Profanación a Luis Barragán

miércoles, 17 de agosto de 2016 · 13:22
La revista estadunidense The New Yorker confundió la semana antepasada a sus lectores mexicanos al publicar un texto como de literatura fantástica: la exhumación de los restos del arquitecto Luis Barragán de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres para, con parte de sus cenizas, realizar un diamante y engarzarlo a una sortija. Enterado del asunto real, Fernando González Gortázar, también arquitecto, dice a Proceso que se trata de “una historia enfermiza” y se manifiesta contra esa “exacerbación grotesca de la propiedad privada” por pretender que un patrimonio del mundo sea un coto privado. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Al escultor y arquitecto Fernando González Gortázar no le alcanzan los adjetivos calificativos para expresar su ira tras enterarse de que un puñado de las cenizas del genial artista tapatío Luis Barragán (1902-1988) fue convertido en una sortija de diamante, nombrada The Proposal (La Propuesta) y que se exhibe en el cantón San Galo de Suiza, “por una mujer que se hace pasar como artista conceptual: Jill Magid”. El escándalo surgió con “la monstruosa, grotesca, triste y asquerosa profanación al sepulcro de Luis Barragán”, cuyos restos en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres fueron exhumados el 23 de septiembre del año pasado “en completo sigilo”, por acuerdo del Congreso y autoridades estatales de Cultura con familiares del Premio de Arquitectura Pritzker 1980, más la estadunidense Jill Magid (Connecticut, 1973). “Me parece verdaderamente escandaloso que a casi un año después de ocurridos los hechos, nos estemos enterando, a través de la publicación estadunidense The New Yorker, de una de las historias más enfermizas, retorcidas, oscuras y desagradables que yo conozca, propia de una mala novela necrofílica. Sólo faltó allí la presencia de Igor, el ladrón de cadáveres del doctor Frankenstein en la famosa obra de Mary Shelley.” Pero el arquitecto González Gortázar aclara: “Frankenstein robaba en nombre de la ciencia y ahora roban cadáveres para fines privados de una supuesta artista”. Sugiere investigar y fincar cargos legales a quienes resulten involucrados “por profanar tumbas, hurto de restos humanos, violación de un monumento público y apropiación de bienes colectivos”. Además, exige que el anillo se deposite en el mismo sitio donde se sacó la urna de Barragán. En entrevista en su casa de la Ciudad de México, González Gortázar lanza con ironía: “¿O qué? A los restos de quienes están en el Monumento de la Revolución, el Ángel de la Independencia o la Rotonda de los Hombres Ilustres de México, ¿también puede llegar alguien para abrir las cenizas ahí y convertirlos en joyitas para uso personal?” El artículo de The New Yorker apareció el 1 de agosto. Las reporteras Dalia Zúñiga y Sonia Serrano publicaron a su vez, el 8 de agosto en NTR de Guadalajara, que en los registros del Congreso del Estado aparece un oficio recibido el 8 de mayo de 2015 y firmado por el entonces secretario general del Ayuntamiento de Guadalajara, Jesús Lomelí Rosas, en el que hace una consulta a los diputados para que comuniquen al municipio qué procedía ante la solicitud hecha por Hugo Barragán Hermosillo de extraer de la urna una pequeña muestra de cenizas. Con Hugo, familiares de Barragán se comprometieron a que el proceso se haría bajo “la supervisión de un notario”, y lo ejecutaría “un profesional designado por una agencia funeraria”. El oficio se envió al Congreso por acuerdo del entonces presidente municipal de Guadalajara, Ramiro Hernández García, y se turnó a la Comisión de Cultura, según consta en El Diario de los Debates de la sesión del pleno celebrada el 13 de mayo de aquel año. “A cada minuto aparecen nuevos cómplices en el gobierno de Jalisco, en el Ayuntamiento de Guadalajara, en el Congreso del Estado… y a saber en cuántos sitios más. No dudo incluso de que haya violaciones legales que cada quien debería enfrentar en su caso”, acusa González Gortázar, y resume “este macabro despojo” de la siguiente manera: “Una mujer que se hace pasar por artista conceptual va a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres de Guadalajara, ubicada en pleno corazón de la ciudad (y bordeada por la Presidencia Municipal, la Catedral y el Museo Regional), acompañada de dos obreros, notarios y al parecer también algunos burócratas, quienes violan la sepultura del arquitecto Luis Barragán, figura emblemática de nuestra cultura y personaje central de la arquitectura mundial del siglo XX. Colocan entonces las cenizas de este insigne personaje en una bolsa de plástico que, al día siguiente, la tal señora Magid se lleva a Nueva York y con las cuales manda a hacer, mediante proceso industrial en Suiza, un brillante de dos quilates que engarzan en un anillo, todo esto forrado de supuestos intereses altruistas o, mejor dicho, con aura de proyecto artístico.” El anillo de compromiso La propuesta se exhibe hasta el 26 de agosto en la Sala de Arte del cantón suizo San Galo (Kunst Halle Sankt Gallen), con el video de la exhumación (The Exhumation) por Jarred Alterman, y una serie de caballitos de plata –correspondientes a los 525 gramos de las cenizas extraídas–, cual ofrenda votiva. La gema irá al Instituto de Arte en San Francisco del 9 de septiembre al 15 de diciembre. Magid expone asimismo en nuestro país por segunda ocasión: se trata de la muestra Ex-voto (con La exhumación), en la galería de arte contemporáneo Labor que dirige Pamela Echeverría, a unos pasos de la Casa Luis Barragán en Tacubaya. Su asistente Mariana Wüell, coordinadora de prensa y del archivo Labor, informó a Proceso que la artista estadunidense no daría entrevistas. Este reportero le mandó un correo electrónico que, para el cierre de edición, la creadora del insólito proyecto multimedia Los archivos de Barragán respondió escuetamente diciendo que hablaría más adelante. Su primera exposición fue Mujer con sombrero en el Museo de Arte de Zapopan, Jalisco, en 2004, cuando Magid confesó: Fui contratada por la jefatura de policía en Ámsterdam para cegar sus cámaras de seguridad (System Azure, 2003), orquesté un juego de confianza sobre cámaras CCTV con la Policía de Liverpool (Trust, 2004), tuve una cita nocturna con un policía vigilando Manhattan (Lincoln. Ocean. Victor. Eddy, 2007) y fui contratada por el Servicio Secreto de Holanda… (The Spy Project, 2005-2010). En todos estos proyectos busco espacios inusitados para conectarme con sistemas inhumanos. (http://cream.mx/jill-magid/) Relatos de ultratumba Fernando González Gortázar, quien nació el 19 de octubre de 1942 en la Ciudad de México y se trasladó a los cuatro años de edad con su familia a la capital tapatía, donde realizó estudios en la Escuela de Arquitectura del Instituto Tecnológico de la Universidad de Guadalajara, denuncia: “Luis Barragán está siendo manoseado de la manera más vulgar y convertido perversamente en propiedad privada. Quiero que la Secretaría de Cultura de Jalisco diga los nombres de quienes acompañaron a esta violadora de sepulcros en su afanosa ambición.” Autor de Ignacio Díaz Morales habla de Luis Barragán, cita breves declaraciones de Magid a la publicación Código, del 4 de agosto: El permiso para tomar una porción de los restos de Barragán para hacer un diamante lo obtuve tanto por parte de la familia como del gobierno mexicano… Como mi contrato con la familia especifica, el anillo nos pertenece a mí y a la familia con algunas condiciones, incluyendo que nunca puede ser vendido… Sin embargo, como artista, soy la única responsable del anillo, incluyendo su producción, configuración, instalación, programación de préstamo y la propuesta a Federica (Zanco)… La doctora arquitecta italiana Federica Zanco es la propietaria del archivo de Barragán depositado en The Barragan Foundation (sic) de Basilea, Suiza, que dirige. Se cuenta que el archivo fue una propuesta de matrimonio a Zanco del suizo Rolf Fehl­baum, presidente de Vitra, quien hoy es su marido. “La tal señora Magid pretendía ingenuamente que, a cambio del anillo, los propietarios desde 1996 del archivo en la Fundación Barragán de Suiza aceptaran su propuesta de abrir al público ese archivo, cuyo hermetismo es manejado con una tacañería absoluta, y de ser posible se traslade el archivo a México”, relata González Gortázar. “Federica ha estado trabajando por 20 años con la publicación del archivo, yo incluso le regalé copia de algunos bocetos de Barragán en mi poder… Serán unos volúmenes monumentales creo que de mil páginas cada uno; pero las décadas pasan, esas obras no ven la luz y es la supuesta causa de que esté el archivo encerrado en Suiza. Si el archivo se queda allá abierto a los investigadores, es publicado y devuelto al Patrimonio de la Humanidad al que pertenece, me quedaría tranquilo, aunque no volviera a México… “Sin embargo, bajo ningún concepto esa sortija y su brillante puede considerarse propiedad privada de la señora Magid, y la única (y parcial) reparación posible es devolverla a la urna de la que fue sustraída la materia que lo formó, en la Rotonda Tapatía. El archivo fue legalmente comprado en Nueva York luego de que ninguna autoridad mexicana ni institución privada se interesó en él, y yo en lo personal no tengo objeción de que esté en Suiza, bien cuidado protegido y en proceso de ser publicado. “Contra lo que tengo todas las objeciones es con esa especie de obsesión hipercapitalista y de exacerbación grotesca de la propiedad privada, que hacen que algo que debiera ser patrimonio del mundo sea un coto privado.” González Gortázar recibió la noticia de la publicación de The New Yorker por un sobrino nieto de Luis Barragán “que me la reenvió alarmado y furioso”. En charla telefónica con la arquitecta directora de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán en Guadalajara, Arabella González Huezo, manifestó que de retornar el anillo al sepulcro de Barragán de donde salieron sus cenizas, podría provocar la tentación de otros saqueadores de tumbas. “Leyendo la nota con la entrevista que me hizo un diario europeo (El País, 11 de agosto), ahí dice que Federica Zanco no se cierra a la posibilidad de traer los archivos a México. Si esto fuera así, yo le pediría al gobierno de México una sola cosa: ¡que le tome la palabra!” Y repitió a Proceso lo escrito en su sitio oficial de Facebook: Respecto a las recientes notas sobre el anillo con las cenizas de Luis Barragán, queremos comunicarles que la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán es ajena al proyecto de la artista norteamericana consistente en exhumar una parte de sus restos para hacerlos diamante. Al parecer es un acuerdo de la artista con una parte de la familia de Barragán… A su vez, la usuaria Emma Barragán escribió los siguientes comentarios (ver: https://www.facebook.com/emma.barragan.7773): Los herederos del arquitecto Luis Barragán Morfín no todos fuimos convocados a esas reuniones, por eso pido se me informe de los “acuerdos” a los que llegaron, y si Hugo Barragán Hermosillo es la cabeza de este gran negocio, que nos invite. Soy Emma Rosa Barragán Flores, hija del ing. Juan José Barragán Morfín y media hermana de Hugo… No me parece correcto el negocio que están haciendo con archivo, planos y cenizas de mi tío, yo también soy heredera y no se me comunicó nada… yo soy su sobrina (de Luis Barragán) y me niego a que hagan ese anillo, es una locura… Insiste González Gortázar: “Hay demasiadas preguntas que los involucrados deben respondernos… Jill Magid ha hecho que ahora Barragán no sólo tenga los pretensos dueños suizos-italianos, sino que haya una ‘segunda dueña’ que es capaz de fotografiarse en la casa de Barragán recostada en un mueble y con los pies en otro mueble, muy al estilo del cliché prepotente de las películas gringas, ¡es una infamia! ¿Quién cuida este patrimonio? ¿Quién cuida el que Luis Barragán siga siendo propiedad del mundo y de los mexicanos entre el mundo?” –Ante todo esto, ¿qué piensa que se debe hacer? –Primero que nada, deslindar responsabilidades. Si hay autoridades involucradas en la profanación, deben dar la cara y demostrar que actuaron de acuerdo con las leyes, los permisos que dieron, para que la opinión pública sepa la verdad; y si hay responsabilidades legales que fincar, que se hagan, incluyendo a la señora Magid, quien está violando una de las tradiciones mexicanas más arraigadas: el respeto a los difuntos. Los deudos de Barragán somos todos los mexicanos y, por tanto, debe devolver el anillo. Colegios de arquitectos, la Fundación Luis Barragán, secretarías de Cultura federal y estatal, el Congreso de Jalisco y la opinión pública deberían hacer algo”. –Para la secretaria de Cultura de Jalisco, Myriam Vachez Plagnol, quien avaló y presenció la exhumación, “no es faltarle al respeto a nadie que una parte de tus cenizas sea convertida en diamante”. Literalmente, consideró eso “muy poético en lo personal, artísticamente hablando”, y que “puede haber mil opiniones, pero no me parece que vaya en contra de la ética” (Reforma, agosto 10). –El que ella como secretaria de Cultura de Jalisco considere “poética” semejante monstruosidad, no la autoriza a disponer de los restos de un artista emblemático y central del siglo XX, ni “regalárselos” a una particular para que haga con ellos lo que le dé la gana. “No puede haber mil opiniones, como afirma; se trata de los restos de un prohombre depositados en un monumento público y por tanto son patrimonio colectivo, no de la funcionaria que está de paso.” El arquitecto, quien hacia 1973 diseñó La gran espiga en el puente del cruce entre la Calzada de Tlalpan y Avenida Taxqueña en la Ciudad de México (escultura monumental que hoy palidece abandonada por las autoridades perredistas de la Delegación Coyoacán, sin iluminación nocturna ni una manita de pintura), concluye: “Ahora que en Jalisco piensan hacer un museo en la primera obra de Luis Barragán en Chapala, debemos impedir cualquier profanación al máximo maestro de la arquitectura mexicana.”

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