Lucidos

domingo, 22 de mayo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El gobierno le pagó 50 millones de dólares al Cirque du Soleil para que hiciera un espectáculo sobre México. El boletín de la Secretaría de Turismo dice que, en siete años, esa obra se representará en 450 ciudades, es decir, que los actores se van a cambiar de escenario cada cinco días. La interpretación circense se llama Luzia. Así soñamos México y, aunque tenga el nombre de la patrona de los oftalmólogos en portugués y el nombre del Partido Liberal del siglo XIX en Brasil, para los canadienses es Waking Dream of Mexico, algo así como “El sueño del despertar de México”. Como ustedes todavía no pueden pagar sus mil dólares por verla, esta columna ha conseguido una filtración. Éstas son partes del espectáculo a las que hemos tenido acceso gracias a un videoaficionado. 1. En el comienzo vemos a Henri desconcertado por la pérdida de su esposa, a quien busca entre los colchones y la pared de su recámara. Entre tules vaporosos, Henri baila por los caminos terregosos de Atracomucho hasta encontrar a La Prometida, una sensual y atractiva mujer que le promete salir en la televisión. Tras concursar y ganar comprando al público, Henri obtiene el premio mayor: se convierte en rey de Petroland. 2. Seis trapecios volantes aparecen suspendidos. De ellos se columpian Los Burócratas, en cuyas solapas podemos ver la magia de cómo se transforman en miembros de partidos distintos, pero unidos por la música a cargo de Los Patrones de Badiraguato. Abajo de las redes de protección vemos emerger a cientos de monstruos de las fosas clandestinas. La Muerte aparece brincando con pasos de ballet con el número 43 en la frente. 3. De vuelta al festín de Henri –riguroso fracking– éste firma miles de reformas para hacer de Petroland un paraíso fiscal y de inversiones golondrinas, representadas por unas gaviotas que circulan alrededor de dos palmeras. La escena más conmovedora es cuando Henri les roba a los pobres para darles a los panameños. Las gaviotas se convierten, entre las sombras, en consejeros electorales. 4. La Prometida hace acrobacias entre dos trapecistas vendados y amarrados con correas de muñecas y tobillos. Todos los equilibristas están dentro de una burbuja de cristal, La Casa Blanca, que –el público no lo sospecha– conecta con una pista aérea. Los que cuelgan de las muñecas, de pronto, se multiplican, y La Prometida, del brazo de Henri, huye en el avión presidencial. 5. Ya en el Palacio de Buckingham toman el té con la reina repitiendo la palabra “infrustruktur”. Hasta ahí se arrodilla ante ellos el Papa seguido de una corte de columnistas de sociales y Lily Téllez. La Prometida y Henri son propulsados por un helicóptero hasta el cielo del auditorio para fundirse en pleno vuelo. 6. El número cómico está a cargo de Gargamelle, un payaso triste –aunque él mismo dice que está cansado–, quien aparece sembrando cansinamente en un basurero casquillos de armas de uso exclusivo del ejército para, luego, prenderle fuego. Aparece detrás un bailarín, Virgilio, que guiará alegremente al payaso repartiendo 450 dólares diarios para sus viáticos en Europa. Todos se reúnen en los canales de Venecia y esta parte termina con la aparición, entre nubes, de un candidato independiente que anula votos. 7. De vuelta al palacio de Petroland una marioneta gigante firma decretos, dirige discursos y aparece junto a un conductor cuya camiseta dice: “Chínguenle más” –en la parte delantera– y cuando se voltea se puede leer: “Ya chole con tus quejas”. Hacen un dueto apoyados en bastones que parecen extensiones de sus propias declaraciones patrimoniales. 8. Y viene la escena que será la más comentada: vuelos en picada con acróbatas disfrazados como militares entre luces que simulan un combate sobre el público que corre entre las butacas sin encontrar las salidas de emergencia. Ésta es una demostración del teatro interactivo donde el propio público participa como víctima. 9. Tras esta tormenta, se descansa con el número enternecedor de Henri peinándose con gel ante un enorme espejo que le devuelve imágenes de Margaret Thatcher. Él hace un gesto para tomar de la mano a La Prometida, pero ella está distraída comprando vestidos en Carolina Herrera, elaborados en el tradicional papel picado de colores chillantes. Pero Henri no se abate ante el desdén del destino y, con orgullo, levanta el mentón para verse en la Historia. Aquí es donde aparece la idea que el circo canadiense tiene de México: un mural de Diego Rivera en el que los conquistadores españoles masacran a los indios populistas, los hacendados a los zapatistas mesiánicos y Los Burócratas terminan con el peligro para México. Todos expulsan a los peritos forenses. 10. Petroland emerge de un pantano de chapopote, blanco y lustroso, en cuyo interior de cristal desfilan nuevamente todos los entrañables personajes que hemos conocido. Saludan al público y aquí sí, hay que aplaudir. El escenario queda en la oscuridad. De un haz de luz emerge Henri, quien despierta de su sueño. Bosteza contorsionándose en su pijama. Parpadea ante el vacío, perplejo, aunque elegante. Con los brazos abatidos se dirige entonces al público. Pronuncia la única frase en todo el espectáculo: “Estamos lucidos”.

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