El talento, la miseria y el suicidio

martes, 11 de julio de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Nadie rebaje a lágrima o reproche. El pasado miércoles 5 llamó al programa de radio del popular locutor Toño Esquinca una mujer. Participó en un concurso y al preguntarle a qué se dedicaba dijo que a la prostitución. Esquinca no se resignó a que la radioescucha se dijera satisfecha de su oficio y le ofreció trabajo administrativo en la estación. Me pregunté si se conmovería con la llamada de un escritor. Este oficio ha cambiado, en parte justificadamente, con la pretendida democratización del trabajo intelectual. Sin embargo yo no creo en ésta; lo que se observa es una sustitución de la artesanía intelectual y artística por formas miméticas de reproducción de valores, incluidos los estéticos. Particularmente la muerte de algunos escritores le da forma definitiva a su vida, aunque no por fortuna a su obra, y lleva a los lectores a cuestionar los papeles de la industria editorial y la academia. Si están en proceso de industrialización, adivinen quiénes son los obreros. El pasado 10 de junio se dio a conocer que el escritor español Juan Goytisolo falleció en "un antiguo hostal Marrakech", donde vivió con una familia marroquí. La nota de Francisco Peregil en El País recupera sus últimos años. Enterado de sus apuros económicos, en 2004 el Instituto Cervantes lo contrató para dar conferencias e "intercedió para que le encargasen cursos de verano". En 2017 el diario mencionado, que le pagaba 250 euros por artículo, comenzó a darle una mensualidad de 3 mil euros, de los que le quedaban 2 mil 200 tras impuestos. En 2014, a los 83 años, Goytisolo escribió una última voluntad que no llegó a notariar: “Mi decisión de recurrir a la eutanasia a fin de no prolongar inútilmente mis días obedece a razones éticas de índole personal. Desaparecida la libido y con ella la escritura, compruebo que ya he dicho lo que tenía que decir. Tampoco mi cuerpo da para más. Cada día constato su deterioro y antes que ese declive afecte a mi capacidad cognitiva prefiero anticiparme a mi ruina y despedirme de la vida con dignidad. La otra razón de la eutanasia es la de asegurar el porvenir de los tres muchachos cuya educación asumo. Me parece indecente malgastar los recursos limitados de que dispongo, y que disminuyen a diario, en tratamientos médicos costosos en vez de destinar este dinero a completar sus estudios. Por todo ello, escojo libremente la opción más justa conforme a mi conciencia y respeto a la vida de los demás”. Siete meses después de escribir ese documento le cayeron 125 mil euros: el monto del Premio Cervantes, que en 2001 consideró producto de "la putrefacción de la vida literaria española". Dice Peregil: "Goytisolo terminó aceptando el premio y eso lo hundió más en su depresión. Porque continuaba sin fuerzas para escribir y era consciente de que se había contradicho al aceptarlo." A principios de marzo de 2016 fue a París, adonde un amigo lo invitó para que se reanimara. Recibió una llamada telefónica Carole –hija de su esposa Monique Lange, fallecida en 1996–, quien se había separado de su marido y necesitaba dinero. El escritor le dijo que no lo tenía, pero se citaron para cenar la noche siguiente. Al mediodía Goytisolo se enteró del suicidio de Carole. En la Semana Santa del año pasado Goytisolo fue al café como cada tarde, se cayó en las escaleras y se fracturó el fémur. Lo internaron en una clínica que no cubría su seguro y él, con tal de no gastar el dinero que necesitaba para la educación de sus ahijados, se salió de la clínica con insuficiencia respiratoria, flebitis e intensos dolores. Esa noche su salud empeoró y fue necesario que varias autoridades intervinieran para que la clínica lo readmitiera. Tres días después lo trasladaron a un hospital de Barcelona, donde permaneció un mes. De vuelta a Marrakech, el pasado 18 de marzo sufrió un ictus cerebral e ingresó en otra clínica local. Cuando recobró la conciencia pidió irse a casa, lo que hizo después de tres días contra la opinión de los médicos. A los dos días perdió el habla, a los cuatro el movimiento. Después tuvo dificultades para respirar y murió. Peregil cita un fragmento del discurso de Goytisolo en el Premio Cervantes: "¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miseria que padeció (Cervantes), su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?" Gregorio Selser Nacido en Buenos Aires el 2 de julio de 1922, el periodista, sociólogo e historiador argentino Gregorio Selser murió el 21 de agosto de 1991 en la Ciudad de México. En una entrevista con su hija Claudia, publicada de forma póstuma en el suplemento El Gallo Ilustrado de El Día en 1992, Selser hizo este autorretrato: “A los nueve años era como una especie de pequeño monstruito por mi capacidad de retener las palabras difíciles (…) Tenía un diccionario que me regaló mi hermano mayor, Isaac, y siempre andaba con él. Nunca me propuse conocer el significado de las palabras para ‘brillar’ y asombrar al prójimo, sino que simplemente era tal mi avidez que leía y leía. (…) A los 11 años ya tenía leído todo Emile Zola, a los 12 leí Los Miserables, que aún sigo diciendo que fue la novela que más me impresionó y que, creo, me enrumbó en mi camino”. A los 15 Gregorio vendía bonos para colaborar con la causa republicana en España. Sus convicciones y su enorme capacidad de análisis lo llevaron a ser secretario privado del líder socialista argentino Alfredo Palacios. En su país desarrolló una importante labor editorial y fue profesor en la Escuela Superior de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En 1976, al sobrevenir la dictadura militar de Jorge Rafael Videla, le avisaron que su nombre figuraba en la lista de sentenciados por la Triple A y emigró a México. En este país Selser contactó con académicos latinoamericanos y estadunidenses, corresponsales extranjeros e incluso políticos a los e entrevistó. Además tuvo al alcance publicaciones y documentación de primera mano originada en Estados Unidos y América Central. En 1981 le comentó a Bardini: “Si yo hubiera sabido que iba a disponer de tanta información, me hubiera exiliado 10 años antes”. Selser llegó con su esposa Marta Ventura –quien compartió su titánica labor documental y preservó su acervo para la ciencia social latinoamericana– y con sus tres hijas, que también serían periodistas. Vino gracias a un contrato del Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales (ILET), que dirigía Luis Echeverría Álvarez. “Le dieron visa de trabajo, por eso pudimos venir todos; el ILET hacía investigaciones sobre las transnacionales y era apoyado por fundaciones europeas”, dijo Ventura. “Iniciaba a las ocho de la mañana, hora en que empezaba a recortar periódicos. Recibía cinco diarios de México y The New York Times. Se ponía a escribir y después se iba a clase, hasta las ocho de la noche estaba trabajando o leyendo para las notas, por eso escribió tantos libros. Sábado y domingo era igual; salíamos muy poco”, comentó la compañera de Selser. Aun esas salidas solían ser de trabajo: “Lo invitaban a Estados Unidos a dar seminarios o conferencias; allá se documentaba mucho. Se metía en la biblioteca del Congreso y venía con pilas de fotocopias de documentos; también teníamos suscripciones de revistas de Estados Unidos e información que llegaba de Argentina”. Así engrosó cada día con nuevos artículos, newsletters y cables de agencias noticiosas los 300 kilos de material hemerográfico que en 1979 logró recuperar de Argentina: "Miles de recortes periodísticos de 1945 a 1976, colecciones de diarios y revistas, folletos, boletines y documentos políticos, junto con los originales de cientos de artículos escritos por Selser para periódicos, semanarios, quincenarios y agencias internacionales de noticias redactados en las últimas tres décadas", recuenta Bardini. El resultado de esa labor fue la escritura de 47 libros sobre las intervenciones estadunidenses en América Latina y la creación de uno de los centros de documentación más importantes de Iberoamérica. La Fundación Latinoamericana Gregorio Selser (Flags), que dirigió Marta Ventura, reunió 7 mil artículos que el autor escribió entre 1956 y 1991. Su otra aportación fue la monumental Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina, en cuatro tomos, que comienza con la independencia de Estados Unidos en julio de 1776 y concluye con la invasión a Panamá en diciembre de 1989. Otra vez Bardini: “Está toda la historia del continente, desde Alaska hasta la Patagonia : es la descripción día a día de más de 200 años de luchas emancipadoras, guerras civiles, conflictos fronterizos, tratados de límites, convenios comerciales, acuerdos diplomáticos, golpes de Estado, asesinatos políticos, rebeliones armadas, movimientos insurgentes, negociaciones de paz, elecciones… En más de 2 mil páginas describe la actividad de presidentes, militares, embajadores, líderes populares, agentes secretos, guerrilleros, héroes, mártires y traidores.” Como parte de sus investigaciones, intercambió correspondencia con la hija de Augusto César Sandino, el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el socialista argentino Alfredo Palacios, los expresidentes José Figueres, de Costa Rica, y Juan José Arévalo, de Guatemala; el venezolano José Vicente Rangel y los intelectuales estadunidenses Noam Chomsky –quien en su visita a México sólo quiso conocer su archivo– y James Petras. La doctora Tania Rodríguez Mora, citada en por Irene Selser en ocasión de un homenaje a su padre a 25 años de su fallecimiento, destacó la aportación del argentino a la ciencia social: "En la frontera del periodismo, la historia y el análisis político, Gregorio Selser construyó preguntas y objetos de investigación que iluminan formas de dominación y de resistencia que bajo distintas formas nos acompañan y desafían tal vez con más vigor que antes". Sin embargo, en 1991 Selser padecía cáncer y los fuertes dolores le impedían trabajar. Ante el riesgo de que la metástasis afectara el cerebro, decidió suicidarse y lo hizo el 21 de agosto de 1991. La página de internet del diario de la comunidad judía en México (diariojudio.com) cita una reseña de su funeral pero no revela su autoría: “Los restos de Selser fueron incinerados en un crematorio rústico en el fondo de una barranca al lado de un arroyuelo de aguas negras, enclavado en medio de un tugurio con vista a las mansiones en lo alto a lo lejos. Mientras era incinerado, llegaron niños pequeños a pedir limosna a las 10 personas que acompañaron a Selser hasta esa barranca. Los chicos siguieron a varias de las personas hasta una tiendita cercana. No querían ni gaseosas ni dulces. Pidieron pan… Así, el militante socialista autónomo, íntegro, escritor, pensador y publicista crítico, criado en un orfanato en la zona austral de América Latina, quien a los 12 años dejó la escuela para laborar y leer y leer –“sentía que la escuela me quitaba tiempo para leer”–, terminó incinerado en el norte del mismo subcontinente, del mismo infierno, en medio de la gente cuya suerte había sido una de sus preocupaciones centrales a lo largo de toda su vida y obra, los miserables de América Latina, que ya son casi todos." https://bambupress.wordpress.com/2006/11/03/gregorio-selser-el-hombre-que-juntaba-papeles/ http://www.milenio.com/firmas/irene_selser/Reflexiones-Gregorio-Selser-anos-despues_18_688911171.html http://diariojudio.com/comunidad-judia-mexico/gregorio-selser-paradigma-del-periodismo-de-investigacion-en-latinoamerica/16619/#________ carista@proceso.com.mx

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