Historia

La cuna del zapatismo, bajo la losa del olvido

En la Casa del Doctor Margil, en Nuevo León, se fraguó un movimiento del que nacería el EZLN. Ahí se ocultaban militantes, armas y propaganda durante la persecución policiaca en los 60 y 70, y también en cateos judiciales entre 1994 y 1995. Hoy es un museo zapatista de puertas cerradas.
martes, 2 de enero de 2024 · 05:00

MONTERREY, NL (Proceso).– La Casa del Doctor Margil, en Apodaca, considerada la cuna del zapatismo nacional, se encuentra sin uso y olvidada.

En esta casa de seguridad fueron creadas en 1969 las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN), que con el paso de los años se transformaría en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

A 30 años del levantamiento de Chiapas, se ve sola la llamada Casa de Todas y Todos, sitio donde creció el arquitecto Fernando Yáñez Muñoz, quien adoptó el nombre de comandante Germán.

Aclara Patricia, una de las cuidadoras del inmueble: “En desuso no es precisamente la palabra. Digamos que hay escasa actividad. Y no es por desinterés, sino por desconocimiento que la gente no viene, y no se interesa por lo que aquí ha habido”.

Sala de las banderas. Foto: Luciano Campos Garza.

El también conocido como museo zapatista de Monterrey se encuentra en el número 400 de la calle Profesor Moisés Sáenz, en la colonia El Mezquital, en el municipio conurbado de Apodaca, 20 kilómetros al norte de la capital.

El transeúnte que va por la acera debe poner atención para ver la entrada discreta en forma de cochera, que tiene un breve letrero pintado a mano que indica que es la casa de todas y de todos. Un pintor elaboró motivos ecologistas de un insecto y una hormiga. Bajo la silueta de un árbol, también trazado con pincel, están las siglas FLN. El árbol es el que se encuentra en el centro del patio de la casa, y que le da referencia al sitio donde el doctor Margil Yáñez Fernández, padre de Germán, ocultó armas, propaganda y compañeros durante las épocas de persecución policiaca en las décadas de los 60 y 70.

En la pared de la entrada y en el portón negro de doble hoja hay algunos avisos de papel tamaño oficio que anuncian el pasado evento del domingo 17 de diciembre denominado “Encuentro estudiantil, conversatorio y convivencia sobre la resistencia”.

Dos perros ruidosos cuidan el interior.

Aquí no hay planeadas actividades conmemorativas por el levantamiento armado del 31 de enero de 1993, en contra del gobierno federal antidemocrático y por la reivindicación de los derechos de los indígenas.

La noticia del alzamiento subversivo se dio a conocer mundialmente hasta el día siguiente, 1 de enero de 1994.

Paredes desnudas

Sobre este domicilio fundacional de lo que se transformó en el movimiento zapatista, escribió el historiador Carlos Sánchez Vicente: “Aquellos jóvenes que en la casa del Doctor Margil decidieron en 1969 asistir al parto de un nuevo mundo, con su lozana generosidad, se fundieron desde ese momento con todo ese nuevo planeta, aún por nacer y con toda su historia”.

En el 2002, la casa fue un centro cultural y museo en el que se exhibieron objetos de valor histórico, como la computadora que utilizó el subcomandante Marcos para hacer sus comunicados, así como gafetes que entregó a los guerrilleros del EZLN del Congreso de la Unión para reuniones de interlocución.

Luego de estar cerrada durante años, en los cuales hubo en el interior actos vandálicos, la Casa del Doctor Margil fue reabierta en 2013 como museo y centro cultural.

Sin embargo, a partir de la pandemia, en 2021 cerraron la puerta y ya escasamente la abren, dice Patricia. El sitio está actualmente con llave y no reciben visitas.

Para acceder al edificio de dos plantas hay que pasar por un amplio patio, dentro del cual, en sus esquinas, hay residencias silenciosas.

La casa zapatista se encuentra en una esquina cercana a la calle.

Vivir por la patria. Foto: Luciano Campos Garza.

Sótano oculto

En el interior de la casa llama la atención un hueco en el piso que hay al traspasar la entrada. Es un sótano que puede disimularse con una pesada losa de concreto, con mosaicos iguales a los del resto del piso. Se requiere gran esfuerzo para desplazarla y abrir el hueco de un metro cuadrado por el que se desciende a un espacio en forma de almacén, con repisas vacías en las paredes.

Sobre la losa hay un mimeógrafo que alguna vez fue utilizado para imprimir volantes insurgentes.

En ocasiones, entre los años 1994 y 1995 hubo cateos judiciales para buscar zapatistas, pero nunca se descubrió la trampa que ocultaba el refugio subterráneo.

Toda la planta baja está prácticamente vacía. Llama la atención una pared en la que hay banderas de México, del FLN, EZLN, estas últimas con la estrella roja de cinco puntas y fondo negro que representan las luchas históricas de los trabajadores por su emancipación. 

También lucen una pintura de Fray Servando Teresa de Mier y otra del español Javier Mina. La pared es llamada la Sala de las banderas. Hay otro cuadro titulado “Vivir por la patria o morir por la libertad”, del FLN- EZLN; con nombres de dirigentes, bases de apoyo, milicianos e insurgentes. Se ve un abanico y una bocina y, bajo la escalera que da a la biblioteca, una marimba descompuesta.

Fuera de eso no hay nada más.

Por una escalera se accede a una vasta biblioteca repleta de libros diversos, que están en estantes recubiertos de polvo. Por ahora nadie se interesa en subir para hacer consultas.

Patricia dice que la casa actualmente se encuentra en remodelación y que esperan próximamente reabrirla al público.

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