La Comunidad de América del Norte

Tras los acontecimientos del 11 de septiembre pasado, las prioridades estadounidenses en todos los ámbitos parecen haber cambiado radicalmente En particular, la lucha antiterrorista que ha emprendido el vecino país ha tenido y tendrá un impacto sustantivo sobre su relación bilateral con México Ya son muchas las voces que han hablado de la necesidad de establecer un perímetro de seguridad que abarque desde la frontera sur de México con Guatemala y Belice hasta la frontera norte de Canadá México bien podría negociar que, a cambio de establecer dicho perímetro, se iniciara la profundización de la integración de América del Norte –lo que el presidente Fox ha llamado “NAFTA plus”—a partir del propio Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) o de algún otro tipo de acuerdo que subsuma a éste
Hablar de la profundización de la integración, es decir ir más allá de un área de libre comercio –lo cual puede ser desde establecer una unión aduanera hasta consolidar una unión económica, monetaria y política—necesariamente nos obliga a mirar al ejemplo más acabado de integración que existe: la Unión Europea En su libro más reciente (Toward a North American Community: Lessons from the Old World for the New, Washington, D C, Institute for International Economics, 2001, 224 pp), Robert Pastor, académico de la Universidad de Emory, partió de este mismo ejemplo para hablar de la Comunidad de América del Norte y buscó en la experiencia europea lecciones para los tres países norteamericanos
Para pensar en una Comunidad de América del Norte, hay que partir del TLCAN, el cual se negoció asumiendo como regla general la eliminación de las barreras al comercio y a la inversión para que, como consecuencia lógica, viniera una mejora generalizada del nivel de vida de la población a través del libre mercado Sin embargo, pareciera que los tres países dieron por hecho que las tres partes tenían el mismo tamaño y peso económico y se olvidaron de las diferencias de desarrollo y las disparidades que tenían entre sí México, Estados Unidos y Canadá
A pesar de las asimetrías, coincido con Pastor en que el hecho de que el acuerdo no esté reduciendo la brecha entre los tres países no es razón suficiente para dar marcha atrás Por el contrario, quizá haya que encontrar justamente en las disparidades el impulso para replantear esta área de libre comercio, incompleta (en vista de que quedaron fuera temas tan importantes como migración y energía), e ir un paso más allá
Una parte fundamental de la profundización gira en torno al establecimiento de instituciones mucho más sólidas que aquellas que se establecieron de manera ad hoc para asumir la mera gestión de ciertas áreas cubiertas por el TLCAN Las instituciones (organismos y también reglas) no sólo tendrían un impacto sobre la conducta de las partes, sino que por sí mismas contribuirían al progreso de la integración en la región Para cumplir con esta segunda tarea, las instituciones tendrían que ser verdaderamente supranacionales e igualmente aceptadas como árbitros supremos por las tres partes Esto es con el fin de evitar que el poder y la asimetría dominen las relaciones entre los tres socios, para pasar a una nueva era en la que lo que predomine sea un interés común propiamente norteamericano Tener este interés común quitaría los obstáculos que hoy representa lidiar con temas que afectan a las tres partes, tales como narcotráfico, migración, armas y competencia desleal, a partir de posiciones y estrategias unilaterales de cada uno de los socios del TLCAN
Las instituciones pueden ser de muy distintos tipos, pero si pensamos en la Unión Europea podríamos empezar a diseñar para América del Norte, como primera medida, una especie de Comisión Europea La clave de la Comisión Europea está en que es el brazo ejecutivo de la integración, no porque tenga enorme poder de decisión, sino porque tiene el privilegio de ser la encargada de establecer la agenda Es decir que la Comisión puede ir moldeando el proceso de integración acorde con su propia idea a través de las iniciativas que presenta al Consejo de Ministros Con respecto a esta idea de integración, ésta es necesariamente comunitaria toda vez que los funcionarios que son parte de la Comisión no representan a sus Estados miembros, sino que son verdaderos funcionarios europeos, cuyos intereses no tienen que ver con circunscripciones, votantes y reelecciones, sino con consolidar el proyecto de integración
Por otra parte está el Consejo de Ministros, un órgano puramente intergubernamental por medio del cual los Estados miembros se aseguran de que no se esté perdiendo “demasiada” soberanía Si bien un órgano de esta naturaleza puede parecer un obstáculo para la profundización de la integración, hay que ser realistas y pensar que en América del Norte también tendría que existir uno similar
Por último, yo resaltaría la Corte Europea de Justicia, cuya labor en pro de la integración ha sido invaluable La Corte no sólo resuelve disputas, sino que gracias a sus veredictos sobre temas ciertamente cotidianos va estableciendo el rumbo de la integración y también profundizándola
En un segundo nivel, la profundización implica agregar más áreas, sectores y temas a la agenda común En este caso, se recuperarían las grandes omisiones del TLCAN –principalmente migración y energía, pero también transportes, comunicaciones, educación y cultura—y habría que también agregar el tema de la solidaridad entre miembros de una comunidad La solidaridad en este contexto va más allá de la retórica y se refiere en particular a buscar reducir las asimetrías existentes entre socios dispares En el caso de la Unión Europea, esta solidaridad se ve reflejada en los fondos de cohesión que han recibido –y siguen recibiendo—países o regiones cuyo desarrollo no era equiparable al de Francia, Alemania o Gran Bretaña como Irlanda, Grecia, España y Portugal En el caso de América del Norte, esto implicaría que Estados Unidos y Canadá canalizaran fondos hacia México, en particular hacia sus regiones más pobres
En otro nivel, la profundización de la integración también podría ir más allá de la unión aduanera –política comercial y arancel externo común para los miembros—y buscar un verdadero mercado común El mercado común, para ser eficiente, no sólo necesita que se derriben las barreras físicas y técnicas, sino también que se establezca una moneda común Llegar a esta etapa les ha llevado a los europeos más de cincuenta años, pero a partir de enero de 2002 podremos olvidarnos de liras, pesetas y marcos para hacer nuestros cálculos exclusivamente en euros
Si bien las reflexiones anteriores proveen una especie de mapa conceptual de por dónde atacar esta tarea, también habría que pensar en que este proyecto, como todos, tendría que “venderse” a las opiniones públicas de los tres países para que también sus gobiernos se convenzan de su utilidad y logren vencer el miedo a perder soberanía en aras de una causa superior Según Pastor, esto no es imposible, siempre y cuando se convenza a las poblaciones de Canadá, Estados Unidos y México de que la profundización de la integración mejorará sustancialmente sus condiciones de vida y que no afectará su identidad cultural
En este renglón, me declaro algo escéptico, pues el mismo argumento se utilizó para “vender” el TLCAN y, cuando menos con respecto a la población mexicana que vive en o debajo de la línea de pobreza, por no hablar hasta de las clases medias, no creo que se trague el mismo anzuelo una vez más, toda vez que no ha visto grandes cambios en su bolsillo a partir de su entrada en vigor
En el caso de los gobiernos, creo que puede afirmarse sin lugar a dudas que están de acuerdo con el TLCAN y su continuidad, siendo que en los años que lleva han aumentado considerablemente tanto la inversión como el comercio en la región A pesar de esto, quizá también haga falta el ingrediente clave de todo proceso de integración: voluntad política Por parte de México, queda claro que Vicente Fox está dispuesto a impulsar esta iniciativa Sin embargo, no hay señales en este sentido por parte de Estados Unidos y Canadá, toda vez que se hicieron de oídos sordos cuando Fox empezó a hablar de “NAFTA plus”
Sin embargo, quizá el 11 de septiembre y las enormes preocupaciones de seguridad que han manifestado nuestros socios sean la clave para reunir esta voluntad política que se necesita para dar el gran empujón al proceso de profundización Si este fuera el caso, la Comunidad de América del Norte podría ser una realidad en el largo plazo

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