La Pintada: historias de angustia, amor y héroes

ACAPULCO, Gro. (apro).- “Cosa, estoy bien, no te preocupes, pronto regresaré. Te amo. JXS”.

Esto está escrito en uno de los mensajes que han enviado a sus familias los militares y rescatistas asignados a las labores de limpieza de La Pintada, el pueblo de Atoyac que quedó sepultado bajo un alud, desde donde no existe forma de comunicarse.

A través de pilotos o periodistas que suben a esa sierra deshabitada por la desgracia, cada tanto las personas asignadas al rescate mandan mensajes para avisar a sus familias cómo se encuentran. Del otro lado de la línea telefónica, los destinatarios de los saludos lanzan siempre preguntas: “¿Y cómo lo vio?, ¿está bien?, ¿está muy feo allá?, ¿tienen comida?, ¿cuándo lo regresan?”. A veces se escucha un silencio o el llanto de las mujeres que reciben estos mensajes casi telegráficos.

“Papá, estamos bien, no se preocupe, les mando saludos y los quiero mucho”, escribió uno de los militares jóvenes que pasó su mensaje a uno de los reporteros que regresaban a Acapulco.

“Mamá, me encuentro bien, saludos a la familia”, se lee en otro.

Cinthia de la Cruz, destinataria de uno de estos mensajes escritos a las prisas, en pedazos de hojas de cuaderno, con letra apurada, dijo vía telefónica que todo el tiempo escucha las noticias para informarse de cómo está su marido, y se ha dado cuenta de las complicaciones de la labor a la que fue asignado.

“He estado muy preocupada, marcándole y marcándole, mandándole mensajes, nomás viendo noticias para ver qué pasa porque desde el viernes que me habló para despedirse porque iba a ir a ese municipio, no hubo señal”, dice en entrevista.

Claudia, novia de un bombero del Ejército, suspiró aliviada al recibir el mensaje de su enamorado y dijo vuelta llanto: “El viernes me dijo que iba a ir a la sierra, que habían seguido los deslaves y después no me llamó. Me dijo que estaba nervioso, algo espantado porque era la primera vez que iba a hacer un rescate en espacios consignados, así se llama lo que le enseñaron”.

La madre de otro de los militares, perteneciente al cuerpo de bomberos del Plan DN-III, dijo que reza por su hijo porque aunque lleva tres años en el Ejército este es el primer desastre en el que lo envían a ayudar.

Desde ese pueblo serrano, que por las noches parece congeladora, también han enviado mensajes los miembros de la agrupación Los Topos, surgida desde los sismos de 1985, quienes por su buena fama han sido invitados a participar en rescates de personas en todo el mundo. Uno de ellos pidió a un fotógrafo que estaba a punto de regresar a la ciudad que avisara a la gente lo siguiente: “Manden croquetas para perros y comida para gatos porque acá está lleno de animales que quedaron solos y nadie atiende, no tienen comida”.

Los pilotos narran que cada que vez que evacuan a los sobrevivientes de las comunidades más afectadas se queda un perro abajo, ladrando, mirando al cielo, olfateando el piso, buscando los últimos rastros de sus dueños. Las personas que han ido dicen que los animales andan sueltos, muchos de ellos enfermos, otros en huesos.

En la base militar de Pie de la Cuesta una perra café, diminuta, casi recién nacida, está amarrada con una sucia venda a un árbol. Alguno de los tripulantes de las aeronaves que han ido hacia allá (nadie sabe precisar quién) la rescató porque imaginó que si la dejaba moriría.

No es de nadie, fue adoptada por todos. Cada vez que se dirigen a la pista los militares pasan por ahí, la acarician, algunos le llevan agua y comida. Entre broma y veraz dicen que le llamarán La Pintadita.

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