Caída de Gadafi, un “éxito catastrófico”

MÉXICO, D.F. (apro).- Con la ocupación de Trípoli este fin de semana y el reciente asedio al búnker del presidente Muamar Gadafi, la victoria de las fuerzas revolucionarias en Libia se vislumbra prácticamente como un hecho a punto de consumarse.
A los triunfos rebeldes de las últimas semanas se sumaron la deserción de un alto miembro del gobierno y un desesperado grito a oponer resistencia efectuado por Gadafi, signos del principio del fin.
Sin embargo, la perspectiva de una victoria cercana no ha hecho felices a muchos de quienes han trabajado por ella. El reciente asesinato de uno de los principales líderes rebeldes en circunstancias confusas, y las muestras de caos e indisciplina entre los mandos y tropas rebeldes, ha generado inquietud ante la posibilidad de que la victoria de las fuerzas opositoras se convierta en un “éxito catastrófico”.
Un diplomático occidental establecido en Bengasi, sede del insurgente Consejo Nacional de Transición (CNT), describió la toma rebelde de la capital libia, Trípoli, como “el peor escenario posible” en la situación actual, según el diario británico The Times.
“La frase que estamos usando generalmente en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte, la alianza militar occidental a cargo de la ofensiva aérea en apoyo a las tropas de la CNT) es que nos estamos enfrentando a un éxito catastrófico en Libia”, continuó la fuente del periódico. “Y aunque no fuera catastrófico, será un éxito caótico porque la oposición no está lista para gobernar ahí y habrá un vacío si Gadafi se va”.
A finales de julio, la actitud en la OTAN era de impaciencia porque, tras casi cinco meses de continuos bombardeos contra las fuerzas de Gadafi, las tropas rebeldes no parecían capaces de emprender la ofensiva. La segunda semana de agosto, sin embargo, trajo consigo significativos avances en ciudades cercanas a Trípoli, como Zauiya, simbólica por la resistencia que ofreció ante un prolongado sitio impuesto por Gadafi.
Estas incursiones rompieron las líneas de abastecimiento de la capital y cortaron sus comunicaciones con la frontera, y, lo más significativo, separar a las fuerzas gubernamentales, que quedaron aisladas en tres bastiones: Trípoli, Sirte (ciudad natal de Gadafi) y el lejano oasis de Sebha.
El martes 16, el líder que mantuvo a Libia bajo un férreo control durante 42 años hizo uno más de sus acostumbrados llamados a la resistencia: les pidió a sus seguidores que se “deshagan de los traidores” y proclamó que “la sangre de los mártires es gasolina para la batalla”. El mensaje, sin embargo, transmitió una sensación de debilidad, pues Gadafi lo hizo mediante una llamada telefónica de muy mala calidad a la televisión gubernamental, y una parte de ella fue inaudible.
Un día antes, además, el ministro del Interior, Nasr Al Mabrouk Abdullah, había volado a Egipto en lo que fue la primera deserción de alto nivel desde marzo.
Estos acontecimientos ocurren después de que el confuso asesinato del general rebelde Abdel Fatah Younis generara una grave crisis en el lado revolucionario. Durante décadas, Younis estuvo al lado de Gadafi, para quien creó un cuerpo de tropas especiales y sirvió como ministro del Interior. Esto lo hacía necesariamente cómplice y responsable de los brutales actos de represión del régimen, pero el 20 de febrero, sólo tres días después del inicio de la insurrección, Younis cambió de bando y su colaboración fue vital para liberar Bengasi.
Younis ganó una disputa contra otros dos dirigentes por asumir la dirección de las tropas rebeldes. Este hecho, o el odio que se ganó por su papel como ministro, pueden haber sido las causas de su muerte. El 28 de julio pasado fue detenido por las mismas fuerzas revolucionarias para interrogarlo acerca de la presunta vigencia de sus vínculos con el régimen de Gadafi. Su cadáver apareció poco después, junto con los dos de sus oficiales.
Cuando Ahmed Abdeljalil, presidente del CNT, informó del asesinato, quiso hacer creer que los responsables eran gadafistas embozados, pero los seguidores del fallecido general rechazaron la versión y culparon a la Brigada de los Mártires del 17 de Febrero, una poderosa milicia que, como otras, actúa con un amplio margen de autonomía y apenas reconoce la autoridad del CNT.
La protesta de los simpatizantes de Younis, incluida la influyente tribu a la que pertenecía, la de los obeidi, así como el descontento de las potencias extranjeras que apoyan al CNT, forzó a Abdeljalil a despedir a su primer ministro y reemplazar a los miembros del poder ejecutivo, en una operación que a la fecha no ha podido ser concluida.
Lo anterior confirmó las sospechas de que el poder real del CNT es limitado, que su capacidad operativa es nula, que hay anarquía entre las tropas rebeldes y que es posible que, ante el triunfo revolucionario, se produzca una lucha de facciones para hacerse con el poder.
“Con el asesinato de Younis y la posible toma de Trípoli, todos los planes se han esfumado”, dijo a The Times el diplomático consultado. “No hay una estructura del CNT, el comité ejecutivo ha desaparecido, nada ha tomado su lugar. Creo que el peor escenario posible es que Trípoli cayera ahora mismo… no habría nadie que se pusiera a cargo”.

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