El “Enrongate”: negocios y política al estilo Bush

Washington – El presidente de Estados Unidos, George W Bush, tiene la costumbre de poner apodos cariñosos a sus conocidos más cercanos y a las personas que le caen especialmente bien Kenneth Lay, el extopoderoso jefe de la empresa Enron no podía ser la excepción Para Bush, Lay era simplemente “Kenny Boy”
Pero “Kenny Boy” es ahora el hombre que puede ponerlo en serios aprietos y el protagonista de un escándalo que, de no ser por el ruido interno que sigue haciendo la guerra contra el terrorismo lanzada tras los devastadores atentados del 11 de setiembre, ya habría alcanzado los niveles de, por lo menos, el “caso Whitewater” que aquejó al expresidente Bill Clinton
Aún en medio de las noticias que llueven todos los días desde Afganistán, Somalía y Guantánamo, el “Enrongate” –como se atreven a denominarlo algunos comentaristas y la oposición demócrata en busca de venganza-empieza a desnudar numerosas facetas de la forma de hacer política y negocios de la familia Bush y el valor relativo que se le otorga a las “pequeñas ayuditas de los amigos” en el escenario del poder estadounidense
Hasta diciembre del año pasado, cuando Enron –coloso del negocio de la energía– quebró de manera bochornosa, Lay era un gran amigo del presidente estadounidense Luego del estallido del escándalo, Bush y decenas de otros políticos norteamericanos escapan de “Kenny Boy” como de una enfermedad contagiosa
Pero todos ellos, empezando por el presidente, recibieron durante los últimos años jugosas contribuciones de campaña, directa o indirectamente, de parte de Enron
Ahora que la relación entre Enron y la administración Bush pasó de ser un juego de negocios y poder a convertirse en una papa caliente política, el pago de los favores recibidos quedó en suspenso En los buenos tiempos, los más altos ejecutivos de la compañía texana se sentaban cómodamente a la mesa del vicepresidente Dick Cheney cuando éste preparaba el plan nacional energético de emergencia
Según denunció el jueves el diputado Henry Waxman, un demócrata de California, el misterioso plan elaborado por el presidente para hacer que Estados Unidos pudiera esquivar la crisis energética contenía nada menos que 17 provisiones ampliamente favorables a Enron
Waxman venía pidiendo a Cheney desde abril último que diera a conocer los detalles de las reuniones cerradas en las cuales discutió el futuro de la política energética del país y de las empresas del sector, las cuales fueron unos de los principales contribuyentes a la campaña electoral de Bush hijo El legislador nunca tuvo suerte con Cheney, quien sistemáticamente rechazó entregar los registros de esas reuniones
La Casa Blanca debió admitir que Cheney mantuvo al menos seis reuniones con directivos o representantes de la Enron durante el año pasado, siempre -aseguraron- para tratar temas de política energética Según Waxman, “numerosas medidas del plan energético de la Casa Blanca son virtualmente idénticas a las propuestas por Enron” Esta situación, denunció el legislador en una carta que le envió al propio Cheney, “crean la desafortunada apariencia de que los mayores contribuyentes (a las campañas electorales) recibieron acceso especial y obtuvieron resultados extraordinariamente favorables” en el programa de política energética
Molesto por la denuncia, el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, le contestó el mismo día “El alegato del congresista Waxman -dijo el portavoz-, de que algo fue incluido en aquel plan con objetivos políticos es, por sí mismo, un derroche de dinero de los contribuyentes”
Pese a las declaraciones de Fleischer las sospechas crecieron No es para menos Enron aportó alrededor de medio millón de dólares a los fondos de Bush, tanto para la campaña electoral como para los gastos del recordado “recuento” de los votos en Florida Por su generosidad e influencia, la prensa local solía llamar a Lay “the big enchilada” del escenario político texano, el mismo que en el 2000 se trasladó a Washington
La larga historia de intercambio de favores entre Enron y la familia Bush no parecen servir de mucho cuando el escándalo puede poner en juego la reelección del presidente George W Bush aseguró que la última vez que se encontró con “Kenny Boy” fue durante una velada para recolectar fondos en favor de la alfabetización La gala, al mejor estilo de las fastuosas reuniones de políticos y petroleros pintados por la teleserie “Dallas”, se celebró el 26 de abril del 2001 El 10 de enero, Bush salió a decir que “nunca discutí con el señor Lay los problemas financieros de la compañía, y la última vez que lo vi fue durante el evento en favor de la alfabetización que organizó mi madre en Houston” En enero de este año, el presidente de la Enron ya no era “Kenny Boy”, sino “el señor Lay”, a secas
Un documento interno divulgado el martes 15, firmado por una vicepresidente de la compañía y dirigido a Lay, advertía ya en agosto sobre la posibilidad de que la empresa explotara y se viera envuelta en “una ola de escándalos contables” Aunque los problemas de la Enron comenzaron a filtrarse en octubre del año pasado, ya en septiembre el ministro de Energía estadounidense, Spencer Abraham, había tenido el buen tino de no concederle una entrevista oficial a Lay, quien la había solicitado formalmente
“Kenny Boy” pudo en cambio hablar por teléfono con el ministro de Comercio, Don Evans Durante la charla, juran los protagonistas, se habló solamente de los planes para la construcción de una planta generadora en la India, pero para nada de los problemas financieros que tenían al gigante de la energía al borde del abismo
Según las reconstrucciones armadas por la prensa económica norteamericana, Lay volvió a hablar por teléfono con Evans el 29 de octubre Luego de esa charla, Evans se reunió con el ministro del Tesoro, Paul O’Neill y “decidieron no intervenir”, según reveló el Wall Street Journal
El jefe de la Enron pudo después acceder a Abrahams por teléfono -siempre sin tocar el tema de la crisis, según se empeña en afirma la Casa Blanca– y tener una conversación con O’Neill a principios de noviembre, cuando la debacle estaba a la vuelta de la esquina
Con Lay en desgracia, los principales funcionarios de la Casa Blanca, atados por múltiples lazos a la Enron, intentaron reescribir la historia de su ahora inquietante relación con Lay Bush, por ejemplo, aseguró que conoció a Lay a mediados de los ’90, pero enseguida alguien recordó que “Kenny Boy” fue quien organizó la campaña de recolección de fondos para el fallido intento de reelección de Bush padre, campaña de la cual su hijo George W participó muy activamente
La oposición demócrata, deseosa de vengarse de los republicanos por los descarnados ataques que propinaron a Clinton a causa del caso “Whitewater” y del “sexgate”, ven en la caída de Enron el “escándalo perfecto” El gigante de la energía se derrumbó el 2 de diciembre después de años de maniobras irregulares -durante los cuales infló sus balances contables, asignó las pérdidas a sus subsidiarias, mintió a sus accionistas–, dejando sin trabajo ni ahorros de retiro a 20 mil empleados y convirtiendo una empresa que en el 2000 facturaba 100 mil millones en un esqueleto cuyas acciones ni siquiera superan el dólar
Para los demócratas, la estrechísima relación entre Enron y la familia Bush será la clave de la campaña electoral para los comicios legislativos de “medio término” de este año Para los republicanos, que todavía gozan de la alta popularidad que les regaló la guerra en Afganistán, la cuestión será despegarse todo lo posible del escándalo desatado por la compañía texana
No será tarea fácil: Enron fue el principal aportante a la campaña presidencial de Bush y, durante la transición entre la administración Clinton y la del ex gobernador de Texas, Lay tuvo el honor de formar parte del consejo de 36 líderes empresarios que compartieron sus ideas con el mandatario electo “Kenny Boy” también se sentó, en enero del 2000, a la mesa de los 474 magnates de los Equipos de Consejeros del gobierno entrante Lay, por supuesto, pasó a formar parte del equipo para las políticas energéticas
En el pasado, tras la derrota electoral de Bush padre, en 1992, Enron devolvió los favores recibidos durante la administración republicana, en especial la desregulación del sector energético que le permitió crecer de manera meteórica En marzo de 1993, Enron contrató a los salientes secretarios de Comercio y de Estado, Robert Mosbacher y James Baker III, como consultores de lujo y representantes en el exterior
Tras conocerse el documento divulgado el martes, firmado por la vicepresidente para desarrollo corporativo de la Enron, Sherron Watkins, voceros de la compañía dijeron que las denuncias de esa funcionaria fueron entregadas al bufete de abogados Vinsons and Elkins para que las investigaran La firma, que cuenta con abogados en nueve países, estableció luego que las preocupaciones de Watkins no merecían mayor atención Vinson and Elkins figura también en la lista de los principales contribuyentes a la campaña de Bush, con nada menos que 201 mil 350 dólares, según datos del Center for Responsive Politics
En el listado figura también la consultora Andersen, el otro protagonista del escándalo, la empresa supuestamente encargada de supervisar los libros contables de Enron y que, en cambio, prefirió destruir masivamente los papeles más comprometedores que desnudaban las operaciones irregulares del coloso energético

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