“La emergencia empezará a la medianoche”

Voluntarios piden silencio en un edificio derrumbado por el sismo en la colonia Del Valle. Foto: Germán Canseco

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En el patio trasero del hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, decenas de médicos y enfermeras se afanan en instalar bajo unas carpas una “Sala Triage”: un filtro para clasificar a los pacientes en función de la gravedad de su estado de salud.

Megáfono en mano y ataviado con un chaleco naranja, el doctor José Alfredo Merino Ragne, director del hospital, gira instrucciones a médicos, enfermeras, residentes y paramédicos que acondicionan camas, trolleys de curación, monitores de signos vitales, lámparas con pedestales…

Son las siete de la noche del martes 19 y el hospital se prepara para recibir casi de golpe a 45 pacientes que decenas de ambulancias trasladan del hospital Darío Fernández, que fue desalojado a las apuradas debido a que el sismo le ocasionó daños estructurales.

–¿Y cuántos pacientes tiene de los edificios colapsados? –pregunta el reportero.

–Unos cuatro o cinco que trajeron del edificio que se colapsó en las calles de Mancera y Escocia, en la colonia Del Valle

–¿Nada más?

–Es que la emergencia no es ahora, sino a partir de las 11 ó 12 de la noche, cuando empiecen a sacar de los escombros al grueso de las personas que se encuentran atrapadas en los edificios colapsados –explica.

De acuerdo con el doctor Merino, el hospital 20 de Noviembre está preparado para atender a 70 personas heridas por los sismos. Señala que 150 médicos, residentes y enfermeras trabajan “con total disposición” y que cuatro quirófanos del hospital están listos para realizar todo tipo de intervenciones quirúrgicas.

Frente a la entrada de Urgencias del hospital regional Gabriel Mancera, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el brasileño Sergio Riveiro come mantecadas con Coca-Cola. Es su primer alimento del día. Un polvo gris inunda su cabeza, su rostro y sus ropas. Parece albañil al finalizar su faena.

Se encuentra ahí en espera de noticias de su amigo y compatriota Daniel Da Silva, quien fue ingresado al hospital debido a una posible fractura de cadera. Ambos se encontraban dando un curso de micropigmentación para tatuajes en el edificio ubicado en Álvaro Obregón número 86. El sismo lo colapsó. Los brasileños y sus 10 alumnos quedaron enterrados bajo los escombros. Sergio dice que fueron rescatados milagrosamente, pero no sabe a dónde llevaron a sus alumnos. Es más, no sabe ni siquiera dónde está. No conoce la ciudad y apenas habla español.

De acuerdo con un boletín del IMSS, los hospitales y clínicas de esta institución habían recibido hasta las 19:30 horas “a 136 personas que resultaron afectadas por el sismo y que en su mayoría son atendidos por contusiones, traumatismos y lesiones diversas en los hospitales de Lomas Verdes, Villa Coapa y Magdalena de las Salinas, así como en instalaciones del Centro Médico Nacional Siglo XXI, habilitadas con traumatología”.

Siete ambulancias hacen fila a la entrada de Urgencias del Hospital Gabriel Mancera. Su personal está a la espera de que los llamen de alguno de los edificios colapsados. Hasta las 18:30 no había mucho movimiento. La subdirección médica del hospital tenía registrado el ingreso de sólo cinco personas con lesiones diversas debido al sismo, ninguna de gravedad.

Ramón, chofer de una de las ambulancias, explica la causa de la tensa espera: “No han sacado de los escombros a los heridos. Se están tardando. Si no hay rescates no habrá heridos, sólo muertos”.

Y sí.

A unas cuadras de ahí, decenas de civiles trabajan a marchas forzadas para levantar escombros y rescatar a personas que se presumen con vida de entre los restos del edificio de Escocia esquina con avenida Gabriel Mancera.

Pero avanzan lentamente. Hasta las 17:00 había 19 personas declaradas como desaparecidas y que presumiblemente se encontraban en ese edificio, según el registro puntual que lleva el voluntario Daniel Paredes.

 

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