Ascensión de la Verónica Anzures hasta la sierra de Michoacán, de Carlos García Mora

México, D F, 17 de octubre (apro)- Con un hermoso libro objeto –acompañado de un CD con piezas musicales– inicia Ediciones de La Sabana, destinada a dar a conocer las historias por las cuales los antropólogos se dedicaron a ser antropólogos
Estas historias de vida son impulsadas por el antropólogo tabasqueño Luis Barjau La Sabana, en una cajita verde de tela, casi artesanal, hace la primera entrega donde Carlos García Mora, de ascendencia michoacana pero nacido en la colonia Verónica Anzures, del Distrito Federal, en 1950, narra el cómo, el dónde y el porqué –luego de residir desde niño en el barrio de La Conchita, en Coyoacán– se volvió adicto al estudio de la gente y acabó estudiando la vida, costumbres y valores de los habitantes de la sierra de Michoacán Sobre el conflicto agrario y religioso en ese lugar hizo su tesis para licenciado en etnología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), luego de haber cursado historia en la UNAM Dirigió la obra colectiva La antropología en México, panorama histórico; coeditó la antología La quiebra política de la antropología social en México y actualmente trabaja en el libro El baluarte purépecha
Las dos piezas que integran el CD, a decir del propio autor, fueron fundamentales para escoger su vocación, y las escuchó en su infancia Ellas son el vals Gigi, de Thoreau y Veran, interpretada por Paul Weston y su orquesta, acompañados de una mandolina “que le daba un toque particular y reflejaba el encanto por las baladas francesas que entonces se experimentaba” La pieza venía grabada en el disco Whitout a word
La segunda pieza es el abajeño El zapatito, del compositor charapense Juan Sierra, “ejemplo notable de la tradición musical de la sierra de Michoacán en el país purépecha, particularmente rica en abajeños, sones y pirecuas” La interpretaba Isaac Sierra al violín y su hijo Cirilo, a la guitarra La grabó García Mora en Cuerapan el 10 de junio de 1973

Explica:
“Nada tiene que ver musicalmente una pieza con otra, ¿no es cierto? Y ninguna relación de otro tipo puede inferirse entre la primera grabación y la segunda Sin embargo, justamente en el camino que me llevó de una a la otra se encuentra la explicación sobre cómo –durante lo aquí relatado– llegué a la antropología y al conocimiento sobre la variedad de los pueblos y clases sociales, y el presente del país
“La primera ilustra inmejorablemente el ambiente prevalenciente a principios de la década de 1950 en la colonia Verónica Anzures; una zona urbana en el Distrito Federal de colonos clasemedieros pretensiosos, quienes quisieron emular a la entonces opulenta Polanco, pero en chiquito, a falta de los recursos de los habitantes de aquella El modelo reacierta interpretación del american way of life, a la manera como entonces se entendía y adaptaba ahí: en el vestido masculino y femenino, el peinado, los alimentos, los aparatos electrodomésticos (que entonces entraron en auge), las revistas, la publicidad, el tipo de comercios locales (como las farmacias en nada parecidas a las de pueblo y las tiendas sin semejanza con los viejos estanquillos propios de la Ciudad de México), las escuelas, la predilección por las películas estadunidenses y la música como la que el lector acaba de escuchar; junto con cierta idea de en qué consistía ‘mejorar’ su condición y apariencia sociales Rasgo notable de esto último fue la creciente separación entre los espacios de las clases y castas urbanizadas y admiradoras de la cultura ‘gringa’, y aquellos de los pueblos de las clases y castas populares de origen mesoamericano o fuertemente relacionadas con ellas”
Una serie y una editorial que sin duda atrapará la atención tanto de los estudiosos de México como del lector en general

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