Woodrow Wilson: donaciones del gobierno de México para lucimiento de funcionarios

Pese a haberlo negado, el gobierno mexicano entrega 75 mil dólares anuales a The Woodrow Wilson Center, un think tank estadunidense que tiene un instituto especializado en México. La donación, que sale del erario, ha sido utilizada para que funcionarios, dependencias, programas y versiones oficiales sean apuntalados entre los medios académicos de aquel país. Así, pareciera que las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto han buscado, ante todo, que ese dinero les permita lucirse en Washington.

WASHINGTON (Proceso).- En 1982, el entonces presidente José López Portillo pronunció una frase memorable en alusión al retiro de publicidad gubernamental en diversos medios de comunicación: “No pago para que me peguen”. Esa máxima parece ser desconocida en el prestigioso centro académico The Woodrow Wilson Center, que cada año recibe 75 mil dólares del gobierno de México.

The Woodrow Wilson Center destina ese dinero al financiamiento de su Instituto México. El objetivo es organizar encuentros o foros destinados a promover y dar a conocer los temas de la relación bilateral entre México y Estados Unidos, de acuerdo con un convenio firmado con la Secretaría de Relaciones Exteriores.

La colaboración comenzó en el sexenio de Felipe Calderón, por iniciativa del entonces embajador mexicano en Washing­ton, Arturo Sarukhán. Desde entonces se han organizado actos que algunos funcionarios mexicanos aprovechan para su lucimiento personal y el del gobierno.

Desde que Sarukhán era embajador, Proceso solicitó a la sede diplomática, en varias ocasiones, que le informara la cantidad que entrega al Instituto México, pero la solicitud siempre fue rechazada. La embajada mexicana llegó incluso a negar que diera dinero a ese centro académico.

No fue sino hasta hace unas semanas, durante el primer encuentro que tuvo con los corresponsales de medios mexicanos acreditados en Washington, cuando el nuevo representante de México en Estados Unidos, Miguel Basáñez, accedió a que se le dijera a este semanario cuánto da al Woodrow Wilson Center cada año.

“Es muy poquito, son unos 73 mil dólares lo que les damos”, dijo un funcionario de la embajada que se comunicó con Proceso para informar la cantidad. El empleado pidió que no se difundiera su nombre. “Ya hablamos con el Woodrow Wilson Center y ellos te van a dar más detalles. Llámales”, agregó.

Andrew Selee, vicepresidente ejecutivo del Woodrow Wilson Center y fundador y exdirector del Instituto México, fue quien envió a este reportero, por correo electrónico, la copia del convenio.

“Un día se me acercaron, no me acuerdo quién era en ese momento, pero era de la embajada (de México); y me dijo que tenían una línea de financiamiento para programas sobre México. ‘¿Les interesa?’, preguntó. Lo pensamos y le respondimos que sí aceptábamos”, cuenta Selee en entrevista telefónica.

El convenio fue renovado el pasado 3 de agosto. Firmaron Jane Harman, directora y presidenta del Woodrow Wilson Center, y Alejandro Estivill Castro, jefe de la cancillería en la embajada de México en Washington. En su artículo nueve, el acuerdo asienta que la aportación del gobierno mexicano al centro académico es de 75 mil dólares al año.

Con el título Programa de Colaboración entre la Secretaría de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos Mexicanos y el Woodrow Wilson Center, el documento señala en su artículo 9 que su “objetivo” es “promover la cooperación entre las partes para la ejecución de análisis, discusión y promoción de actividades que proporcionen a los gobiernos de las partes los elementos necesarios para formular políticas públicas que les permitan fortalecer la cooperación en mecanismos bilaterales para una mejor, benéfica y productiva relación”.

El Woodrow Wilson Center tiene un presupuesto anual de unos 26 millones de dólares. De éstos, 1.2 millones se destinan al Mexican Institute; esto significa que el erario mexicano aporta 0.02% de esa partida. “Es muy poco dinero en realidad, pero nos es muy provechoso”, confió a Proceso el funcionario de la embajada en Washington.

Y vaya que los gobernantes mexicanos lo han aprovechado. Una muestra: el 11 de enero de 2012, bajo la dirección de Selee, el Mexican Institute organizó un foro para presentar el libro Un nuevo modelo de seguridad para México, del entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna.

La obra se regaló tanto en inglés como en español a quienes asistieron al acto, durante el cual Selee afirmó que el autor presentaba un proyecto que debería ser copiado por todos los países del hemisferio, incluido Estados Unidos. “García Luna supervisó la dramática transformación de la fuerza policial de México”, se leía en la invitación que distribuyó el instituto.

Por cierto, en ese encuentro Selee evitó darle la palabra al corresponsal de este semanario para cuestionar a García Luna.

Basáñez, quien en sus pocos meses como embajador en Estados Unidos no ha dicho ni hecho nada destacable, este lunes 7 aprovechó el Mexican Institute para que le organizara un foro donde presentar su libro, Un mundo de tres culturas: honor, logros y gozo del embajador de México en Estados Unidos.

En la presentación de la obra participarían Alejandro Moreno, profesor de ciencias políticas del Instituto Tecnológico Autónomo de México; Enrique Alducin, director general de Alducin y Asociados; y Duncan Wood, director del Mexican Institute.

Selee y Wood, por petición de este semanario, entregaron la lista de actos realizados en el Mexican Institute de diciembre de 2011 a diciembre de 2015. En este plazo hubo 156 foros. En ellos, los ponentes más destacados fueron funcionarios del gobierno mexicano.

La organización de foros es sólo una parte de las actividades del Instituto México. El centro académico publica, además, análisis, libros y artículos de opinión sobre la relación bilateral.

Se le menciona a Selee que, según la evidencia, pareciera que el gobierno mexicano siente que tiene derecho a que se organicen foros en el Instituto México para lucimiento de sus funcionarios, en detrimento de los opositores. Selee responde: “Ellos sentirán eso, pero nosotros somos una institución creada por el Congreso (federal) de Estados Unidos que debe rendir cuentas a la ciudadanía estadunidense y ésa es nuestra responsabilidad. No el gobierno mexicano”.

Un acto previo a la presentación del libro de Basáñez fue un encuentro sobre la indagatoria de los 43 normalistas de Ayot­zinapa desaparecidos. Se realizó el 21 de octubre pasado en el edificio Rayburn de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos. En ese foro participaron los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Organización de Estados Americanos (OEA), el congresista Alan Lowenthal y la organización no gubernamental Wola.

El 21 de octubre, un día después de la audiencia sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, en la sede del Instituto México se llevó a cabo un foro para darle seguimiento al tema. Los ponentes fueron Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Gobernación para Derechos Humanos; Éber Betanzos, subprocurador general para Derechos Humanos; y Miguel Ruiz Cabañas, subsecretario de Relaciones Exteriores para Derechos Humanos.

“El apoyo financiero que recibimos del gobierno de México es sólo una pequeña parte de un portafolio muy diverso de fuentes, tanto del sector privado, de fundaciones, de patrocinios y donaciones de corporaciones e individuos en nuestros actos para recaudar fondos. Hemos estructurado las finanzas así para mantener nuestra independencia y autonomía de cualquier fuente en particular, para que podamos ofrecer un espacio libre e imparcial para la conversación sobre México y la relación bilateral en Washington.

“Al apoyo de un actor, sea el gobierno de México, de Estados Unidos, o de cualquier actor privado, no se le permite impactar sobre la independencia del Instituto. Esto está claramente definido en nuestro mandato como centro de investigación”, comento Wood.

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