Félida Medina y Mónica Kubli (2)

martes, 14 de abril de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Así como Félida Medina fue pionera en la inclusión de las mujeres en el campo del diseño escenográfico y de iluminación en México a finales de los sesenta, a Mónica Kubli tampoco le fue fácil su trabajo en esos ámbitos. En su carrera, que inició en los ochenta en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, fue dando pasos firmes, no sin batallar con los técnicos de los teatros para que sus propuestas se realizaran sin peros y para que la incluyeran en los equipos de trabajo de producción institucional, hecho que se repite aún para muchas mujeres escenógrafas. Ella, fallecida de cáncer el 22 de marzo, trabajó en 1986 como recién egresada del Centro Universitario de Teatro El rufián de la escalera de Joe Orton, que dirigió Ángeles Castro, de su misma generación, con iluminación de Tere Uribe. Su diseño fue de carácter realista, y a esa propuesta le siguieron otras, como El extraño jinete de Michel de Ghelderode, en 1993, en el Teatro Granero, puesta por Nina Serratos –con la que fundó Teatro de la Oca–, donde jugaba con espacios simbólicos. De esa obra señaló Rascón Banda en Proceso: “Mónica Kubli crea un ingenioso carrusel de la muerte, una jaula de redes que gira como la cárcel del mundo”. Su capacidad imaginativa la llevó a diseñar y ambientar espacios para directoras como Hilda Valencia, con la cual en 2012 hizo la iluminación de El médico a la fuerza en el Teatro Jiménez Rueda, y en 2015 iluminó Notas urbanas, del coreógrafo Duane Cochran, en el Palacio de Bellas Artes. Trabajó con Marta Luna en Barroco (2015) y Poseídos (2016) en el Círculo Teatral. Nota relacionada: [embed]https://www.proceso.com.mx/625632/felida-medina-y-monica-kubli-1[/embed] Desde 2009, éste se convirtió en su casa artística, colaborando creativamente con Víctor Carpinteiro y Alberto Estrella como directores, autores y anfitriones. Ahí su imaginación se dio vuelo y se lanzó a la experimentación, a la búsqueda de espacios arriesgados y a propuestas con lo mínimo y lo máximo. Incorporó el video y resignificó el piso pintándolo con elementos de la naturaleza, trazos geométricos, texturas o tableros utilizados de formas diversas. Las sillas fueron sustanciales para darle asidero al trabajo actoral y para buscar formas realistas u oníricas en el diseño del espacio. Por ejemplo, en la obra La visita del ángel, de Vicente Leñero, producida en 2016 por María Antonia Yanes, incluyó a los espectadores en la casa de los ancianos sentándolos en sillas, todas diferentes entre sí, en los límites del foro escénico. Ángeles Marín fue la protagonista de varios unipersonales dirigidos por Víctor Carpinteiro, donde Mónica Kubli ideó, como en Delirio…3:45 am (2017) de Verónica Musalém, un columpio muy particular en el cual sucedía toda la acción, y en La danza circular de María (2014), de Medardo Treviño, exploró con tablones de madera, colocando a los espectadores en ambos lados y una silla donde Marín desplegaba su gran capacidad histriónica. Y diseñó un espacio oscuro en Permanencia involuntaria de Vicente Ferrer. Sus últimos diseños fueron para las obras Sombras en el paraíso y El consultorio de la doctora Spellman, escritas por Alberto Estrella desde una perspectiva realista. Entre sus diseños más abstractos se encuentran las obras Ideósfera, de Marisol Flores (2004), y Perdida en los Apalaches, de José Sanchis Sinisterra (2014), dirigidas por Gema Aparicio. En la primera experimentó con cajas de cartón de diferentes tamaños, y en la segunda con el blanco total y los acrílicos para manejar realidades paralelas y la mezcla de tiempos. La creatividad de Mónica Kubli se fue perfeccionando hasta llegar a propuestas sumamente atractivas que iban del rigor realista a un surrealismo desbocado. Ella, una de las grandes escenógrafas e iluminadoras de nuestro tiempo, nos deja con su experiencia y su gran capacidad creativa.

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