Tele-rifa

domingo, 4 de septiembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Sudorosos, expectantes, abrimos el power point –en español: dícese de las nupcias entre la administración de empresas y el kínder– y teníamos ante nuestra anacrónica mirada –la que se educó leyendo ediciones Porrúa de doble columna– la idea sobre la que se basó la “nueva Televisa”. El anuncio de los nuevos programas de Televisa no tuvo mucha importancia –el dueño de la televisora monopólica en su propio noticiero–, no sólo porque nadie babeó hincado en su propio estadio de futbol, sino porque la tesis de licenciatura del Presidente resultó que fue un plagio. También porque, en el primer día, los programas “de estreno” no eran diferenciables de los anteriores. Y nos referimos a los de hace treinta años. Pero no nos importó. Igual quisimos adentrarnos en ese indómito continente de la mercadotecnia. Firmado por De la Riva Group, cuyos clientes han sido empresas de jugos, aseguradoras, un banco y otra tarjeta de débito, y que presume de hacer sus estudios midiendo las “reacciones fisiológicas” de sus potenciales clientes y de leerles las expresiones faciales, el estudio se llama “México rifado”, según Jenaro Villamil (Proceso, 2077) –lo cito para no ser acusado de “errores de estilo” –, repartido entre “creativos” y productores de la televisora durante todo este año. Lo primero es “lo rifado”. Pensamos que, por fin, el país iba a ser subastado a la suerte –o la presidencia de la República, como parece que ya ocurrió– pero nos abismamos con el nuevo concepto: “no ser un chingón, sino rifado”. En busca de una luz, el texto –más dibujos que letras, porque se sabe que los “creativos” retienen mejor con el puro hipotálamo– establece una diferencia entre “competitivo” –un encorbatado se vanagloria en la cúspide de una montaña de cadáveres– y “competente” –un dependiente de las Farmacias Similares con un juego de alas mecánicas–. Vaya. No entendimos. Es la sección llamada “10 cambios de actitud” donde se oponen conceptos que hasta este momento no nos parecían oponibles: un televidente quejándose de si fue penal o no contra un jugo de apio; las lágrimas de unos ojos contra Mary Poppins; un globito de historieta con “bla-bla-blá” contra un muchacho con una manta donde se lee “Feliz Cumple, bache”; un aguacate contra una botella de merlot; un licenciado regalando una despensa contra una pareja sembrando una planta; un doberman contra un perro chihuahua; un hombre enojado sobre un charco de sus lágrimas –al menos queremos creer que de eso está lleno el charco– contra una yogui meditando. Si leemos –pero qué fiaca– desentrañamos que se trata de ir de las “soluciones del pasado” a las “renovadoras”. Por alguna razón, es ir de Porfirio Muñoz Ledo –al que califican como “impostado, teatral, uniformado, demagógico y vertical”– a Marcelo Ebrard –“conversacional, convivial (será por las vialidades), semi-formal y horizontal”– o, extrañamente, del mariachi a Café Tacvba, o del tequila al mezcal. No sé qué oyen o beben Muñoz y Ebrard pero los ejemplos contienen la llaneza y claridad de un códice maya. Hay otra referencia a la política vernácula: un dibujo de un muchacho furioso, con una camiseta anarquista, y un letrero: “Fue un compló”. No se sabe si eso pertenece a las “posiciones que asumimos como víctimas, que nos hacen impulsivos y vemos todo en blanco y negro” o a el “estar hasta la madre no es tan malo; es un detonador de movimiento”. Tampoco supimos a cuántas víctimas no impulsivas, de las prudentes, les midieron sus reacciones fisiológicas o si la referencia al blanco y negro tiene que ver con la televisión que hace Azcárraga. Hay sí, un Chapulín Colorado en la línea de salida de una carrera deportiva bajo el lema “Todo tiempo pasado fue mejor” y cuya meta es un señor de frac –quizás Alejandro G. Iñárritu– con un Óscar en la diestra y una rubia a la siniestra. En búsqueda de lo “rifado” nos topamos con otra sección, “Marcas para inspirar” donde departen, en un collage, fotografías de Andrés Bustamante disfrazado de Ponchito, Guillermo del Toro y Lila Downs con las botanas Takis. En el lugar donde en un estudio cualquiera estaría la conclusión, encontramos –dejamos de sudar en este punto– algo llamado “Los Cuatro Ingredientes del Mexicano Emergente”. Primero supusimos que hay “un mexicano”, luego, que existía otro “decadente” o ya, de plano, muy hundido. Luego, leímos casi con voracidad por los nuevos saberes mercadológicos esta estampa de la novedad de la Patria: “la amistad, el ingenio, la profundidad y el diseño”. Sin reponernos todavía del choque cultural, pensamos en las películas de Pedro Infante –donde todos son tan amigos como Azcárraga y Pepe Bastón– en el ingenio de Tin Tán y los diseños de las letras de México 68. La novedad tenía que estar en “la profundidad” –dicho por un power-point–, así que pasamos al texto: “Somos un país de muchas capas y contrastes. Quedarte en una sola, por profunda que sea, es desaprovechar la sorpresa”. Los mariachis callaron. Y no sonó Café Tacvba. Habíamos llegado al pozo profundo de donde abrevó la “nueva Televisa” y habíamos encontrado nuestro propio reflejo: los años cuarenta nomás que con mezcal, jugo de apio, y yoga. El estudio que nos exhorta en las últimas imágenes a “emprender con ingenio, no sólo con esfuerzo, a rediseñar la cultura, no sólo para rescatarla”, nos había quedado mal. Pero decirlo, quizás le pertenecía al “México residual”, no al “emergente”. Había que ponerse “conviviales”. Ya en el café –¿o debíamos estar echando mezcales?–, la cabeza de uno de los que hacen esta columna –nuestra “unidad especial de investigaciones especiales”– “emergió” tallándose los ojos por tanta hora-pantalla: –Y, a todo esto, ¿qué se “rifaba”?

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