'Do not disturb”

viernes, 30 de marzo de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Medea y Antígona son dos mujeres de la mitología griega que se manifiestan contra el poder y se guían por la impronta de la justicia, para reconocer que los actos son los que verdaderamente reflejan a las personas, expresan su congruencia y confrontan a la mentira. En Do not disturb, Medea y Antígona son dos recorridos vitales, dos historias contadas en fragmentos sin necesidad de la linealidad o la anécdota. Son distintos momentos desarrollados en todos los espacios de la casa en donde habita el Foro Un Teatro que los espectadores visitan como intrusos y a la vez como participantes. Do not disturb es el título que su directora y creadora Jessica Sandoval da a esta propuesta interdisciplinaria y en movimiento, y quien también es la fundadora y directora de Un Teatro. Hace alusión a los letreros que se ponen en las puertas de los hoteles para que nadie pase y que aquí, nosotros, los espectadores, nos entrometemos para ser testigos de la intimidad de estos personajes. Los espacios son instalaciones magníficas diseñadas por Mauricio Asencio y crean espacios originales y atractivos estéticamente. Hay habitaciones con espejos donde se refleja y multiplica Medea; un lugar en el que penden muchísimas piedras de diferentes tamaños enredadas con un hilo; una mesa doble con un servicio para cenar en cada extremo o un venado con un letrero luminoso que nos extraña. Nos reunimos en el bar cabaret para conocer, a través del canto y la plática, a Medea, interpretada por Gabriela Rosero, a Antígona, por Penny Pacheco y también a los dos Creonte y a Jasón (Raúl Balderas, Miguel Ángel López y Raúl Mendoza) que nos cuentan en bajito y nos hacen preguntas inquietantes. Después está Ismene (interpretada por la bailarina Andrea Rivas), reclamándole desde la escalera a Antígona. Los espectadores se dividen en grupos, según al personaje que quieran seguir, y caminamos en direcciones opuestas para adentrarnos en los camerinos, los pasillos, las escaleras (donde está Ismene reclamándole a Antígona) o las habitaciones y el mismo Foro en donde concluye la obra. Ahí se reúnen todos los personajes para expiar sus culpas. Un infierno fantástico con piso de arena y un muro donde pegados a él se descomponen y componen para lanzarse hacia nosotros. En Do not disturb la experiencia es multidisciplinaria. Los personajes expresan con palabras sus reclamos hacia los dioses o hacia quien las reprime; dialogan o pelean con su voz y su cuerpo; y realizan coreografías, por lo general violentas, repetitivas o estáticas, para transmitir sentimientos, vivencias y estados de ánimo. El recorrido es gozoso; con sorpresas que nos mantienen a la expectativa. Es divertido y al mismo tiempo nos lleva a la reflexión a la vez. Nos dejamos guiar y nos sumergimos en cada habitación, como si fuéramos parte de la historia. En un momento determinado jugamos al teléfono descompuesto donde un personaje dice a alguien un secreto y se transmite entre la concurrencia de uno en uno: “Si justicia es dar a cada quien lo que te toca a ti, qué te toca”. Una frase que encierra gran parte del contenido de la obra, que nos vincula y nos incluye en la mitología de dos mujeres que están dispuestas a llegar tan lejos como sea necesario para imponer su verdad. Los mitos de Antígona y Medea, escritos por Eurípides y adaptados en esta ocasión por Ro Banda, son revitalizados creativamente por la directora y coreógrafa Jessica Sandoval, en su tercera temporada, con la colaboración de Sebastián Sánchez Amunátegui y la composición musical de Luis Felipe Tapia. Esta reseña se publicó el 25 de marzo de 2018 en la edición 2160 de la revista Proceso.

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