Mitos y leyendas de América Latina

Mitos y leyendas de AL, de Francisco Toledo. Mitos y leyendas de AL, de Francisco Toledo.

Sin saber francés, sin saber quién era Benjamin Péret, en 1960, a mi llegada a París, en las librerías llamó mi atención el libro, Anthologie des mythes, légendes et contes populaires d´Amérique de Péret, porque en la portada se reproducía una pieza prehispánica.

Compré el libro y lo leí con un diccionario, años después, cuando conocí a Octavio Paz, en las pláticas mencionaba a Péret y supe que había sido pareja de Remedios Varo, que había estado en México e hizo el libro Aires mexicanos, ilustrado por Rufino Tamayo.

La Anthologie des mythes, légendes et contes populaires d´Amérique es seguramente una recopilación única en su género. A diferencia de los estudios etnológicos o antropológicos, no aspira a ser un análisis que reduzca la diversidad de las creencias a unos cuantos denominadores teóricos. Al contrario, le importa que la reiteración de motivos comunes a todo el continente americano sea precisamente la garantía de una diversidad imaginativa y poética. Péret introduce cada relato con unas sobrias indicaciones sobre su procedencia. Se limita a jugar el papel de un guía discreto, como deberían ser los guías de cualquier tipo de visitas. La geografía misma de la Antología es impresionante: desde Alaska hasta la Patagonia, parecería que todas las regiones de la fábula se hacen presentes, como si Péret vistiera, a un mismo tiempo, la chamarra de cuero del piloto aviador y las botas del explorador de selvas. Sobrevuela a su antojo la inmensidad americana y yuxtapone los rincones más apartados del continente.

Péret no vio el resultado de tantos años de dedicación y curiosidad: la Antología… apareció póstumamente, al año de su fallecimiento. Sería deseable que algún día la conociéramos en su versión al español.

Mitos y leyendas de AL, de Francisco Toledo.
Mitos y leyendas de AL, de Francisco Toledo.

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Tomado del libro: Benjamin Péret y México, de Fabienne Bradu.

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“La poesía debe ser hecha por todos, no por uno”. Está fuera de duda que esta frase de Lautrémont será entendida un día, ya que la poesía ha sido el fruto de la colaboración activa y de la receptividad de pueblos enteros. Los mitos y leyendas que nos ocupan lo atestiguan de una manera deslumbrante.

Benjamin Péret

Hemos visto que las constelaciones tenían un origen terrestre y que la Vía Láctea era un reptil. Pero el hombre aprendió a agrupar las estrellas en constelaciones. Ninguna de ellas nos es ininterpretable. ¿El hombre blanco le habrá mostrado a los Kadiueu, del Matto-Grosso brasileño, la Cruz del Sur o la habrán identificado ellos mismos atribuyéndole esta historia?

“La pierna arrancada”

Un hombre, uno de los ancianos, se quedó afuera de su casa una noche, sin hacer nada. No tenía ganas de dormir.

En aquél tiempo, había una bestia que venía a comerse los restos de la comida que la gente dejaba colgados en una canasta. Se le podía ver. Era un gran ave, era Gô-noêno-hôdi.

A media noche, el hombre seguía afuera, y ahí vio a la bestia que volaba y comenzaba a comer. Este hombre llamó a los demás para que vinieran a ver, pero eso molestó a la bestia que, a causa de ello, lo agarró y se elevó por los aires con él.

Llegaron cinco hombres que alcanzaron a sujetar una de las piernas de su compañero, pero la bestia no lo soltaba y con la fuerza que ejercían, el hombre se rompió. La bestia se llevó un pedazo y los hombres no lograron salvar más que una parte del cuerpo y una pierna.

El resto está allá arriba. Se llama Agô-nagêna, que significa “sin una pierna”. Es la Cruz del Sur de los brasileños.

Mitos y leyendas de AL, de Francisco Toledo.
Mitos y leyendas de AL, de Francisco Toledo.

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Darcy Ribeiro: Religiao e mitologia kadiueu. Publicaçao No. 106 de servicio de proteçao aos indios; Rio de Janeiro, s. d.)

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Los Innuit, esquimales del norte de Canadá, atribuyen a la rivalidad que tienen con los indios Itqigdlit un origen maravilloso y al hombre blanco un papel excepcional en donde se deja entrever una inocente adulación de su interlocutor:

Blancos, esquimales e indios

Había una vez una joven muchacha que rechazaba a todos aquellos que pretendían su mano. Al final, su padre estaba tan molesto que la llevó con su perro a una isla sobre el lago Haningapoq, cerca de Higoligpuak, y la dejó ahí junto con el perro que la tomó como mujer y dio a luz a muchos perritos. Su padre le llevaba carne a la isla para evitar que murieran de hambre. Un día, cuando ya habían crecido, su madre les dijo: “La próxima vez que venga su abuelo a la isla, ustedes nadarán a su encuentro y volcarán su kayak.”

Así lo hicieron los perros y el padre de la joven se ahogó. Ella cobró venganza así de su padre que la casó con un perro. Pero no había ya nadie para llevarle carne a los perros, así que la joven quitó las suelas de sus mocasines, las puso sobre el agua pronunciando algunas palabras mágicas, después puso a los perros sobre una suela y les dijo: “Vayan por el mundo y vuélvanse hábiles en todos los trabajos. ”

Los perros se alejaron de la isla y después de flotar por algún tiempo, la suela se convirtió en un barco y navegaron hacia el país de los hombres blancos y se convirtieron ellos mismos en hombres blancos. Y de ellos descienden todos los hombres blancos.

Los otros perros fueron colocados sobre la otra suela, y cuando se alejaban de la orilla la joven dijo: “Vénguenme del mal que me hizo su abuelo y de ahora en adelante muéstrense sedientos de sangre cada vez que encuentren un Innuit.”

Los perros navegaron lejos y llegaron a un país extraño. Desembarcaron y se convirtieron en los Itqigdlit. De ellos descienden todos los Indios, que eran temidos por nuestros ancestros ya que mataban a los Innuit cada vez que podían. Ellos continuaron así hasta que sus hermanos, los hombres blancos de la isla Anarnigtiq vinieron a asentarse en su país y les enseñaron costumbres menos bárbaras.

Mitos y leyendas de AL, de Francisco Toledo.
Mitos y leyendas de AL, de Francisco Toledo.

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Knud Rasmussen, Du Groenland au Pacifique. Librairie Plon, Paris, s. d.

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Los detalles más insignificantes en apariencias plantean problemas que sólo la imaginación poética puede resolver. ¿Los animales habrán tenido siempre los colores que nosotros conocemos? Los indios pima de California piensan que no:

Plumaje y pelaje

Hubo un tiempo donde la motaclilla tenía un color horrible. Pero había un lago donde ningún río desembocaba y del cual no nacía ninguna corriente de agua. El ave se bañó en cuatro ocasiones, cuatro mañanas consecutivas. Cada mañana, él cantaba:

Hay un agua azul: ella está ahí.

Yo entré.

Yo soy completamente azul.

La cuarta mañana, el ave perdió todas sus plumas y salió del agua, con la piel desnuda; pero la quinta mañana salió con plumas azules. Durante este tiempo, el coyote había vigilado al ave; él hubiera querido saltarle encima y atraparlo, pero el agua le daba miedo. Aquella mañana, el coyote le dirigió la palabra y le dijo: “¿Cómo es posible que hayas perdido tu horrible color y que ahora seas todo azul, alegre y bello? Eres más bello que cualquier criatura voladora. Yo quisiera ser también azul.” En aquél momento, el coyote era de un verde brillante. El ave respondió: “Yo no he hecho más que entrar al agua cuatro veces”, le enseñó la canción al coyote, el cual se bañó cuatro veces y, a la quinta, salió del agua tan azul como la pequeña ave.

Le daba un gran orgullo haberse convertido en un coyote azul.

Estaba tan orgulloso que, cuando caminaba, volteaba a cada lado para ver si alguien se daba cuenta de lo bello y azul que era. Echaba vistazos a uno y otro lado para ver si su sombra era azul también, tanto que por no ver su camino se tropezó con un pedazo de tronco, el cual lo hizo rodar por la tierra, convirtiéndolo completamente color tierra.

Desde ese día, todos los coyotes son color tierra.

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Frank Russell: The Pima Indians, en Twentysixth annual report of the Bureau of American Ethnology to the Secretary of the Smithsonian Institution; Washington, 1908.

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¿Las historias de animales estarán destinadas a la simple distracción de sus lectores? ¿Son antiguos mitos convertidos en historias incomprensibles por aquellos que las cuentan o por el contrario, son la materia prima de donde provienen los mitos futuros? Si descartamos la primera hipótesis en la mayoría de los casos, no podemos defendernos en presencia del siguiente cuento de los indios Tsimshian (Columbia Británica) que nos hace pensar en historias infantiles:

Lobos y ciervos

Los lobos tenían una fiesta a la desembocadura del río Skeena. Ellos invitaron a los jefes de los ciervos a la fiesta. Los ciervos que habían sido invitados asistieron. Ellos se sentaron en la pradera, de frente a los lobos. Los lobos dijeron a los ciervos: “Ustedes, los de enfrente, comiencen a reír”. Pero los ciervos no aceptaron. Les dijeron: “Ríanse primero ustedes”. Los lobos respondieron: “Está bien vamos a reír nosotros. ¡Ja, ja, ja, ja, ja! Ahora les toca reír a ustedes, los del otro lado”. Entonces los ciervos se rieron: “¡M, m, m, m, m! Ahora ríanse de nuevo, lobos”. Entonces los lobos rieron de nuevo: “¡Ja, ja, ja, ja, ja!”. Los ciervos tuvieron miedo al ver los grandes dientes de los lobos. Los lobos dijeron: “Ahora ustedes, del otro lado, se van a reír de nuevo. No mantengan la boca cerrada cuando rían. Nadie se ríe de esa manera. Deben abrir la boca tan grande como puedan cuando ríen. Vamos. Hagan lo mejor que puedan. No tengan miedo de abrir la boca”. Así dijeron los lobos, “Ahora ríanse”. Entonces los ciervos rieron de nuevo: “¡Ja, ja, ja, ja, ja!”. Ellos abrieron grande sus bocas. Ellos no tenían dientes. Cuando los lobos vieron que no tenían dientes se lanzaron sobre ellos y los hicieron pedazos. Entonces devoraron a los ciervos. Sólo unos cuantos ciervos lograron escapar. Es por esta razón que los ciervos tienen miedo de los lobos.

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Franz Boas: Tsimshian texts. Smithsonian Institution, Bulletin nº 27, Washington, 1902.

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La Vía Láctea nacida de una serpiente es un tema común en varias culturas de América. No parece sorprendente que los aztecas la hayan divinizado. Los indios mosetenes de las regiones tropicales de Bolivia ya habían proyectado un gusano en el cielo:

La creación de la Vía Láctea

Habían una vez un hombre y una mujer que deseaban tener un animal para criarlo. Se fueron al bosque pero no encontraron ninguno. Al final, llegaron a una llanura y ahí, sobre una brizna de hierba, encontraron una oruga, Nyoko. “Llevémoslo a nuestra casa y ahí lo criaremos”, dijeron. Tomaron el gusano, le hicieron un pequeño plato de barro y lo pusieron ahí dentro.

Ahora, querían darle algo de comer. Intentaron alimentarlo con plátanos, pero él los dejaba. El gusano había crecido tanto que tuvieron que hacer un nuevo plato de barro donde pudiera estirarse. Intentaron darle todo lo imaginable, pero el gusano no quería comer.

Un día, el hombre mató un ave. Nyoko no quería comer ningún pedazo del ave. Entonces, el hombre le dio el corazón del ave y sí lo comió.

Él sabía ahora lo que comía el gusano. El hombre mataba todos los días aves y le daba el corazón al gusano. Éste creció tanto que tuvieron que hacerle otro plato todavía más grande para que pudiera estirarse. El hombre mataba todos los días todos los animales que encontraba y le daba el corazón al gusano que ya era grande como una serpiente y se alimentaba únicamente de corazones. Había continuado creciendo y ya no cabía en su plato. Se echaba en el suelo frente a la casa.

Nyoko comía y crecía y crecía. El hombre siguió cazando, hasta que al final ya no hubieron más animales. El hombre comenzó a matar a otros hombres para darle su corazón al gusano. Los mataba con una flecha del tamaño de una mano. Al final mató a todos los hombres que vivían a sus alrededores. Tuvo que ir más lejos a un gran pueblo donde mató a mucha gente para darle sus corazones a Nyoko. Los hombres se preguntaban qué podría estarlos matando. No podía ser un jaguar.

Un día el hombre fue como de costumbre al pueblo para matar gente. Frente a una casa, había una muchacha. La mató con una flecha y le quitó el corazón. El hermano de la muchacha que estaba dentro de la casa fabricando flechas, había visto todo. Salió de un golpe, vio al asesino y lo mató. Todos los demás llegaron, vieron el cuerpo en medio de la plaza y le lanzaron flechas hasta cubrirlo completamente.

Después de que pasaron algunos días sin que regresara el hombre, su mujer comenzó a inquietarse. Nyoko estaba hambriento. Ella se preguntaba qué podría haberle pasado a su marido y le dijo al gusano que fuera a buscar a su padre.

Hasta ese entonces Nyoko no se movía. Al final, se levantó, enderezó la cabeza y se dirigió hacia el cielo. Cuando su cabeza llegó al cielo, su cola todavía tocaba la tierra. Comenzó a elevarse al alba y a medio día apenas venía bajando. Nyoko observó a su alrededor: ahí, vio al hombre en medio de la plaza completamente atravesado por las flechas.

Nyoko partió hacia el pueblo. Antes de llegar se transformó en una gran cantidad de serpientes multicolores. Apenas llegaban a una de las casas, los hombres las mataban en ese momento. Inmediatamente después salía otra serpiente de un color diferente. Al final Nyoko se expandió rodeando todo el pueblo, de tal manera que nadie podía salir. Los hombres le lanzaron tantas flechas a las serpientes que quedaron completamente cubiertas.

Nyoko creció y creció, hasta que, finalmente, habiendo crecido por encima del pueblo, mató a todos los hombres. Entonces se transformó en un hombre y despertó a aquél que lo había criado. Se comieron los corazones de todos los hombres.

Nyoko es ahora la Vía Láctea.

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Theodor Koch-Grunberg: Indianermärchen aus Sudamerika; Iena, 1927.

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