También “tarimeros” exigen beneficios al gobierno de Mancera

MÉXICO, D.F. 5 de febrero (apro).- Un nuevo grito irrumpió en el Zócalo de esta ciudad: “no somos vagoneros, somos tarimeros”.

Se trata de una agrupación de débiles visuales –hombres y mujeres– que ofrecen productos y servicios en tarimas y locales del Sistema de Transporte Colectivo (STC) que llegaron al primer cuadro de la capital para exigir a las autoridades capitalinas el cumplimiento de los acuerdos de 2010 y mayor seguridad porque en los últimos meses han sido víctimas de agresiones.

Desde las 9:00 horas se concentraron en el Eje Central, desde donde fueron custodiados por policías hasta la puerta del Antiguo Palacio del Ayuntamiento, donde tiene sus oficinas el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, quien anda de gira por Sudáfrica.

Desde ese punto, los autodenominados “tarimeros” amagaron con instalar un plantón permanente de no obtener una respuesta satisfactoria a sus demandas.

La marcha de este sector social se da a sólo dos días de que se anuncie el programa de ordenamiento de los miles de “vagoneros” que a diario ofrecen su mercancía a los 5.2 millones de usuarios del Sistema de Transporte Colectivo (Metro) y que fue uno de los argumentos del gobierno para aumentar la tarifa de tres a cinco pesos.

Javier Amador, representante de la Asociación Mexicana por el Trato Humano, Social, Material y Cultural de los Invidentes y Débiles Visuales A.C., explicó que la agrupación se formó en agosto de 2007,  cuando 280 personas salieron de los “vagones” como parte del reordenamiento del comercio informal.

En enero de 2010, continuó, la agrupación llegó a un acuerdo con autoridades capitalinas: vender sus productos en 120 mesas o tarimas, obtener una vivienda con facilidades, operar con permisos administrativos temporales revocables (PATR) en los puntos de venta, así como en salas de masaje y espacio para la exhibición de grupos musicales.

“A la fecha no ha sido cumplido ese acuerdo que firmamos”, dijo Amador, quien recordó que el convenio se hizo con Francisco Bojórquez, entonces director del STC; Juan José García Ochoa, desde entonces subsecretario de Gobierno; Luis Jiménez Bueno, tercer visitador de la Comisión de Derechos Humanos del DF, y el exsubsecretario de Programas Delegacionales y hoy secretario de Gobierno, Héctor Serrano.

“Además de que no nos han cumplido, ahora se agregaron otros problemas: los mismos pasilleros han agredido a los compañeros, han destruido las mesas y las han saqueado. También ha habido amenazas de muerte a los compañeros en las estaciones Guerrero, Zaragoza, Morelos, Buenavista, Garibaldi, San Lázaro y Merced”, agregó.

Entre gritos de “ciegos unidos, jamás serán vencidos”, el líder de los invidentes contó que ha habido mesas de trabajo, pero sólo han quedado en pláticas. “No se ha plasmado nada en papel, sólo nos dicen que está en trámite. Así nos traen desde el 19 de agosto de 2013 que tuvimos una manifestación a la fecha”.

Protesta y agresión        

La marcha de los invidentes se frenó hacia las 11:00 horas en la puerta del edificio de gobierno. Adentro, todo el gabinete –menos Mancera Espinosa porque está en Sudáfrica–, escuchó el Himno Nacional como parte de la ceremonia por el XCVII aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Afuera, los comerciantes gritaron: “no queremos sus limosnas, no venimos por los dos mil pesos que quieren regalar, queremos trabajar”, en alusión a la ayuda que las autoridades ofrecerán a los “vagoneros” para que liberen los vagones del Metro.

Pedro Bello, director de área de Concertación Política del gobierno local, ofreció la instalación de una mesa de trabajo a los dirigentes, cuando tuvo un altercado con un fotógrafo que, dijo, era de “un medio libre”.

–No me estés tomando fotos, pidió el funcionario.

–Soy prensa y es un acto público, contestó quien se identificó como Rodrigo López.

–Te la puedo quitar, advirtió el primero.

–No puedes, estoy trabajando, respondió el joven

Ya no hubo tercera advertencia. El manotazo del funcionario a la cámara fotográfica casi provoca que ésta cayera al suelo. Luego, comenzaron los empujones, las acusaciones de “agresión al compañero” –que para entonces ya se había cubierto la cara con su sudadera y seguía azuzando al funcionario con la cámara–, y los gritos repetidos: “los ciegos unidos, jamás serán vencidos”.

Los 15 policías que cuidaban la puerta abrieron un espacio para proteger al funcionario y, en voz baja, hacían bromas contra los manifestantes invidentes: “avísales que traen el letrero al revés”. Luego, siguieron las risas de los uniformados.

Poco a poco los ánimos bajaron de tono, pero la advertencia era la misma: no se moverían de ahí hasta que pasara una comisión a hablar con el subsecretario de Gobierno Juan José García Ochoa. “Si no nos dan solución, nos vamos a quedar en plantón permanente”, amenazaron.

Hacia las 14;00 horas, el contingente ya se había ido. Sus líderes les dijeron que iban a tener mesas de trabajo con el gobierno y que regresaran a sus lugares de trabajo.

Se aprovechan de su discapacidad

María Norma, invidente que ofrece masajes curativos en un pequeño local en la estación Patriotismo de la línea 9, fue asaltada y casi abusada sexualmente el pasado 17 de enero.

“Una persona entró a solicitar la atención. Entonces, yo cierro para seguridad del paciente, le pongo seguro a la puerta. Estaba sola con él y es cuando hizo su intento (de violación). Me sacó la pistola, le dije: ya te di todo mi dinero, llévate lo que quieras, pero no voy a permitir que me violes. Si me vas a violar, me vas a tener que matar”, recordó.

Comenzó a gritar y el agresor huyó. La mujer pidió ayuda al módulo de seguridad de la estación, pero el policía no estaba. Fue con el jefe de estación del Metro, quien le dijo que no podía hacer nada hasta no haber una denuncia penal.

En el Ministerio Público de la estación Hidalgo le argumentaron que necesitaba un testigo. “La licenciada que estaba ahí me dijo que debía ir una persona que viera para que me leyera todo lo que estaba declarando y se estaba escribiendo y para que firmara por mí, cuando yo soy una persona que tiene discapacidad visual, no discapacidad mental”, contó María con enojo en la voz.

Ella fue víctima de la inseguridad –y discriminación– que los invidentes denunciaron esta mañana. Por eso, exigió que para evitar que se repita la agresión en otras comerciantes, las autoridades del Metro y la policía instalen medidas de seguridad efectivas y asuman el compromiso de dar apoyo cuando se solicite.

Como María, los comerciantes invidentes que se manifestaron hoy por la mañana, terminaron su marcha con la advertencia de regresar si no les cumplen sus demandas.

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