Hong Kong: una independencia que está en chino

El memorial a las víctimas de la matanza de Tiananmen. Foto: AP / Kin Cheung El memorial a las víctimas de la matanza de Tiananmen. Foto: AP / Kin Cheung

HONG KONG, (apro).- En las calles de la zona más exclusiva de Hong Kong, miles de personas conmemoraron el pasado 4 de junio a las víctimas de la matanza de Tiananmen (1989) en China y exigieron los cambios constitucionales para poder elegir a sus propios candidatos a los puestos clave del gobierno, hasta hoy, designados por Beijing.

A lo largo de las principales avenidas del exclusivo distrito Causeway Bay, lleno de tiendas de lujo, los oradores de la protesta usaron altavoces para gritar sus consignas a todo pulmón y todos al mismo tiempo. El ruido era ensordecedor y cada frase era una metralla de decibeles que impactaba hasta los huesos. Diversas organizaciones estudiantiles, partidos políticos y ciudadanos comunes participaron.

Pacha, uno de los oradores del movimiento estudiantil, dijo a Apro que no se sabe cuántos muertos y desaparecidos hubo en la masacre de Tiananmen. “El gobierno chino afirma que menos de cien personas perdieron la vida, pero fueron más de mil, incluyendo, estudiantes, trabajadores y ciudadanos. Cada año en Hong Kong los conmemoramos y este es el único lugar en toda China donde se les puede rendir homenaje, donde se puede hablar del tema; en el resto del país hay una censura absoluta“, afirmó el universitario en un perfecto inglés.

La policía estuvo presente todo el tiempo de una manera muy discreta, pero de pronto llegaron más elementos que cerraron calles para desviar los ríos de personas que se contaban por miles. Desde una plataforma, llevada por los agentes, uno de ellos declaró a través de un altavoz que la manifestación era ilegal. Para que no hubiera dudas, la policía llevó un letrero en chino y en inglés que advertía a los participantes que estaban violando la ley y que serían castigados. Los estudiantes no se inmutaron, continuaron con su protesta, cerraron filas… y empezaron los arrestos.

Una región especial

Hong Kong fue colonia británica de 1842 a 1997. Actualmente es una región administrativa especial de China. Hubo un pacto entre la Corona británica y China en el que se acordó que Hong Kong le sería devuelta en 99 años. El 1 de julio de 1997 se cumplió el plazo. Formalmente, según la declaración conjunta sino-británica, Hong Kong podría conservar por cinco décadas su autonomía, su sistema legal, su moneda, su sistema político y sus leyes de migración. China se encargaría de los asuntos internacionales y militares. En 2047, el que fuera el primer bastión inglés de las Guerras del Opio, será totalmente chino y perderá toda soberanía.

Actualmente, Hong Kong es cosmopolita, moderna, abierta al mundo, con la economía más liberalizada del planeta y uno de los puertos más grandes del orbe, en un lugar estratégico donde no nadie paga impuestos y tienen un estado benefactor con servicios públicos de primera.

Ni en China ni en Hong Kong alguien puede comprar tierra. Los dueños de todos los inmuebles pagan una renta exorbitante al Estado. El comercio y las finanzas trajeron la bonanza económica.

“Apenas se fueron los ingleses muchos hongkoneses se preocuparon por el futuro. Tenemos una miniconstitución llamada The basic law, (que elaboraron los ingleses en los tiempo coloniales) que necesitaba algunas modificaciones; éstas fueron negociadas entre China e Inglaterra en los años ochenta. Las negociaciones fueron muy ríspidas. En eso llegó la matanza de Tianamen (1989) y los hongkoneses entraron en pánico. Vieron en aquella masacre un preludio de lo que les esperaba con la reincorporación a China. Los que pudieron se fueron a Australia, Canadá y los Estados Unidos, Nueva Zelanda e Inglaterra”, relató Andrew Work, periodista canadiense y editor en jefe del periodico Harbour Times.

En entrevista con Apro, explicó: “Si bien es cierto que hay un acuerdo en el Hong Kong tendría una cierta autonomía de 1997 a 2047, China no quiso esperar medio siglo y de inmediato empezó a operar para controlar la zona a dos niveles: el primero fue poniendo en puestos claves del gobierno a sus alfiles y así consolidar su control de las instituciones, además de imponer al Jefe del Ejecutivo; éste tiene un enorme peso en la estructura política hongkonesa, pues es él quien designa a los titulares de los puestos claves y legisladores e. incluso, a los directores de las universidades”.

“Es como si en México el presidente de la República designara a secretarios de Estado, jefes de la policía, gobernadores, rectores o al jefe de la comisión anticorrupción”, dijo con inocencia el periodista canadiense.

La plática transcurre en un restaurante con el aire acondicionado a 15 grados centígrados, mientras en la calle a las diez de la noche hay 35 grados con un 90% de humedad.

“La prensa en Hong Kong saca a la luz los casos de corrupción y le añade toda la intención política de poner en la picota a los funcionarios abusivos designados desde Beijing”, cuenta.

Work interpreta esta práctica como una manera de ilustrar la imposición de burócratas deshonestos y del cómo se les exhibe para darles su merecido diciendo “aquí hay un Estado de Derecho y nadie está por encima de la ley como en la China continental”.

“El otro nivel que mencioné -continua el quevequense avecindado en Hong Kong desde hace 20 años– es la presencia en Hong Kong de millones de chinos continentales como migrantes, contrabandistas, turistas o refugiados. Hong Kong tiene 7 millones de habitantes, China mil 500 millones. Hong Kong recibe 60 millones de turistas al año de los cuales 40 millones son chinos. Esa masiva afluencia tiene un impacto en la economía y en la cultura. Además, los chinos no tienen entre sus prioridades la defensa de los derechos humanos, las libertades, la ecología. Nadie extraña lo que no conoce”.

El periodista agrega con tono de incertidumbre: “En 2047 la frontera con China desaparecerá. Nadie sabe qué sucederá y la gente se preocupa por el futuro, sobre todo los jóvenes. Nuestras instituciones y leyes ya no funcionarán. Nadie sabe cuáles son los planes de Beijing, pero muchos ya están migrando. Ningún país se interesa por Hong Kong, nadie lo defiende y las potencias prefieren llevar buenas relaciones con China y hacer buenos negocios”.

La censura blanca

–¿Existe censura en Hong Kong?, se le pregunta a una experimentada reportera especializada en asuntos políticos, cuyo nombre pide que no se divulgue debido a que no cuenta con autorización de los editores del diario para el que trabaja.

–Sí. Es una censura blanca–, responde.

Explica: “La libertad de prensa en Hong Kong ha declinado con el tiempo. La censura se ejerce a través de privar de publicidad a los medios. Hace dos años cuando floreció el movimiento prodemocrático de Los Paraguas Amarillos, el gobierno chino amenazó a quienes se anunciaran en los periódicos que informaban sobre las protestas. La presión no sólo fue para los diarios sino para los anunciantes, pues no podrían hacer negocios en China”.

En Hong Kong no existe la publicidad oficial en los medios, solo la privada; sin esta última, los medios no pueden sobrevivir. A decir de la periodista entrevistada, Beijing impide que los anuncios de grandes empresas multinacionales –como los bancos– se publiquen en los periódicos de Hong Kong. Es una forma de irlos sometiendo a través del debilitamiento económico.

“Vemos como cada día las publicaciones son cada vez más delgadas; un ejemplo de ello es el periódico Apple Daily. No te impiden que escribas lo que quieras pero encontraron la manera de hacerte sufrir o de desaparecer”, explica la periodista.

Y expone como ejemplo el caso de Denise Ho, una cantante hongkonesa radicada en Londres. Ella apoyó abiertamente al movimiento prodemocracia, mejor conocido como Los Paraguas Amarillos. Ho estuvo en los plantones y ofreció discursos hasta que fue arrestada el 6 de junio de 2014.

La compañía francesa Lancome iba a patrocinar un concierto de Denise Ho en Londres, pero el gobierno chino amenazó con boicotear a dicha empresa en caso de que se realizara el recital. El consorcio galo rompió públicamente toda relación con la compositora y siguió vendiendo sus cosméticos en China.

“Eso es el terror blanco. En China no hay libertad de expresión, no hay respeto a los derechos humanos o a la ecología. Hay una represión espantosa, pero a muchos hombres de negocios, políticos, escritores, académicos, etcétera, eso no les importa; les importa tener acceso al mercado más grande del mundo“, sostiene la editora de uno de los diarios de mayor circulación en Hong Kong.

Y añadió: “Ese enorme poder económico y político puede hacer añicos a cualquiera. Si quieres hacer negocios y mucho dinero, no critiques a China”.

–¿Hay periodistas asesinados, desaparecidos a causa de su trabajo en Hong Kong?

–No, ninguno. Hong Kong es el único lugar en China que aún tiene una prensa libre y tenemos que defender la libertad de expresión a toda costa.

Los paraguas amarillos

“Nosotros fuimos parte del movimiento de los Paraguas Amarillos el año pasado y estuvimos en plantón permanente en la zona central de Hong Kong. Ocupay Central tiene un espectro muy amplio de organizaciones con diversas posiciones políticas: liberales, izquierdistas y hasta populistas de derecha. Este movimiento tan plural fue detonado por la negativa del gobierno chino a que los hongkoneses pudieran elegir a sus candidatos a puestos de representación popular libremente. El jefe del Ejecutivo antes era elegido por la corona británica, ahora lo es por Beijing. Ella nos impone los candidatos y nosotros sólo podemos votar por sus títeres”, explicó un estudiante que no quiso dar su nombre.

“El movimiento de los Paraguas Amarillos fue perdiendo contundencia y finalmente la policía, ayudada por golpeadores gansteriles, disolvió el plantón por la fuerza y arrestó a medio mundo. Aunque el movimiento social fue reprimido, la rabia y el resentimiento están presentes en contra del Partido Comunista chino y los gobernantes de Hong Kong. China tiene un sistema capitalista y Hong Kong también; la diferencia entre ambos países es que uno es más dictatorial que el otro”, sentenció el joven activista.

“Hace una década a los jóvenes no le interesaba la política, pero hace poco hubo un despertar debido a la grosera intervención de China en nuestros asuntos al impedir que elijamos a nuestros representantes por la vía del voto. Los hongkoneses odian a China profundamente; es más, los ofende que les llamen chinos”, afirma una reportera hongkonesa.

Explica: “Existe una política de enviarnos tantos chinos continentales como se pueda para mermar el sentimiento localista de los hongkoneses. Existe una cuota oficial para que entren a Hong Kong 150 chinos continentales al día. Hace 20 años, de pronto nos llegaron un millón de continentales. Hay quien viene a comprar comida para bebé porque no confía en la producida en China, sobre todo después de los escándalos por intoxicaciones. El problema es que los contrabandistas y revendedores chinos provocaron aquí desabasto y escasez. Muchas chinas vinieron a Hong Kong para dar a luz y que sus hijos obtuvieran los derechos de los nacidos aquí, como la residencia, la educación gratuita, servicios médicos de primera sin costo alguno, pero fueron tantas que se convirtió en un problema grave. Aumentaron las tensiones sociales y a punta de protestas el gobierno de Hong Kong se vio obligado a prohibir el turismo de parto. Las pequeñas tiendas de los hongkoneses fueron desplazadas por las de los chinos continentales. Si no hay democracia en China tampoco la habrá en Hong Kong. Nuestras economías están estrechamente relacionadas”, concluyó la comunicadora .

Macao, poca resistencia

Al igual que Hong Kong, Macao es también una zona administrativa especial. Fue colonia portuguesa por 500 años. En ella las desigualdades sociales están muy marcadas. No es un centro financiero o un emporio comercial como Hong Kong sino una zona de casinos enormes. Los automóviles más lujosos del planeta transitan frente a los callejones pestilentes y por calles llenas de baches. En los barrios cercanos al puerto, los muros despintados de los edificios chorrean óxido de los destartalados aires acondicionados. La pobreza se nota en los peatones, en las calles a pesar de que en cada esquina hay una joyería o más tiendas de Rolex que hospitales. Toda la vida económica de Macao gira alrededor de los casinos, pero la riqueza ahí se concentra.

A pesar de que el portugués y el chino son las lenguas oficiales, el primero no se habla, sólo el segundo. En los casinos el personal habla inglés. Del medio milenio de presencia portuguesa, sólo queda un puñado de edificios y los nombres de las calles. Macao ya es china en todo. En contraste, Hong Kong se resiste.

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