Bartlett, protagonista y beneficiario del caso Camarena

Tres expolicías mexicanos, acogidos desde finales de los noventa al programa estadunidense de testigos protegidos, dan a Proceso pormenores del secuestro y tortura del agente de la DEA Enrique Camarena en 1985. Pero hay algo más: ellos sostienen que Manuel Bartlett (entonces secretario de Gobernación) y Juan Arévalo Gardoqui (titular de la Secretaría de la Defensa) fueron testigos del suplicio del agente antinarcóticos.

CALIFORNIA, EU (Proceso).- En colaboración con narcotraficantes y con la CIA, Manuel Bartlett Díaz y el general Juan Arévalo Gardoqui participaron en el interrogatorio al agente de la DEA Enrique Kiki Camarena, quien fue torturado hasta la muerte en febrero de 1985.

Esta versión es sostenida por tres expolicías mexicanos que se encuentran amparados por el Programa Federal de Testigos Protegidos de Estados Unidos (Witsec, por su acrónimo en inglés). Uno de ellos incluso acusa a Bartlett (entonces secretario de Gobernación y ahora senador por el Partido del Trabajo) de haber recibido 4 mil millones de dólares en 1984 para su campaña en pos de la candidatura presidencial de manos de los narcotraficantes Rafael Caro Quintero; Ernesto Fonseca Carrillo, Don Neto; Miguel Ángel Félix Gallardo, y Manuel Salcido Uzeta, El Cochiloco.

Para los tres expolicías –entrevistados por Proceso de manera separada y a los que, por razones de seguridad, los identificamos aquí como José I, José II y José III– no hay duda: la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), el narcotráfico, el Ejército y el gobierno de México planearon el secuestro de Kiki Camarena el 7 de febrero de 1985.

Dichas afirmaciones son coincidentes con las realizadas a este semanario (números 1928, 1929 y 1932) por tres exagentes federales estadunidenses –Héctor Berrellez, Phil Jordan y Robert Plumlee– quienes insisten en que la CIA es la artífice del asesinato de Camarena, pues el agente antinarcóticos había descubierto un plan secreto de la agencia para armar a la contra nicaragüense con recursos obtenidos del tráfico de drogas.

Convertidos en testigos protegidos durante el desarrollo de la Operación Leyenda, concebida para investigar el asesinato de Camarena, los tres expolicías mexicanos le hacen a Proceso un detallado recuento del caso, antes y después del secuestro, tortura y asesinato del agente de la administración antidrogas estadunidense (DEA).

“Como ocho o diez días antes del secuestro de Camarena yo estuve en una junta que se hizo en una casa de Ernesto Fonseca. A la casa se le identificaba como La Bajadita. Está a un costado de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Guadalajara”, dice José I, quien en 1985 trabajaba como policía de investigaciones políticas y sociales en el Escuadrón de Apoyo (antimotines) de Jalisco a las órdenes del comandante de la Policía Judicial Federal (PJF) Sergio Espino Verdín.

Cuenta que por instrucciones de este último le tocaba ser parte de la escolta de Don Neto.

“En esa junta estuvieron Don Neto, Caro Quintero, Félix Gallardo, El Cochiloco; un coronel del Ejército de quien desconozco su nombre, pero recuerdo sus características: de unos 55 años de edad, tenía poco pelo y vestía de traje. También estaba un señor a quien le decían Max. A esta persona yo la había visto una o dos ocasiones aparte de esa fecha. Y se me hacía curioso porque no era mexicano”, explica.

(Fragmento del reportaje principal que se publica en Proceso 1940, ya en circulación)

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