsovia. En la inauguración se proyectaron cuatro películas de Dumala: Crimen y castigo (2000), Lucha, amor y trabajo (2009), La última cena (2019) y Canción de cuna (2012).

Para la clausura, este día 31 a las 17 horas en el CCC, se exhibirán La lucha, el amor y el trabajo, Cuarteto de cuerdas No. 8, de Dmitri Shostakovich (2011), Los hipopótamos (2014), Canción de cuna (2012) y La última cena (2019).

Dostoyevski y Kafka

Dumala adaptó la novela del ruso Fiódor Dostoyevski, Crimen y castigo, por su admiración al escritor:

“Bueno, en esos tiempos me encantaba Dostoyevski. Era para mí el número uno, después me gustó más Franz Kafka y ahora me llaman la atención otros autores. De Crimen y castigo me fascinó el protagonista Rodión Raskólnikov, un estudiante. Correspondía con lo que yo sentía, estar entre lo bueno y lo malo. El libro lo leí desde adolescente y siempre me acompañaba ese sentimiento.”

El mediometraje Crimen y castigo dura 30 minutos, sin palabra alguna, pero el cineasta confiesa que lo quería de 70 minutos y con diálogos en ruso:

“Lo trabajé solo e implicó mucho trabajo, y por eso tuve que recortarlo. La mayor parte de mi animación la he hecho sin equipo alguno. Es un trabajo muy solitario.”

–¿Era su intención mostrar de otra forma los rostros humanos en Crimen y castigo?

–Mi inspiración fueron el alemán Anton von Werner (1843-1915) y el neerlandés Rembrandt (1606-1669). Deseaba crear una película donde los personajes animados se vieran como humanos y creo que lo logré. No hablan y por lo mismo decidí crearles unos rasgos de animales. Da miedo, lo cual era mi intención. Este filme recibió siete premios, aunque creo que no lo apreciaron lo suficiente. Y no es mi filme favorito.

–¿Cuál es?

–Franz Kafka… Lo realicé en 1991. Es sobre algunos años de la vida de Kafka, basado en sus Diarios. Kafka expresa el sentido de la vida del humano. Para mí era alguien de otro planeta, miraba el mundo de manera muy fría y así lo escribía, por eso sus libros son de los más importantes. No lo concibo como un escritor, sino como un observador que documenta lo que ve. Él no es el centro, por eso lo admiro mucho.

Narra sobre lo que le ha brindado la animación artística:

“Cumplí el sueño de mi infancia. Ya conté todo lo que quería decir con la animación. Pude viajar por todo el mundo, por ejemplo, y ahora estoy aquí gracias a ese trabajo. Aunque esta vez es un poco diferente porque desde hace 30 años soy maestro en la Escuela de Cine, Televisión y Teatro de Lodz y también vine a acompañar a los estudiantes. Tenemos dos directoras de la escuela, Paulina Ziolkowska (¡Salud!, 2018) y Andrea Guízar (Sin dientes, 2021).”

Al momento sorprende:

“Para mí, el cine de animación ya no es tan importante como antes. Creo que el mundo ha cambiado mucho técnicamente porque la animación hoy en día se hace con las computadoras y a mí no me interesa eso. Soy una persona que quiere tocar el papel. Algunas de mis animaciones se han hecho con el apoyo de las computadoras, como Lucha, amor y trabajo, La última cena y Los hipopótamos (2014), pero la mayoría las dibujé. Aprecio mucho la posibilidad técnica porque ayuda mucho a crear una película. Incluso me di cuenta de que ya no puedo hacer más animaciones en el yeso y estoy harto de trabajar en solitario, por eso empecé a hacer mis películas de ficción con actores reales, y es una nueva pasión.”

Subraya que le gustaban los límites con la animación manual:

“Les daba como sentido de que no podía cometer errores, no se permiten. Mi técnica me daba la oportunidad de improvisar. La animación me dio un desarrollo como artista, pero en este momento quiero guardar la animación, y deseo aprender con el cine de ficción y con actores reales. Es un sentimiento maravilloso. Me gusta.”

Ya rodó con actores las ficciones El bosque (2009) y Ederly (2015), y se encuentra en postproducción ¿Fin del mundo?

–¿Cómo se siente dirigiendo a actores?

–Es un nuevo estrés. Cuesta mucho dinero filmar así y esto provoca nervios. Cada día debe efectuarse lo que se ha planeado de producción. Yo prefiero escribir los guiones. ¿Fin del mundo? está inspirado en el cuentista y dramaturgo ruso Antón Chejov, pero poco, lo demás es imaginación mía. Se conecta al realismo mágico latinoamericano de Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, en fin.

Informa que la primera versión del guion de ¿Fin del mundo? la terminó hace cuatro años:

“La escribí antes de la pandemia y de la guerra que mi país tiene ahora a un lado. La historia del largometraje cuenta justo lo que pasa ahora. Tengo una actriz que quiero que se parezca a Vladímir Putin. Hay un conflicto fuerte, no entre países, sino de una familia y la gente de fuera. Al final hay una guerra, pero nada más en el ambiente con esta gente.”

La película se filmó en septiembre y octubre del año pasado, en 23 días, cerca de Varsovia. Precisa:

“Ya está editada, sólo faltan algunos efectos especiales.”

Como Polonia y Ucrania comparten frontera, se le interroga sobre qué le preocupa de la guerra:

“Estamos en una situación más o menos parecidas. Ustedes tienen problemas con Estados Unidos desde hace siglos y nosotros con Rusia. No es bueno tener al lado a un vecino fuerte. Históricamente nuestra relación con Rusia es muy complicada desde hace siglos. Nosotros estamos lejos de Estados Unidos, entonces por eso puede ser nuestro amigo, y para ustedes quizá Rusia puede ser su amiga.”

Se le menciona que el presidente de Polonia, Andrzej Duda, dijo hace unos días que apoyará la petición de Ucrania de adhe­rirse a la Unión Europea, y así concluye:

“Para Ucrania sería como salvarse, pero del otro lado es como provocar a Rusia. No hay una buena solución para esto. Está muy complicado.” 

Reportaje publicado el 29 de mayo en la edición 2378 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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