Cristina Pacheco, 35 años de “Aquí nos tocó vivir”

Desde 1978 comenzó el peregrinaje televisivo de Cristina Pacheco por las entrañas de la capital y sus habitantes con los reportajes-testimonio de la serie Aquí nos tocó vivir, a través de Canal Once. Durante 35 años su programa ha retratado grandes transformaciones en la fisonomía urbana y en los sueños de sus pobladores; pero el amor de Cristina por la Ciudad de México y la admiración hacia quienes sobreviven con ella siguen intactos.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La periodista y escritora Cristina Pacheco concreta que Aquí nos tocó vivir, su célebre programa que cumple al aire en Once TV 35 años el próximo 10 de mayo, “es un espejo real y crudo de la Ciudad de México y le da voz a los trabajadores de la capital.”

No obstante, ante ese “espejo cruel y amargo”, ella encuentra “situaciones positivas y hermosas del Distrito Federal”.

–Según su visión, ¿Aquí nos tocó vivir, qué ha reflejado en estos 35 años?

–El cambio de la ciudad y la sociedad. Se han transformado los intereses, el lenguaje, el trato entre unas personas y otras y, sobre todo, han surgido unos fantasmas que me preocupan mucho: el miedo y la violencia. Con mucha más frecuencia que antes las personas me platican del miedo que sienten de llevar un adorno sobre su vestimenta o ir al cajero o de no poder llegar a su trabajo a tiempo porque hay un plantón.

“Esto en la vida de los niños es atroz; nunca han jugado en la calle, una experiencia maravillosa que yo viví. Se iba uno al parque sin miedo de que te atacara un tipo que saliera detrás de un árbol o se andaba en un barrio sin pensar que se iba a desatar una balacera. Eso no lo pensábamos nunca, y yo vengo del pueblo de Tacuba y pasaba por Santa Julia. Era una libertad maravillosa. “Esa pérdida de espacio me duele mucho, por los niños.”

–¿Esta situación de violencia, ha cambiado el enfoque de Aquí nos tocó vivir?

–No, el programa sigue siendo libre; pero sí tengo a veces cierta preocupación por los lugares donde vamos y por fortuna hemos tenido el apoyo de las personas de los sitios que grabamos. Si me meto en ellos voy pensando que hay que tener cuidado, cosa que antes no pensaba.

–¿Qué problemas enfrentan ahora sus entrevistados?

–El desempleo, la injusticia, la desesperanza, la angustia de la separación de la gente que se tiene que ir a buscar un futuro mejor. Siempre existe alguien que debe salir o alguien que está lejos, y desde luego la desarticulación de la familia; además, casi no hay lugar para los viejos. La vejez es uno de los temas que he tratado de abordar con mucha frecuencia.

–¿Qué opina de la situación de los jóvenes?

–Ese es otro motivo de preocupación, los veo un poco perdidos. Sólo les interesa el dinero. Lo material. Sus estudios son para trabajar rápido, para que den resultados inmediatos, hay una prisa por todo, y tienen razón, viven en una crisis económica tremenda y los veo en la plena soledad. Siempre que veo a esos jóvenes con sus pantalones y peinados raros con la mochila, me detengo a pensar qué habrá dentro de esa mochila: cigarros, compactos, revistas…. Ahí traen toda su vida.

–¿A qué cree se debe esa soledad de los jóvenes?

–Son muchas las situaciones. Por la crisis económica la familia se ha fragmentado, se ha fracturado, pocas veces la familia convive junta. Hay pocos espacios y tiempo de convivir.

 

Expresar la vida citadina

 

La autora de los libros Sopita de Fideo y Al pie de la letra. Entrevistas con escritores y conductora de Conversando con Cristina Pacheco arguye que no pretende realizar sociología urbana con Aquí nos tocó vivir, “es un testimonio de lo que pasa aquí y ahora. Es un álbum de familia de estos días”.

–¿Cómo es que ha permanecido tanto tiempo al aire su programa?

–Porque se renueva cada semana. No tenemos un prejuicio. La única intención que ha habido siempre es acercarse a los lugares en donde haya una expresión de vida, donde haya personas que quieran tomar la palabra y contar su historia.

“Mis personajes no tienen una retórica falsa, no tratan de quedar bien con nadie, simplemente me cuentan sus historias. Si elaboran tortas me dicen cómo se hace una torta. O si tienen problemas con su casero, me los narran.”

La primera emisión del programa salió al aire en mayo de 1978, pero se desarrolló y consolidó en los años ochenta. Nació como una propuesta de José Priani, quien sugirió al entonces director de Canal Once, Pablo Marentes, elaborar una serie donde se tratara el problema de la vivienda analizando desde el punto de vista arquitectónico, lo cual representaba una oportunidad de conocer las estructuras habitacionales asentadas en la Ciudad de México.

–¿Cómo logra usted acercarse a sus entrevistados?

–No lo sé… Llego a un lugar y si me gusta, ahí me quedo; no tengo prisa ni voy con prejuicios. Si voy a ver a las prostitutas no las fuerzo a que me digan que la policía es tal y tal…

“Y sí quiero que me digan eso, pero cuando ellas me lo quieren decir. Igual, si voy a ver a una persona que tiene un familiar en la cárcel no la obligo con ‘¡ya dígame!’, espero hasta que ella me lo quiera comentar todo a detalle.”

–¡Aquí nos tocó vivir! se ha vuelto una frase de queja en la Ciudad de México.

–Una ciudad de estas dimensiones no puede ser fácil. Además, tan pura y tan heterogénea. Vienen personas de todos lados, muchas de ellas no hablan castellano. Y nosotros no hablamos la lengua de esos indígenas. Vienen personas en todas las condiciones habidas y por haber.

“Esta metrópoli es un laberinto, por desordenada, sucia, asmática, herida, miope, en fin; pero creo que es la más bella del mundo; para un periodista una ciudad así es fantástica. ¿Aquí nos tocó vivir? ¡Bien!, y hay que devolverle un poco de lo que nos ha dado esta urbe, porque vivir en una ciudad así también es muy ventajoso. Hay escuelas, museos, parques, plazas, arquitectura desde el año 1500…

–¿Para qué ha servido este espejo de Aquí nos tocó vivir?

–Para mucho, para que la gente se reconozca. Aunque parezca mentira, para que se identifique una persona con la otra, para sentirse más integrada a su comunidad porque hay un individualismo por lo grande que es la ciudad.

–¿A los políticos les dice algo Aquí nos tocó vivir?

–No sé, pero yo debo de confesar una cosa: al principio había una diferencia total, luego hubo soluciones a ciertos problemas. Y en muchas ocasiones que agradezco, porque yo no los trato ni los conozco porque no es mi ámbito, felicitan el programa.

“Si yo fuera ellos, aprendería algunas cosas de Aquí nos tocó vivir, y de otros muchos programas, no nada más del mío, en lugar de cerrarse. Opino y no les impongo, deben ver qué sucede más a su alrededor. Sentirlo todo más de cerca, porque ver las cosas desde un coche o un helicóptero es muy diferente.”

Comenta que en la última casa de su visita (“donde me peinó un niñito porque decía que llevaba el pelo muy mal y tenía razón”), captó cómo vivían una treintena de personas (“los varones con las manos en el bolsillo, dando vueltas y las mujeres trabajando, los colchones afuera, pelaban las papas en el lavadero, no había un orden”) y pese a tales condiciones de hacinamiento, descubrió aspectos positivos de humanidad y convivencia en ellas.

“No los juzgo. Al contrario, los admiro. No digo que se vean felices, pero estaban enteros. Estaban listos a darle la cara al día. Cada quien sabe cuál es su labor y la hace. Admiro su valor, no se desaniman. Me causa pesar dejarlos ahí. No los puedo olvidar…”

Aquí nos tocó vivir “no es un programa de denuncia pero tampoco la evito; sólo muestro con menos adjetivos y más verbos que es una injusticia que la gente viva entre la basura y el presidente municipal viva en una mansión”, dice Cristina Pacheco.

“De donde me lo pongan, eso se llama injusticia y corrupción. Para qué lo digo si ahí está y son personas a las cuales se les obliga a pagar impuestos, a los que les cuesta todo muy caro. Lo más caro en esta ciudad es ser pobre. Todo te cuesta más.”

–¿Qué opina que la televisión comercial no se interesa por la situación del ciudadano?

–Cada quien es responsable de su parcela y esto es lo que yo quiero realizar. A mí me gusta el compromiso, no me gusta andar navegando. Decir algo te da una responsabilidad; pero no decir te da otra y yo prefiero la responsabilidad de exponerlo cuando veo que tengo algo que decir.

Aquí nos tocó vivir se transmite los sábados a las 21 horas. También se ve en Estados Unidos (“hace como 20 años, en China querían hacer un programa así y no sé por qué no pudieron crearlo; igual a la BBC de Londres le interesó realizarlo y… nada”).

La entrevista se acerca a su fin con un pensamiento de Cristina Pacheco por el objeto amoroso de su fascinación en 35 años de Aquí nos tocó vivir:

“La Ciudad de México es mi vicio, no puedo estar sin ella, me gustan hasta sus defectos. Pero me duele verla tan rota y tan deteriorada. Parece que muchas cosas se hacen para incomunicarnos y no para comunicarnos. Me duele que el temor y la violencia nos priven de los espacios públicos.”

–¿Culpa a los políticos?

–Yo no sé, debe haber muchos factores…

“Son las personas que toman decisiones, no sé si son urbanistas o no. Lo que sí sé es que han decidido cambiar, transformar o construir. Nos quitan y nos dicen: ‘Ponte acá y cállate’. No estoy de acuerdo con nada que destruya el paisaje urbano.”

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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