Recordando a Jesús González Dávila

martes, 13 de octubre de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Este año se conmemoran 20 años de la muerte de Jesús González Dávila (1942), autor de obras representativas en nuestro teatro nacional: De la Calle, El jardín de las delicias, Muchacha del alma y Amsterdam Boulevard, entre muchas otras. Su obra más reconocida fue la primera, llevada a escena por Julio Castillo en el teatro que hoy lleva su nombre y que causó revuelo debido al tratamiento de los personajes, las situaciones conmovedoras vividas por su protagonista, la calidad de los diálogos y la propuesta escénica tan impactante. De la calle (1987) nos habla de nuestra ciudad y de los que viven en sus márgenes. De los que no esperan nada y sólo una luz de esperanza suena al rememorar la feria a donde Rufino se encontrará con Xóchitl. En De la calle, que obtuvo el Premio Rodolfo Usigli UNAM 1985, las condiciones de vida son paupérrimas, pero dichas con la poesía de un autor que ve el fondo del alma, sin filosofar y sin compadecerse de nadie, porque en sus obras González Dávila, habla desde esa orfandad con la cual siempre se identificó y que fue su materia prima para escribir sin parar muchas obras desoladoras pero vistas desde esa ternura que hacía que el espectador empatizara con los personajes.
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En De la calle Julio Castillo también vertió sus experiencias de infancia al margen de la comodidad, pero sí desde la fuerza de la vida. La obra se hizo cine, y se llevó a escena en varias ocasiones. Otras de sus piezas, también llevadas al teatro, contaban historias de nuestro México, desde la familia. En los ochenta, Pastel de zarzamoras fue el punto de partida para hablar de una familia depauperada que guarda secretos y donde la violencia y los sinsabores cotidianos se van develando desde un realismo escalofriante. Amsterdam bulevar (1986), El jardín de las delicias (1984) y Muchacha del alma (1985) –esta última protagonizada por Cecilia Toussaint y dirigida por José Estrada en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz–, son obras que hablan de cada uno de los integrantes de esa familia rota que dejó una huella de dolor en cada uno de ellos; la hermana que quiso ser cantante o el loco que termina en un manicomio. La fábrica de juguetes, Polo pelota amarilla y El pájaro Caripocápote, son piezas para niños que tenían el don del juego y del mundo imaginario y lúdico, pero que no dejaban la tristeza a un lado. Los niños prohibidos es una de las más representadas, aunque no para el auditorio infantil, pues el abuso y el poder hacia los niños dejan al público con un hoyo negro en el corazón.
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Son pocas las publicaciones que conservan sus obras porque gran parte están ya fuera de circulación. Antonio Escobar lo ha estudiado a fondo y publicado su trabajo en el CITRU. Otras instancias que lo han editado son Conaculta, la Universidad de Puebla, Plaza y Valdés, Paso de Gato y Editorial Árbol. Jesús González Dávila fue un autor incansable que formó parte del taller de Vicente Leñero por muchos años, y con el que compartimos un sinfín de versiones de sus obras. Siempre estaba dispuesto a buscar otras formas de decir las cosas, de narrar o de contar su historia. Su risa contagiosa y la excitación con la que abordaba cada uno de sus textos era una motivación más para que la escritura se viera como un acto gozoso. A 20 años de su muerte lo recordamos y extrañamos su teatro que hoy poco se lleva a escena. Jesús González Dávila es un gran dramaturgo que habla desde las entrañas de un mundo marginal cada vez más acrecentado en nuestro México herido.

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