Trump: una amenaza ambiental

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La futura presidencia del republicano Donald Trump haría que Estados Unidos anule los progresos ambientales que ha logrado en años recientes, si cumple con sus promesas de campaña.

En mensajes publicados en enero de 2014, febrero y octubre de 2015 en Twitter, el magnate repitió que el cambio climático es un fraude, a pesar de la evidencia científica existente que demuestra la intervención humana en el desencadenamiento de ese fenómeno.

En un discurso el pasado 26 de mayo en la Conferencia de la Cuenca Petrolera Williston, realizada en Bismarck, capital de Dakota del Norte, fronterizo con Canadá, –rico en crudo y escenario actual de una masiva protesta contra un oleoducto sobre tierras indígenas—, Trump prometió retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, suspender las medidas ambientales destinadas a reducir emisiones contaminantes que ordenó Barack Obama, y eliminar regulaciones para revigorizar la producción de carbón y otros combustibles fósiles.

“Las declaraciones de campaña de Trump son muy problemáticas, como lo son el tipo de asesores a quienes parece escuchar, pero es totalmente incierto qué piensa o planea hacer”, dijo a Apro Kathleen Miller, investigadora del Instituto para el Estudio de la Sociedad y el Ambiente en el Centro Nacional de Investigación Atmosférica.

La experta señaló que “podríamos simplemente ser empujados a depender de esfuerzos descoordinados a nivel local y estatal para reducir emisiones de gases efecto invernadero y planear para la adaptación (al cambio climático). Estados Unidos ya ha hecho algún progreso en esa dirección, pero nos dejaría sin jugar un rol de liderazgo en los esfuerzos internacionales”.

Otro de los anuncios de Trump se refiere al desmantelamiento de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), la máxima autoridad nacional en esa materia. De hecho, ya nombró a Myron Ebell, miembro del Instituto de la Empresa Competitiva, un centro de pensamiento conservador, y quien se ha declarado en Twitter “enemigo #1 del alarmismo del cambio climático”, como responsable de la transición de esa oficina.

El rol de la EPA es fundamental, pues tiene la potestad de imponer y supervisar regulaciones ambientales bajo la Ley de Aire Limpio de 1963, como lo determinó la Corte Suprema estadunidense en junio de 2014, a menos que se modifique el marco legal.

Para octubre, previo a las elecciones, Trump divulgó su plan para los primeros 100 días en el cargo llamado El contrato de Donald Trump con el votante estadunidense.

El punto quinto contiene el levantamiento de todas las restricciones sobre las reservas energéticas, incluyendo el gas shale o de esquisto, petróleo, gas natural y “carbón limpio”, valuadas en 50 millones de millones de dólares, y que ha denominado “revolución energética” que producirá una “vasta riqueza nueva”.

El sexto compromiso de Trump se refiere a la eliminación de los “obstáculos de Obama-(Bill) Clinton” y facilitar el avance de “proyectos de infraestructura energética vitales”.

Y en el punto siete, el futuro gobernante ofrece cancelar miles de millones de dólares en pagos para los programas de cambio climático de la ONU.

La bióloga Elizabet Sawin, codirectora de la organización Climate Interactive, escribió en el blog de la misma que “el paisaje político en EU cambió con la elección, pero la biofísica del plantea y la matemática del carbono de la protección ambiental no”.

Además, resaltó que “las creencias y actitudes que fueron desplegadas en esta elección limitarán probablemente la habilidad de EU para avanzar en lo climático, por la propia agenda política del presidente electo Trump y porque estas creencias y actitudes impactan cómo trabajamos, vivimos y tomamos decisiones juntos en todos los niveles”.

Ofensiva anticlimática

El Acuerdo de París, fruto de la 21ª. Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015, cobró vigor el pasado 4 de noviembre. En su concreción, EU y China desempeñaron un papel fundamental.

Estados Unidos, segundo mayor contaminador y consumidor de energía del mundo -después de China-, se ha comprometido a reducir sus gases contaminantes en 17% para 2020 y entre 26% y 28% en 2025, a partir de los niveles registrados en 2005.

El Acuerdo de París estipula que un Estado parte puede solicitar su retiro tres años después de su entrada en vigor, lo cual significa que Trump podría hacerlo al final de su mandato. Pero un escenario podría ser una petición al inicio de su gobierno y esperar la respuesta del Secretariado de la UNFCCC, para no cumplir con el tratado.

Un análisis de Climate Interactive, un centro de pensamiento científico, concluyó que las políticas de Estados Unidos representarían cerca de 20% de las reducciones esperadas entre 2016 y 2030 bajo el Acuerdo de París.

Durante la COP 22, que arrancó el pasado 7 y concluye el 18 en Marrakech -ciudad en el sur de Marruecos-, gobiernos, científicos y organizaciones de la sociedad civil cerraron filas en torno al cumplimiento del Acuerdo de París y cuestionaron cualquier intención futura de Estados Unidos de abandonarlo, pues un tratado sin participación estadunidense imposibilitaría la reducción efectiva de emanaciones de dióxido de carbono (C02), el gas responsable del calentamiento del planeta.

En el blog Política planetaria de Brookings Institution, centro de pensamiento con sede en Washington, Jaime de Melo, director científico de la francesa Fundación para los Estudios e Investigaciones sobre Desarrollo Internacional, escribió que la salida de Estados Unidos “podría llevar a una reducción de los esfuerzos de China y otros países de cumplir el Acuerdo de París”.

De Melo subrayó que los países más pobres, que menos contribuyen con el cambio climático y que peor sufren sus efectos, “necesitan respaldo financiero para adaptarse, algo lejos de ser seguro dadas las señales de que Estados Unidos podría reducir sus contribuciones a Naciones Unidas y otras actividades multilaterales en apoyo a la acción climática”.

El Plan de Obama

Trump también ha dicho que cancelará el Plan de Energía Limpia aplicado por Obama y cuya meta es recortar la contaminación de las plantas eléctricas, especialmente las carboníferas, en 32% para 2030, en comparación con los volúmenes de 2005.

Anunciado en agosto de 2015, el plan está detenido desde febrero por la Corte Suprema, pues 28 estados y más de 100 empresas, entre ellas petroleras, del carbón y mineras, litigan su aplicación.

La EPA introdujo este año reglas para contraer las emanaciones de metano provenientes de la industria petrolera y gasífera, parte de un trinomio regulatorio para contener las emanaciones. La meta es rebajar esos gases de la industria de hidrocarburos entre 40% y 45% para 2025, a partir de los niveles de 2012.

De hecho, EU se comprometió en junio último, junto con Canadá y México, a contraer esa polución proveniente del crudo y el gas y producir 50% de la electricidad mediante fuentes limpias para 2025.

Obama divulgó este martes 15 la nueva Norma sobre Metano y Prevención de Residuos para reducir las emisiones de metano, un gas mucho más nocivo que el CO2 en torno al calentamiento planetario, generadas por la obtención y quema de gas natural en tierras públicas e indígenas.

La regulación, cuya elaboración demoró cinco años, requiere que los productores de crudo y gas utilicen tecnologías ya disponibles y procesos para acortar el venteo de gas a la mitad en los pozos; que inspeccionen periódicamente sus operaciones en búsqueda de fugas y sustituir equipo obsoleto que lanza gas en la atmósfera, y limiten el venteo de tanques de almacenamiento y uses las mejores prácticas para controlar las pérdidas de gas.

El gobierno calcula que la introducción de la norma acotaría las emanaciones de metano entre 175 mil y 180 mil toneladas anuales.

En el reporte Estrategia para Mitad de Siglo de Estados Unidos para una descarbonización profunda, preparado para la COP 22 de Marrakech, el gobierno estadunidense señala que el país “está en ruta a alcanzar su meta de 2020 y ha sentado la base para lograr el objetivo de 2025”.

Como una especie de herencia de Obama, el informe plantea áreas de acción como la transición a un sistema energético bajo en carbono, mediante el recorte del desperdicio de energía, descarbonización del sistema eléctrico y el despliegue de electricidad limpia y combustibles de bajo carbono en el transporte, la edificación y la industria; y el secuestro de carbono mediante bosques, suelos y tecnologías de remoción de CO2, como de captura y secuestro de carbono.

Además, menciona la reducción de otras emisiones, como de metano, óxido nitroso y gases de flúor, que provienen principalmente de la producción de combustibles fósiles, la agricultura y los refrigerantes.

Si Estados Unidos alcanzara la meta de 2050, el país rebajaría la emisión anual de unos seis mil millones de toneladas de CO a menos de dos mil millones.

“Con suerte, Trump y los negacionistas del cambio climático se volverán en gran parte irrelevantes y la acción política efectiva será llevada a cabo por los estados hasta la próxima elección”, sostuvo Miller.

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