Cuando Celso Piña hizo bailar a “Gabo”

MÉXICO, D.F. (apro).- Al comenzar la noche del Jueves santo y tras enterarse del fallecimiento de Gabriel García Márquez, el acordeonista regiomontano Celso Piña le escribió un twitter de agradecimiento al artífice de Macondo, la hechizante aldea caribeña que ambienta su novela-río Cien años de soledad, despidiéndolo con afectuoso guiño musical:

“Gracias mi Gabo por hacerme el favor de compartir ese hermoso pueblo que creaste, y por dejarme cantar un pedacito de tus cien años.”

18 atrás, el llamado Rebelde del acordeón leyó aquella obra cumbre de la literatura latinoamericana que le transformaría la vida, según confesó a este reportero Celso Piña en una entrevista del semanario Proceso por las cuatro décadas de la aparición de Cien años de soledad.

“Yo leí Cien años de soledad en 1992, de hecho me enseñé a leer con él, me impactó porque me empezó a entrar el gusto por la lectura y la literatura. Fue tan importante para mí que me marcó como cuando escuché el primer disco de música colombiana, del maestro Ismael Landero, que en paz descanse.”

De los montones de piezas inspiradas en los personajes del universo pletórico de “realismo mágico” desde 1967 (cuando García Márquez publicó Cien años de soledad para Editorial Sudamericana de Buenos Aires, ninguna es más famosa como “Macondo”, la cumbia del peruano Daniel Camino Díaz, alias Canseco, que comienza:

Los cien años de Macondo sueñan,

sueñan en el aire,

y los años de Gabriel, trompetas,

trompetas lo anuncian..

Encadenado a Macondo sueña

Don José Arcadio,

y ante él la vida pasa haciendo

remolinos de recuerdos….

Fue popularizada en México a principios de los setenta por Óscar Chávez, quien la grabó bajo el título “El Macondo”, con arreglos de Chamín Correa tocando buzuki, para el disco LP Enjaulado. Óscar Chávez canta para Latinoamérica 2 (Polydor, 1971).

“Aunque no sea de él la canción, quien interpreta como nadie ‘Macondo’ es Óscar Chávez, a su estilo trovador. Yo también la he interpretado e igual otros personajes de mi tierra, que es Monterrey. García Márquez estuvo por allá y me dedicó su libro Cien años de soledad, ¡lo tengo en tu casa allá de Monterrey pero tuve que comprar otro para no traerlo por todos lados, compadre, es para mí como un tesoro, como un trofeo, vaya!”

En 1999, Celso Piña grabó “Macondo” con su grupo Ronda Bogotá en Una aventura más.

Recordó entonces que en las tres veces que García Márquez había “ido por allá, el señor se ha sentido muy a gusto con nuestra música, ya que yo también tuve el honor de grabarle además esa de la ‘Crónica de una muerte anunciada’, que es otro best-seller del maestro y se la compuso Lisandro Meza, un sabanero de Colombia”.

Piña y su Ronda Bogotá registraron por esa época el son cubano de Carlitos Puebla dedicado al Che Guevara “Hasta siempre comandante”.

“Gabo” y Celso en Monterrey

Esta entrevista con Celso Piña ocurrió en la Ciudad de México durante el verano del 2007 cuando aún no había visitado Colombia, “sueño artístico” que cumpliría al año siguiente (siendo homenajeado por la asociación Colombia Tierra Querida en el Festival Internacional de Santa Lucía).

Solicitada originalmente para la edición especial de Proceso número 21 40 Aniversario “Cien años de soledad” Gabriel García Márquez, junto con las realizadas a Shakira y Óscar Chávez por Roberto Ponce (Proceso 1955), la charla de El rebelde del acordeón no apareció por falta de espacio.

“El son y la cumbia que te mencioné están en mi repertorio y también ‘Macondo’, ésta se la pusimos al maestro García Márquez cuando fue… ¡Desde que llegó la estuvo cantando y todo allá en Monterrey, nos felicitó a mí y a Ronda Bogotá! En la dedicatoria me puso ‘Para Celso, de tu hincha: Gabo.’ Así nomás.”

–¿Cómo fue su encuentro?

–En el 2003 me topé a García Márquez en el Museo de Arte Contemporáneo allá en Monterrey, el Marco; de ahí empezó su interés de cómo se debe tocar el acordeón, la caja y la guacharaca. Como yo se lo dije, entonces le impactó lo mío y creo que de seguro pensó: ¡Pero si yo vengo de donde está la crema y nata de la cumbia y del vallenato, y mira qué bueno es este pelao de aquí del norte…!”

“Había ido mi Gabo al Tecnológico a una plática y a una presentación de su libro y algunas personas le avisaron a mi representante, pero a los organizadores se les hizo mejor recibirlo en el Marco, con su música y Ronda Bogotá…

“¡Y empezó a bailar, fue muy loable porque me llamó la atención que le gustó lo mío, todo su séquito se puso a bailar primero con la ‘Cumbia Sampoesana’, su preferida, es la madre de todas las cumbias, con ‘Macondo’, y también ‘La crónica de una muerte anunciada’, todos ritmos de Colombia!”

–Muy afortunado primer encuentro.

–¡Igual la segunda vez, unos dos años después! Pero no estuvo mucho tiempo ahí…

“Me lo presentó Nina Zambrano, la directora del Marco y le di un abrazo, me dijo que me felicitaba y que siguiera adelante. Me acerqué, me firmó y me dio el libro, nos abrazamos, me dijo que estaba muy bien hecha mi música, que siguiera adelante.

“Yo estaba sude y sude luego de ‘Hasta siempre comandante’; acabamos el show de una hora con cuatro o cinco canciones más y ‘Los gavilanes’, todos ritmos colombianos.”

–¿Le cayó bien El Gabo?

–Me pareció una persona… qué te diré… tranquilo, que le gusta todo… comió, bailó, disfrutó de la música… baila muy bien porque los colombianos saben bailar la cumbia y no es como allá en Monterrey, donde tenemos otro estilo.

“Él, con su cadencia, se veía muy contento el señor. Me dedicó el libro Cien años de soledad sin hacerme esperar ni nada, me pareció una persona muy sencilla. Yo le respondí: ‘¡Mil gracias maestro, aquí estamos para servirle!’ Entre el mar de gente estaba cabrón hablar más.”

–¿Y la tercera vez?

–En la tercera vez ya no pudimos platicar nada, pero en el Marco han sido todas las veces que nos vimos.

La tristeza de Aureliano, el cuatro.

La belleza de Remedios, violines.

Las pasiones de Amaranta, guitarras.

El embrujo de Melquíades, oboe.

 

Úrsula, cien años. Soledad, Macondo…

Eres epopeya de un pueblo olvidado,

forjado por cien años de amor en la historia…

“‘Los cien años de Macondo’ o ‘Macondo’ viene siendo una cumbia y son, una mixtura; pero yo la interpreto cumbia. Así la oí por primera vez con Gustavo El Loko Quintero y Los graduados de Colombia, allá por los setenta en Monterrey. Aunque yo la puse como si fuera del año 2000 (ríe) y le mandamos un saludo:

“Y desde Monterrey, ¡un saludo al maestro García Márquez orgullo de todos los latinos!”, mi pequeño homenaje. La interpretan otros allá pero no le dan la cadencia que debe llevar, muy aprisa a veces, y se pierde el fraseo.

“A Óscar Chávez se le entiende bien cuando la canta, a mí también y ‘Crónica de una muerte’ igual, de Lisandro Meza, recuerda que se hizo película. Pero no, aún no he ido a Colombia nunca. Es mi sueño, me falta cumplirlo y a la mejor el año que entra ya me internacionalizaré en forma.”

Efectivamente, en 2007 Celso Piña recibió un galardón y tocó en Colombia. Concluido el concierto, expresó:

“Como todos los reconocimientos, esto es un síntoma de que todavía estás en el gusto de la gente. Todavía estás sin fecha de caducidad, como dice el título de mi último disco. Aún así, lo que viste más al reconocimiento es que lo reconoce gente que sabe de esto lo que es el folklore. Para tocar la colombiana, netamente debí nacer en Colombia, pero yo soy regio. Yo la tomé y le puse mi estilo, nuestro sello.”

El epígrafe del galardón reza:

“Eternamente las montañas que rodean la hermosa ciudad de Monterrey reproducirán el eco de tus melodías, orgullosas de tener la cuna del más grande, El rebelde del acordeón.” (ver a Gabo bailando con Celso en el video:

Mariposas amarillas, Mauricio Babilonia.

Mariposas amarillas que vuelan liberadas…

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