La lucha de Lucha

MÉXICO, DF (Proceso).- ¿Qué hace un ser humano cuando ve a su alrededor, con el alma destrozada, los feminicidios, las torturas, las desapariciones? Lo que hizo la abogada y teóloga Lucha Castro fue dejar de ser una empresaria exitosa para convertirse en una defensora de los derechos humanos. Desde su expertise legal y con una fe inconmovible, Luz Estela Castro Rodríguez, mejor conocida como Lucha Castro, ha llevado ya 267 casos de delitos de género (desde violencia doméstica hasta feminicidios, pasando por violaciones sexuales), 97 de desapariciones forzadas y siete de defensa a organizaciones ciudadanas dedicadas a la misma labor. Por ello ha recibido decenas de amenazas de muerte, y el local de la organización que fundó, el Centro de Derechos Humanos de la Mujer (Cedehm), ha sido robado, agredido y vandalizado. Por la situación de gran riesgo en la que vive, en 2008 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos solicitó para ella medidas cautelares de protección, y en 2013 la propia Corte Interamericana también las decretó por el mismo motivo.

Lucha Castro es, como bien dice Lydia Cacho en el prólogo de una impactante “novela gráfica” que los Front Line Defenders acaban de publicar, una heroína. También es mi heroína, y me resulta muy reconfortante que los Front Line Defenders, una organización dedicada a la seguridad y protección de los defensores de derechos humanos en todo el mundo, haya armado esta publicación: La lucha: la historia de Lucha Castro y los derechos humanos en México. Se trata de una historieta, tipo cómic para adultos, con varios capítulos donde se relatan algunos de los casos impresionantes que ella ha acompañado, defendido o resuelto. Esta “novela gráfica”, como la llaman los Front Line Defenders, escrita e ilustrada por Jon Sack con Adam Shapiro a cargo de la edición, resulta una intervención pedagógica muy eficaz para dar a conocer a distintos sectores de nuestra población la valiosa y arriesgada trayectoria de esta admirable mujer.

En el prefacio, Lucha reflexiona con sencillez sobre sus ideales, y rememora una experiencia de cuando era pequeña, que le dio bases a lo que luego sería su difícil camino. Mientras asistía a un colegio de monjas, a ella y sus compañeras les daba curiosidad saber lo que sucedía detrás del enorme muro con el cual las monjas pretendían aislarlas del mundo y preservar su “inocencia”. Lucha relata cómo las niñas se organizaron para descubrir lo que sucedía del otro lado: colocaban sus manos entrelazadas para que una pudiera asomarse y narrar a las demás lo que acontecía fuera. A esta maniobra, que Lucha considera uno de sus primeros actos de rebeldía, la denominaron “Operación Piecito”.

De esa forma, Lucha aprendió varias cosas: “la importancia de escuchar y respetar lo que percibía la mirada del otro; a esperar con paciencia y alegría que me tocara el turno de trepar y narrar el mundo desde mi perspectiva, y también a sentirme bien por ser ‘la niña piecito’ –así llamamos a la que debía sostener a la otra”. Ya adulta, Lucha decidió ser “piecito” de muchas mujeres. “Poner mis manos, mis brazos, mi regazo y mi voz para que otras mujeres puedan aprender que otro mundo es posible, otro mundo sin violencia”.

Porque Lucha vive rodeada de violencia. Y en su prólogo también nos comparte el riesgo mortal que la asecha y el esfuerzo que debe hacer para no dejar que el miedo la paralice; habla sobre el dolor que le causa que sus tres hijas, un hijo y cinco nietos vivan lejos de ella, para protegerlos, lo que le ha costado no ver crecer a sus nietos. En una carta de su hijo Luis Jesús, que acompaña la edición, éste le dice que sería mejor comunicarse con una clave, pues para perjudicarla a ella lo podrían torturar o asesinar. ¿Paranoia? No, realismo puro. A Lucha le han asesinado a amigos (una reciente fue la defensora Bety Cariño), clientas (como Marisela Escobedo, abatida frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua), y todo el tiempo recibe solicitudes de madres, hijas y hermanas de activistas desaparecidos.

Ella empezó, como abogada, con casos de violencia doméstica, de violación sexual, y pronto, en la oleada de feminicidios en Ciudad Juárez, comenzó a atender a los familiares de las jovencitas desaparecidas. Entonces llegaron las amenazas, que arreciaron con la defensa de los familiares de activistas, algunos torturados, otros asesinados y unos más desaparecidos.

El miércoles próximo, 18 de noviembre, en el Salón Octavio Paz del Senado (en Paseo de la Reforma), Ofelia Medina, Javier Corral, Adam Shapiro y Alma Gómez presentarán esta magnífica –y aterradora– historieta, a las 18:00 horas. La propia Lucha Castro estará allí, y como se trata de una presentación abierta al público, muchas de sus seguidoras y admiradoras la acompañaremos. Quienes no puedan llegar, la otra semana podrán encontrar en librerías este impactante libro/historieta, del cual Mary Robinson, quien fue alta comisionada de los Derechos Humanos para Naciones Unidas, dice que es “una percepción única en primera persona sobre la lucha por la justicia en lo que queda de uno de los lugares más peligrosos del mundo para los defensores de derechos humanos”. ¡Felicidades, Lucha!… Y mil gracias a Front Line Defenders.

Comentarios