El Museo Nacional de Antropología, monumento artístico

MÉXICO, D.F., 12 de agosto (apro).- En un acto realizado en el Museo Nacional de Antropología (MNA), el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez fue homenajeado en abril de 2009 por sus 90 años de vida. En ese evento se dijo que el mejor reconocimiento que podría hacérsele al arquitecto era que ese edificio, una de sus obras más emblemáticas, fuera declarado monumento artístico.

Sería “uno de los mejores honores en vida”, se leía en la información oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), donde también se señaló que los trámites estaban “muy avanzados” y el expediente se había entregado ya a la Secretaría de Educación Pública.

El proyecto de declaratoria existía en realidad desde 2007, con el número de expediente 01/0406/061107, pero no había sido publicado, aunque ya desde entonces contaba con una opinión favorable de la Comisión Nacional de Zonas y Monumentos Artísticos.

En febrero pasado, coincidentemente el día en que Michelle Obama, esposa del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, recorrió el MNA, la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Cofemer) dio a conocer la propuesta de decreto presentada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

En ella se destacó la “innovación arquitectónica” del inmueble construido por Ramírez Vázquez en 1963, a instancias de Jaime Torres Bodet, quien entonces era secretario de Educación Pública del gobierno de Adolfo López Mateos.

Se señaló entonces: “En el diseño de sus espacios interiores y exteriores se utilizó un lenguaje formal y único que, combinado con el manejo del diseño estructural, materializa dos tipos de sistemas constructivos, uno de concreto y otro de acero prefabricado. Además, en su construcción se utilizaron materiales tradicionales, resultando así una afortunada combinación de tecnología y tradición.”

Según contó Ramírez Vázquez a la revista Proceso en 1985, cuando Adolfo López Mateos fue “destapado” como candidato del PRI a la Presidencia de la República en 1957, le llamó para decirle:

“La aspiración de un arquitecto en el pasado era construir una catedral. Ahora, ¿cuál es?”

La respuesta fue inmediata: “Un Museo de Arqueología.”

El 17 de septiembre de 1964 fue inaugurado el Museo Nacional de Antropología, mes y medio antes de que López Mateos dejara el cargo.

Y finalmente el pasado 30 de julio, el MNA fue declarado monumento artístico por decreto presidencial, de manera que Pedro Ramírez Vázquez recibió el reconocimiento “en vida”.

El documento pondera que el MNA “es una obra representativa de la arquitectura mexicana del siglo XX y se puede incluir en el movimiento moderno caracterizado por el funcionalismo y racionalismo que conjuga diversas corrientes internacionales, sin dejar de lado elementos tomados de la tradición mexicana”.

El recinto, ubicado en la primera sección del Bosque de Chapultepec, es además una obra de creación colectiva. Fue ejecutada por los arquitectos Ricardo de Robina, Rafael Mijares y Jorge Campuzano. En el equipo de  museógrafos participaron Íker Larrauri, Alfonso Soto Soria y Mario Vázquez, entre otros.

Y más: contiene obras plásticas de artistas como Leonora Carrington, Raúl Anguiano, Rafael Coronel, Luis Covarrubias, Manuel Felguérez, Arturo García Bustos, Jorge González Camarena, Adolfo Mexiac, Pablo O’Higgins, Fanny Rabel, Rufino Tamayo, Alfredo Zalce y el mismo Larrauri.

El decreto pondera, asimismo, que el inmueble es propiedad del gobierno federal y está destinado a la SEP para uso del Museo Antropológico y Etnográfico (hoy MNA) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Su custodia, sin embargo, corresponde al INBA por tratarse de una construcción del siglo XX, de manera que si se requiere de alguna restauración o readecuación, las obras deberán ser autorizadas y supervisadas por esa institución.

Y no es dato menor que la construcción sea propiedad federal, pues la agilidad en la declaratoria seguramente no tuvo que ver sólo con el hecho de brindar el honor “en vida” a Ramírez Vázquez, sino que las declaratorias de monumento deben contar con la anuencia de los propietarios del inmueble o bien mueble en su caso.

Baste recordar que seis propietarios de la obra plástica de María Izquierdo se ampararon contra la declaratoria emitida hace casi una década y lograron que sus obras no sean consideradas monumento nacional.

A un lado de la casa de Luis Barragán, en Tacubaya, hay una obra del arquitecto Enrique del Moral que no pudo ser declarada monumento artístico porque los propietarios no lo autorizaron, y similar situación atravesó el edificio de las oficinas de Bacardí en México, realizadas entre 1957 y 1961 por el  arquitecto Mies van Der Rohe.

Incluso puede haber obras del propio Ramírez Vázquez que podrían no ser monumentos artísticos si los propietarios actuales no lo permiten. Por ello las declaratorias de monumento artístico en cuanto a la arquitectura del siglo XX son todavía contadas, entre ellos el Palacio de Bellas Artes, el Ángel de la Independencia, el Museo Nacional de Arte, el edificio de Correos y la casa de Luis Barragán, así como las de Diego Rivera y Frida Kahlo en San Ángel,  entre otras.

 

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