Del quincunce, cinco y el pentágono

El Zanate y San Isidro (1973), de Toledo. El Zanate y San Isidro (1973), de Toledo.

OAXACA, Oax. (Proceso).- Después de mi segunda exposición en París, en 1965, regresé con dinero a México y decidí hacer un disco con música de Cenobio, el flautista ciego que había escuchado de niño en la estación del tren de Ixtepec.

Pregunté por todos lados por la música de Cenobio, Andrés Henestrosa me dijo que él había oído en una grabación que servía de propaganda para la casa Bayer, preguntamos a la Casa Bayer pero no la tenía, alguien me dijo que quizá podían estar en la colección del INAH, que en esa época todavía se encontraba en la calle de Moneda, otra persona comentó que a lo mejor se habían robado los discos de cera o los habían expuesto al sol y seguro se derritieron.

Al no encontrar estas grabaciones busqué en Juchitán músicos que interpretaran esta música y encontré a dos, de los cuales me hice su amigo, uno era Isidro Regalado y el otro Melecio López, a ambos los grabé personalmente, eran grabaciones caseras y muy defectuosas.

Parte del dinero que tenía de la exposición de París sirvió para pagarle a José Raúl Hellmer un viaje con dos ayudantes a Juchitán y así poder grabar de manera profesional a estos dos músicos.

Desgraciadamente Melecio no estuvo cuando llegó Hellmer, quien escuchó una grabación que yo tenía de Melecio y dijo que esa música tenía que estar en el disco, aunque no estuviera bien grabada, porque tenía un estilo arcaico que tal vez era más cercano a Cenobio.

En el disco, Música zapoteca de Juchitán Oaxaca, están las grabaciones que se hicieron de Melecio e Isidro, hice la portada del disco y los tres íbamos de casa en casa a venderlo, la gente veía un trío un poco raro, yo como joven de los sesentas con pelo largo y pantalones de campana daba un poco de desconfianza, Isidro un hombre muy grande y gordo, Melecio era ya muy viejo, estaba todo encorvado, era realmente para tener desconfianza, porque tocábamos y nos asomábamos para ver si tenían tocadiscos para ofrecer nuestro disco.

Campo sembrado. Glifo tomado del libro "Compendio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri V. Knórosov.
Campo sembrado. Glifo tomado del libro “Compendio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri V. Knórosov.

Nos veían a los tres y se asustaban, salían con la escoba, nos decían “qué chingao quieren”, poníamos un poco a la fuerza el disco y cuando escuchaban la música la reconocían, decían es la del convite o la que tocan los piteros.

Nos pagaban y nos íbamos a comer, algunas veces a las cantinas porque ahí la botana era muy abundante.

Para mi era un aprendizaje, ellos casi no hablaban español y yo entendía un poco de zapoteco, empezaba a hablarlo, pero aprendí muchos chistes, historias que contaban en la cantina, realmente me arrepiento de no haber grabado a estos dos señores, aunque Melecio hablaba muy poco, siempre me gustó la compañía de esos dos músicos.

La hermana de Isidro estaba casada con un señor que era muy blanco, el güero Gil Martínez a quien le decían Ta Mexu Lou (señor blanco); él nos llevaba al mar en una carreta y nos preparaba comida ahí, en ese entonces nadie vivía por esos rumbos.

En uno de esos paseos nos contó el mito de San Isidro y el Zanate, que habla del quincunce, este número mágico. Esa misma historia se la conté a Víctor de la Cruz y él la grabó, se me hacía interesante que este mito hubiera sobrevivido en Juchitán y que ni don Andrés Henestrosa, ni López Chiñas lo registraron.

Esta historia me sirvió para hacer un cuadro en 1973 que está reproducido en varios catálogos. El zanate en el cuento dio cinco granos de maíz a San Isidro para que los sembrara.

El cinco y el quincunce lo he encontrado en varias de mis lecturas y ahora seleccioné textos que tienen que ver con este tema. Al revisar el libro, Compendio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri V. Knórosov, encontré que el que corresponde a la tierra sembrada se representa con un espacio cerrado y cinco puntos colocados en quincunce, como en el cuento de El Zanate y San Isidro.

(2017), de Toledo.
(2017), de Toledo.

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El Zanate y San Isidro

De Gilberto Martínez (Ta Mexu Lou) 

Pidió San Isidro a Dios tierras para desmontar y sembrar. Entonces le dijo el Maestro:

–Está bien, si es el caso en que estás hay montes que desmontar para que puedas sembrar.

–Bueno –dijo San Isidro.

Y cuando ya había desmontado, entonces quemó lo desmontado y después llovió; pero el hombre no tenía maíz para sembrar. Entonces el zanate le dijo a San Isidro:

–Hombre, ¿por qué no trabajamos en compañía?

Éste contestó:

–Sí trabajaremos; pero no tengo maíz para la siembra.

–Yo iré por los granos –dijo el zanate.

Entonces el zanate fue a buscar los granos de maíz. Y cuando regresó trajo cinco granos. Y se los dio a San Isidro para que los sembrara. Cuando éste ya tuvo los granos fue a ver al Maestro, a San Vicente. Y le dijo:

–Aquí estoy, ya tengo los granos de maíz.

San Vicente le contestó:

–Muy bien, ahora siembra un grano en cada esquina y uno en el centro.

Pero como el Maestro tiene poder, después de esto cayó un aguacero y el maíz nació en todo el campo, no sólo donde el hombre había sembrado los cinco granos.

Cuando la milpa ya estaba próxima para cosecharse, el zanate tuvo que salir de viaje y le dijo a su socio:

–Tengo que salir de viaje, luego regreso y recojo la parte de mazorca que me toca en la milpa.

–Está bien –le contestó su socio.

El zanate se fue de viaje y San Isidro empezó a cosechar las mejores mazorcas de la milpa. Solamente dejó las pequeñas para el zanate. Cuando el zanate regresó de viaje y vio lo que había dejado para él, se enojó, ya no quiso cosechar lo que quedaba. Y fue a ver al Maestro para quejarse por lo que le había hecho San Isidro:

–Y como ya me hizo enojar, le quitaré el maíz.

El Maestro estuvo de acuerdo con el zanate:

–Ahí tu socio no hizo bien, no puede ser así la cosa. Partes iguales debería corresponderles, lo mismo a uno que al otro. Lo que tú quieras hacer con lo tuyo es tu problema, pero es tu parte.

–Y como ya hizo las cosas así, pues de una vez que se lleve lo demás –dijo el zanate–; yo no aceptaré ni un grano de eso que dejó.

San Isidro, entonces, empezó a recoger lo que había quedado. Una vez que llenó su casa de mazorca, prendió fuego a lo que ya no pudo guardar, lo quemó.

El zanate no se quedó con nada.

Al año siguiente, como ya tenía maíz, buscó a quien tuviera una yunta de bueyes para trabajar con él. Ya araron la tierra. Igualmente la milpa dio, otra vez dio bien el maíz. Pero esta vez ya no pidió que diera como antes, pidió que diera dos mayas por cada grano.

–Está bien –dijo el Maestro–. Acepto.

Pero cuando el hombre iba arando la tierra para sembrar, detrás de él venía el zanate quitando los granos de maíz. Entonces hizo la honda para apedrearlo, para que no sacara los granos del surco. Por eso quedó que el hombre odia al zanate hasta ahora. Por eso vino.

El hombre con quien trabajó San Isidro la segunda vez también era un viajero. Entonces nada más terminó la siembra y aquel hombre salió de viaje. San Isidro se quedó encargado de cuidar la milpa. Cuando la milpa ya estuvo para dar, dio el maíz. Y dio muy bien porque el Maestro ayudó con su poder para que diera bien la milpa. Cuando la mazorca ya estuvo para cosecharse, cuando ya se había secado, San Isidro recogió lo mejor y el resto lo dejó para su socio. Entonces el hombre aquel se fue a quejar con el Maestro.

–No estoy de acuerdo que él haya recogido la cosecha cuando yo no estaba, me hubiera esperado para recogerla los dos juntos.

Entonces el Maestro le dijo:

–Está bien, hijo, ahora toma la caña de maíz que queda; dile que te dé la caña. Ya tomó la cosecha, pues ahora aunque sea la caña de maíz que te dé.

–Está bien –dijo aquel hombre y aceptó. Fue a donde estaba San Isidro y le dijo:

–Hombre, ahora dame la caña de maíz, no la toques, si ya tomaste la mazorca.

San Isidro dejó la caña de maíz, ya no la tomó. Entonces el Maestro dejó caer la lluvia y la milpa revivió y dio otra vez. Dio de igual manera que la primera vez.

Cuando San Isidro vio que ya había dado aquella milpa otra vez, pensaba que también tenía derecho a volver a cosechar y quiso ir a recoger la cosecha con su socio. Quería que el hombre aquel tomara una parte de lo que él había cosechado la primera vez y él, a su vez, recibir una parte de la nueva cosecha. Porque vio que la mazorca estaba mejor la segunda vez.

Pero su socio no aceptó y San Isidro ya no estuvo de acuerdo, porque decía que él era el dueño del terreno y que su socio no recibiría nada.

Y así fue como se peleó la compañía otra vez. Por eso quedó el pelear de las compañías, porque no todos están conformes, cada uno quisiera nada más él cosechar todo y nada para el otro.

Así es como vino la palabra ésta.

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Del libro GUIE’ STI’ DIIDXAZÁ. LA FLOR DE LA PALABRA.

Estudio introductorio y selección de Víctor de la Cruz. (UNAM). Principios de 1970.

Pastel de El Pentágono elaborado por Paola Mejía y Mauricio López en Bakery Shop.
Pastel de El Pentágono elaborado por Paola Mejía y Mauricio López en Bakery Shop.

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Del cinco entre los huicholes 

El relato huichol

Una vez hubo una hambruna tremenda. Un hombre pensó:

–Tengo hambre. Voy a preguntar a la gente dónde puede comprarse maíz.

Preguntó, y los hombres le contestaron:

–Allá hay maíz. Vamos todos a comprarlo.

Fueron juntos en busca del alimento, hasta que llegó la noche y se acostaron a dormir. Cuando el hombre despertó, ya no había nadie. Su cabello había desaparecido.

Quedó completamente clavo.

–¿Qué hago ahora? –se preguntó–. Tengo hambre.

Se sentó en la cresta de una sierra y desde allí vio una paloma que se acercaba con masa de maíz en el pico. El hombre le preguntó:

–¿Puedo visitarte en tu casa?

Entonces el hombre se dirigió a la choza de donde había salido la paloma. Al llegar, preguntó:

–¿Se vende aquí el maíz? La gente me dijo que aquí se vendía. ¿Dónde quedaron mis cabellos? Me dijeron que aquí vendían maíz. Me quitaron mis cabellos. Vengo solo y quiero comprar maíz.

(…..)La anciana que estaba en la choza le respondió:

–¡Bueno! Si quieres te doy una muchacha –abrió entonces la puerta de la choza y gritó al interior-: ¡Ven, maíz amarillo! ¡Ven, maíz rojo! ¡Ven, maíz negro! ¡Ven maíz pinto! ¡Ven, maíz blanco! ¡Ven, ven, flor de la calabaza! ¡Ven, wáwe rojo! ¡Maíz amarillo, tú vas a ir con él!

–No.

–¡Maíz rojo, te vas!

–No.

–¡Maíz negro, te vas!

–No. No voy.

–¡Maíz pinto, te vas!

–No voy. Mañana o pasado mañana me va regañar. Camino muy despacito.

–¡Flor de calabaza, te vas!

–No. Me cortarán con un cuchillo.

–Wáwe rojo, te vas!

–No. Me tirará.

La anciana le dijo al hombre:

Construye cinco trojes y una choza bonita. Durante cinco días, coloca flores rojas de cempoalxóchitl en el sur; flores amarillas de cempoalxóchitl en el norte; betónicas en el oriente; tempranillas en el poniente, y en el centro vas a colocar flores de corpus. Durante cinco días enciende una vela en la noche. No vayas a regañarlas. Las dejas en la casa, que siempre tienes que barrer.

El hombre se fue. A los cinco días llegó una muchacha. Él vio los montones de maíz dentro de su choza, y comió. Pero la madre del hombre regañó a la muchacha. Le dijo:

Prepara la comida. Eres una mujer, no un hombre como para que te sirvan la comida.

Entonces la muchacha se puso a moler el maíz. Un chorro de sangre salió de sus manos. Llorando, siguió moliendo el maíz. Se quemaron sus manos.

Al terminar, la muchacha desapareció. Ya no hubo maíz en la choza.

La anciana preguntó:

–¿Qué voy a comer ahora?

Después ordenó a su hijo:

¡Tráemela otra vez! ¡Se fue a su casa!

El hijo volvió a la choza de la anciana y le dijo:

–Perdí a la muchacha. ¿Vino aquí?

La anciana le contestó:

–¡Sí, vino aquí! ¡Aquí está ahora! ¡Ya no te la voy a dar! ¡La regalaste!

¡Sus manos están quemadas! ¡Regresa tú solo! ¡No sabes comer!

El muchacho regresó a su choza y regañó a su madre:

–¡Tú la regañaste! ¡Por eso se fue! ¡Ahora nosotros vamos a morir de hambre!

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Del libro: Los mitos y sus tiempos. Creencias y narraciones de Mesoamérica y los Andes, de Alfredo López Austin y Luis Millones.

(El texto original del que deriva esta versión es una narración registrada con el nombre “La boda del maíz”, y se encuentra en la compilación de trabajos de Preuss, Fiesta, literatura y magia en el Nayarit).

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Del quincunce

La palabra quincunce es de origen latino, y se usa para nombrar a la geometría formada por 4 puntos que dibujan un cuadrado, y al centro del mismo un elemento más. Ha sido un símbolo recurrente en numerosas culturas del mundo, y en las mesoamericanas una constante en diversas civilizaciones.

Su manifestación más conocida está en la cultura mexica, conocido como nahui ollin, este signo engloba la concepción del universo, del tiempo y del espacio. Es el eje del cual parten los 4 rumbos del universo y su centro representa el punto justo de encuentro entre el cielo y la Tierra. En su manifestación artística más conocida aparece en la Piedra del Sol, y su uso prevalece hasta nuestros días.

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Tomado de la página: https://masdemx.com/2017/03/quincunce-simbolo-culturas-mesomericanas-prehispanicas-nahui-ollin/

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El Pentágono, por Francisco Toledo.
El Pentágono, por Francisco Toledo.

Del cinco entre los mayas 

El número cinco estaba representado por una barra, que podía ser vertical u horizontal. Fue concebido como el símbolo de la cruz, formado por las cuatro direcciones más el centro. Tanto los mayas como los aztecas creían que vivían en la quinta era o la quinta creación; la del «sol del movimiento», nacida del movimiento y la unión de los elementos que habían intentado formar, sin éxito, las eras anteriores.

El último mes del año solar, llamado Uayeb, consistía en cinco días los cuales se creía que no fueran auspiciosos. Los astrónomos subdividieron el calendario ritual de 260 días, llamado Tzolkin, en varias fases o periodos. La división en cinco partes se hizo importante porque dio lugar a ciclos de cincuenta y dos días; que estaban relacionados con los ciclos de cincuenta y dos años (las rondas del calendario) de la Cuenta Larga.

El número cinco aparece en referencias a muchos lugares, tanto reales como sobrenaturales, mencionados en inscripciones. En Copán y Palenque hay referencias frecuentes a «la casa de cinco flores», y «el lugar de cinco flores», que probablemente son lugares imaginarios. También se menciona una «montaña de las cinco flores”, en otro lugar.

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Del libro Maya Script de Maria Longhena.

Traducción por Daniel Brena.

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El pastel que no se comió Bin Laden

El Pentágono (en inglés: The Pentagon) es la sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El edificio tiene forma de pentágono, y trabajan en él aproximadamente 23 000 empleados militares y civiles,​ y cerca de 3 000 miembros de personal de apoyo. Se halla en el condado de Arlington, Virginia. Tiene cinco pisos, cada uno de los cuales incluye cinco corredores. La construcción del Pentágono comenzó el 11 de septiembre de 1941 (poco antes del ingreso de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial), fue inaugurado el 15 de enero de 1943 y continúa siendo el edificio de oficinas más grande del mundo.

Se planeó que fuera el edificio de oficinas más eficiente del mundo. Aunque hay 28.16 km de pasillos, sólo se requieren un máximo de siete minutos para caminar entre dos puntos cualesquiera del edificio.

El Pentágono posee entre 700 y 800 bases en 63 países, con una extensión total de 120 191 kilómetros cuadrados.

Las estadísticas de 2006 muestran que el ejército controla la mayor parte de las propiedades del Departamento de Defensa (52%), Fuerza Aérea (33%), Cuerpo de Infantería de Marina (8%) y la Armada (7%).

El Pentágono incluye el doble de baños de los necesarios, debido a que en el momento de la construcción existía una ley que exigía la existencia de un baño para blancos y otro para negros.

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Magia del 5 

Matatena (del náhuatl)

Maitl – mano

Tetl – piedra

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El conjunto rural contra la cuscuta, la nueza y las yerbas constrictoras fue ideado según este orden, colocando una baldosa entizada en las cuatro esquinas y una en medio de sus campos, lo cual aunque ridículo en intención, era racional en cuanto a disposición y un buen modo de extender la magia por toda el área.

De maneras similar a este patrón, se acomodaron las pequeñas piedras en el viejo juego del Pentalithismus, o lanzar cinco piedras para atraparlas en el envés de la mano. Y siguiendo la semejanza, los proci, o amantes pródigos, dispusieron a sus hombres cuando jugaron a ser Penélope, puesto que ellas eran ciento ocho, pusieron cincuenta y cuatro piedras de cada lado y una en medio, a la que llamaron Penélope, y quien la golpeara resultaba el ganador de la partida.
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Del libro El jardín de Ciro de Sir Thomas Browne.

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