A la memoria de Tomás Urtusástegui

miércoles, 22 de abril de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).-  El pasado 8 de abril murió el dramaturgo Tomás Urtusástegui. Su afán como dramaturgo, maestro y promotor de su trabajo lo mantuvo activo y participativo, respaldado por las 500 obras que escribió, de las cuales más de 200 fueron llevadas al escenario. Éstas se montaron extensivamente en el interior de la República y hasta una compañía, un teatro y un premio llevan su nombre. Por su labor obtuvo reconocimientos y homenajes. La Compañía de Teatro infantil Tomás Urtusástegui, conformada por niños bajo la dirección de Martha Valdivia en la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, es un ejemplo claro de cómo este dramaturgo contagió e impulsó el teatro a todos los niveles. Grupos estudiantiles, amateurs y de compañías de todo tipo llevan a escena sus obras, que van desde el teatro infantil hasta pastorelas, farsas, comedias y dramas. La canción del sapito Crocro, montada por Leonor Azcárate en el Teatro Wilberto Cantón en 1984; Aguas con las aguas, dirigida por Pilar Souza en 1990, y Fabricante de nubes, que obtuvo el Premio Nacional de Teatro Infantil del INBA, en 1988, son algunas muestras de su producción en el género. Sus pastorelas eran muy solicitadas en los períodos navideños, y escribía por encargo para diferentes elencos teatrales. Entre las montadas están Cuando veas la cola de tu vecino arrancar (1984), Ajúa, un huerco va a nacer (1986), ¿Dónde diablos está el niño? (1993) y Baila mambo Lucifer (2004). Sus piezas más controvertidas fueron de carácter escatológico y las dirigió arriesgadamente Enrique Pineda: Huele a gas (1987) y Agua clara, con la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana (1991). En aquella, que se presentó en el Foro Shakespeare, planteaba el conflicto de un grupo de personas de la alta burguesía a la hora de la cena, donde se desa­tan múltiples animadversiones al averiguar quién de ellos se echó esos pedos que apestan. Agua clara, por su parte, trataba de un hombre que, al no haber agua, no puede jalarle al excusado después de haber defecado, implicando la intromisión de los vecinos. Entre las piezas más exitosas se encuentran Cupo limitado, dirigida por Morris Savariego en el Foro de la Conchita, con más de 400 representaciones, abriendo un espacio escénico y una situación dramática interesantes para experimentar: un grupo de desconocidos se queda encerrado en un elevador. Sangre de mi sangre fue también una puesta en escena de gran calidad dirigida por María Muro en 1992 en el Teatro Casa de la Paz, en donde participaron Rita Guerrero, Luisa Huertas y Luis Rábago, entre otros, y la cual obtuvo siete premios de la crítica.  Para televisión Enrique Alonso llevó La nueva arca de Noé, en 1988, y actuó y dirigió su propia obra infantil El árbol del tiempo. Escribió la telenovela Divorciadas, de 640 capítulos. La comedia y el melodrama fueron géneros que desarrolló con gran habilidad. La Duda, dirigida por Karina Duprez en el Teatro Julio Prieto en 1991, llegó a 800 representaciones, y en 1995 Carmen Montejo la presentó en Miami, Florida, Estados Unidos. El divertido monólogo Drácula gay, dirigido en 1990 por Olga Consuelo Mejía, llegó a 100 representaciones en el Foro Gandhi. Tomás Urtusástegui participó por más de 10 años en el taller de Vicente Leñero, y en la Sogem fue director de su Fundación, consejero de la rama de teatro y maestro en su escuela. Un autor incansable que provocó admiración y cariño entre muchos entusiastas del teatro, amigos, colegas y colaboradores. Su obra seguirá teniendo impacto en los escenarios mexicanos y su futuro homenaje será muy bien merecido. 

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