El contrapeso de Macri despacha en el Vaticano

El Papa Francisco en el Vaticano. Foto: AP / Alessandra Tarantino El Papa Francisco en el Vaticano. Foto: AP / Alessandra Tarantino

El opositor más reputado de las políticas ultracapitalistas del presidente argentino, Mauricio Macri, es el Papa Francisco. El pontífice le ha negado su respaldo y frecuentemente le manda mensajes en los que lo insta a atemperar sus políticas neoliberales, que hasta el momento han profundizado la crisis que vive aquel país. La postura de Jorge Bergoglio, además, ha cimbrado la Iglesia argentina, que alberga grandes sectores ultraconservadores, y al empresariado, que lo alababa cuando criticaba a Kirchner y lo repudia cuando hace lo mismo con el actual mandatario.

BUENOS AIRES (Proceso).- El Papa planta cara al presidente argentino. El malestar de Francisco frente el impacto social de las políticas que aplica Mauricio Macri se vuelve cada día más explícito. El jueves 19, Francisco expresó frente a los obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano su inquietud por la “situación social, económica y política” que atraviesan algunos países latinoamericanos, entre los que mencionó a Argentina.

El domingo 22, la Conferencia Episcopal Argentina denunció el aumento de la pobreza, el desempleo y la desnutrición infantil. Un día más tarde, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) advirtió sobre los riesgos de “poner demasiadas expectativas en el efecto derrame como estrategia de reducción de la pobreza”. El efecto derrame –promesa de bienestar futuro a partir de la libertad económica, la desregulación de los mercados y el enriquecimiento de los adinerados– es el horizonte que esgrime el gobierno para justificar las privaciones que sufre la población.

En su medición de mayo, el Observatorio de la UCA había verificado un incremento de la pobreza de 29% a 32% entre diciembre y abril últimos. Atribuyó esta subida al impacto de las drásticas medidas económicas aplicadas por Macri en sus primeros meses de gobierno.

Las señales de que el Papa no bendeciría el regreso al credo neoliberal en su propia tierra fueron claras desde un primer momento. Francisco no felicitó telefónicamente a Macri cuando éste fue elegido presidente el 22 de noviembre de 2015. El Vaticano no envió a ningún representante de primer orden a la asunción de mando el 10 de diciembre.

Francisco dedicó al nuevo presidente apenas 22 minutos en la audiencia que le concedió en febrero. El gesto avinagrado que evidencia en las fotos junto a Macri resonó como una bofetada en el seno de la élite empresarial, política y mediática argentina. Los ataques en su contra han crecido consecuentemente.

La falta de legitimación papal a las políticas que impulsa el gobierno argentino se ha revelado acertada. La calidad de vida de la población cruje desde que Macri se hizo cargo del Poder Ejecutivo. El gobierno reconoce estar “en el peor momento”, pero lo atribuye a la “pesada herencia” recibida de Cristina Fernández de Kirchner.

El compromiso electoral de investigar casos de corrupción que podrían involucrar a miembros del gobierno saliente –expresidenta incluida–, ha perdido parte de su legitimidad moral. Macri es uno de los cinco mandatarios en actividad cuyo nombre aparece en los PanamaPapers. Es o ha sido miembro del directorio de empresas inscritas en guaridas dedicadas a la evasión fiscal y al lavado de dinero.

Los temores

Lo más tangible en estos primeros meses de gobierno es el aumento del costo de la vida. El nivel general de precios se disparó tras la devaluación del peso frente al dólar decidida el pasado diciembre, y registró entre enero y abril un alza de 18%.

La inflación, que en los últimos cuatro años de mandato de Cristina Fernández se mantuvo entre 25 y 30%, trepará en 2016 a 40%, según estimaciones privadas, ya que las estadísticas oficiales, poco fiables durante el kirchnerismo, hoy son inexistentes.

A la quita de subsidios a los servicios públicos se sumó el aumento de tarifas de energía eléctrica, agua y gas, que va de 300% a 700%. El poder adquisitivo del salario tuvo en el primer trimestre una caída de 8% respecto de noviembre último, según un informe de la consultora Ecolatina.

El Estado se desfinanció a través de la reducción drástica de impuestos al sector agroexportador. Y se endeuda para pagar deuda antigua y gastos corrientes. El freno a la inversión pública agrava el estancamiento, lo que repercute en sectores clave, como la construcción y la producción manufacturera. El consumo se retrae. El FMI prevé una recesión de 1% en 2016.

Tras sólo cinco meses de gobierno, el temor a perder el empleo se ha convertido –después de la inflación– en la segunda mayor preocupación de los argentinos. Los despidos suman 154 mil 786 hasta abril, de acuerdo con un estudio del Centro de Economía Política Argentina. Macri vetó el viernes 20 la ley sancionada un día antes por el Congreso, con el objetivo de desa­lentar despidos durante un periodo de seis meses.

“Francisco rechaza la explotación capitalista y el neoliberalismo, e identifica que todo eso caracteriza al gobierno de Macri, con su cultura mercado-friendly y sus funcionarios que fueron CEO de multinacionales”, sostuvo Fortunato Mallimaci, investigador y profesor de la Universidad de Buenos Aires (diario Página 12 del 9 de marzo pasado).

Varios son los documentos y homilías en los que el Papa ha condenado el recetario neoliberal que hoy se aplica en Argentina. “Hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y de la inequidad’. Esa economía mata”, se lee en el documento La alegría del Evangelio, de 2013.

Los interlocutores habituales de Francisco sostienen que el Papa critica el carácter neoliberal del gobierno de Macri, pero también su “revanchismo” contra políticos kirchneristas y las expresiones peyorativas de sus funcionarios contra los trabajadores despedidos.

El gobierno tiene entre sus filas a 27 exejecutivos de entidades financieras internacionales. Su temor ahora es que la postura y las palabras de Francisco sean interpretadas en clave ideológica, con Macri encabezando una administración que favorece a los más ricos y se desentiende del costo social de sus políticas.

El legislador Gustavo Vera es amigo y portavoz oficioso del Papa: “Yo creo que Francisco está muy preocupado: cree que en algún momento el presidente electo por los argentinos tiene que entender que, por más que sea presidente, no es una monarquía”, sostuvo el 12 de mayo en Canal 13.

Papa peronista

“Francisco es un argentino eminente, famoso e importante en el mundo, obvio que Macri debe tener las mejores relaciones con él; no es negocio pelearse pero tampoco es el fin del mundo. No creo que el Papa sea un líder político que tenga mucho éxito”, dijo Jaime Durán Barba al canal Todo Noticias el miércoles 25. El consultor está detrás de la carrera política de Macri desde sus inicios. Es su hacedor y gurú. Hoy es uno de los tantos referentes del oficialismo que atacan a Francisco abierta o solapadamente.

El Papa peronista, tituló La Nación el 17 de marzo de 2013, cuando quedó claro que un triunfo del proyecto neoliberal en Argentina encontraría a Bergoglio en la trinchera opuesta. “El doloroso rol que el Papa Francisco cumple en Argentina”, definió el periódico Clarín el pasado sábado 14, criticando “los privilegios políticos concedidos a Cristina y su séquito”.

“El Papa Francisco no ayuda a pacificar el país”, sostuvo la diputada Elisa Carrió, que suele oficiar de altavoz del ideario de los sectores que apoyan al gobierno. Varios dirigentes que solían visitar a Bergoglio cuando el entonces arzobispo de Buenos Aires se peleaba con los Kirchner, ahora le reprochan que “se meta en política”.

“En el debate sobre el aborto debería haber libertad de conciencia para que cada legislador vote como piensa”, dijo la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, en declaraciones a Radio Mitre, el viernes 13.

Vidal es el principal alfil de Macri. Está a cargo de la provincia más importante de Argentina. Siempre ha sido una abanderada contra el aborto. Sus palabras amenazan resquebrajar el pacto tácito entre el Vaticano y la Casa Rosada durante décadas. Tal declaración debe leerse como parte de la guerra fría entre Francisco y Macri. La despenalización del aborto en Argentina durante su papado sería para Francisco una derrota sin precedente.

El gobierno y los grandes medios que lo apoyan reaccionaron con enorme desa­grado cuando Francisco envió un rosario bendecido a Milagro Sala. Esta dirigente social se encuentra detenida en la provincia de Jujuy debido a una denuncia del gobernador Gerardo Morales, estrecho aliado de Macri.

Algo parecido sucedió cuando se supo que Francisco recibiría a Hebe de Bonafini, integrante de la asociación Madres de Plaza de Mayo, el viernes 27. El 24 de marzo último se cumplieron 40 años del comienzo de la última dictadura y El Vaticano anunció que abrirá los archivos de la época.

Con el kirchnerismo alicaído tras la derrota electoral, Cristina Kirchner recluida en su silencio, una oposición fragmentada, los gobernadores peronistas dependientes de la coparticipación federal que administra el gobierno, Francisco se transforma en un actor político de peso, al cual es muy difícil atacar.

El gobierno ve la mano del pontífice en la reciente reunificación de las cinco centrales sindicales, algo que no ocurría desde 1992. Francisco ha expresado además su deseo de unir a los movimientos sociales de diferentes tendencias políticas. Esto podría traducirse en capacidad de movilización y resistencia frente a las políticas del gobierno. Hasta ahora estas medidas han generado una recomposición de las ganancias de los sectores agroexportadores pero ninguna mejora en la distribución del ingreso.

“Mientras el Papa presenta una memoria de largo plazo, que revela el impacto social que han tenido en el pasado las políticas económicas que ahora se están aplicando nuevamente, Macri presenta una memoria de corto plazo, y pretende mostrarse como alguien nuevo en la política, cuando en realidad, más que innovar, reproduce lo que ya se hizo”, sostiene Fortunato Mallimaci en el artículo citado. “El Papa fue el primero en poner a Macri ante esa memoria de largo plazo”, dice.

“De alguna manera, en la reunión entre Macri y Francisco se encontraron dos modelos de catolicismo”, prosigue el investigador. “Porque hay muchos sectores católicos que apoyan al macrismo, sobre todo de organizaciones no gubernamentales y grupos burgueses, y también hay una mayoría silenciosa de obispos argentinos apoyando al macrismo. En Argentina no hay una lucha entre laicos y católicos, sino entre distintos tipos de catolicismo”, puntualiza.

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