El “delfín” de Putin

MOSCÚ (apro).- La pantagruélica victoria de Vladimir Putin en las presidenciales del domingo anterior abre dos mayores incógnitas sobre qué cambios se van a introducir en Rusia tras el voto y si el que comienza ahora será el último mandato del líder ruso.

Con la elección, Putin, de 65 años, llega a su cuarto mandato después de otros tres anteriores comicios presidenciales, que también ganó. La primera vez fue en 2000, cuando sucedió a Boris Yeltsin, el primer presidente de Rusia tras la desintegración de la Unión Soviética (URSS), a lo que siguió su victoria en las presidenciales de 2004 y, posteriormente, en las de 2012.

En 2008, el líder ruso cedió la presidencia a Dmitri Medvédev, quien durante su mandato llevó adelante una reforma legislativa que ha permitido ampliar el plazo del mandato de los presidentes rusos de cuatro a seis años, razón por la que Putin ahora gobernará hasta 2024. Un mandato que además comienza, desde el punto de vista numérico, reforzado por el gran apoyo logrado en la elección.

Con el recuento de 99.9% de los votos completado –en una elección en la que, como dijo también la misión de la OSCE, faltaban los candidatos reales–, el líder ruso obtenía 76.6% de los consensos, lo que le garantiza un amplio respaldo para llevar adelante leyes en la Duma (Cámara baja rusa), donde, además, ya predomina Rusia Unida (Yedinaya Rossiya), el partido que históricamente se ha vinculado a él.

Con ello, Putin podría promover una nueva reforma de la legislación rusa en materia electoral para modificar la ley que le impide presentarse nuevamente como candidato a presidente.

Sin embargo, de momento, es la hipótesis menos probable. Esto pues cuando caduque el mandato que acaba de empezar, en unos seis años, Putin tendrá 71 años, y sus allegados consideran que éste no está dispuesto a que el mundo vea al antaño impávido y deportista líder ruso como alguien ya envejecido.

El propio Putin lo ha sugerido.

“Vamos a hacer cálculos. ¿Voy a estar aquí hasta que tenga 100 años? (La respuesta es) no”, aseguró en su primera aparición tras su triunfo electoral. “Me hace gracia lo que dice. No planeo ninguna reforma constitucional de momento”, respondió, riéndose, ante la insistencia del reportero que le inquiría sobre el asunto.

El presidente ruso quiso así pronunciarse sobre una cuestión que, en los últimos meses, ha provocado grandes especulaciones entre los observadores nacionales e internacionales, los cuales dieron en todo momento por segura su victoria, aun haciendo énfasis en que el líder ruso se encuentra en el último tramo de su vida política y está dispuesto a hacerle un hueco a algún líder más joven.

Con ello, la intriga más notable se ha centrado en quién podría ser esta persona, ya que el presidente de Rusia no tiene sucesores en el oficialismo por ahora, y Medvédev, su hombre de confianza, siempre ha quedado a la sombra de su más importante jefe.

En las quinielas de los posibles candidatos al puesto de delfín de Putin han figurado personajes como la opositora liberal Ksenia Sobchak –cuya candidatura en las elecciones ha sido incluso tildada de “experimento” del Kremlin– y el empresario comunista Pavel Grudinin.

Esto se debe a que ambos tienen un pasado vinculado al conocido presidente ruso.

Sobchak es hija de Anatoli Sobchak, figura clave de la época de la perestroika, alcalde de San Petersburgo (1991-1996) y, sobre todo, la persona que metió a Putin en política. “Haga lo que haga alguien en este país, se le acusa inmediatamente (de estar vinculado al Kremlin)”, ha respondido Ksenia, quien, sin embargo, durante la campaña reconoció que antes de presentarse en las elecciones se puso en contacto con Putin.

Otro es el caso de Grudinin, quien en las elecciones que acaban de celebrarse se presentó como el candidato del Partido Comunista. El empresario, de 57 años, se metió a la política de la mano de Rusia Unida, el partido que históricamente se ha ligado a Putin y quien también lo apoyó en los últimos comicios (en los que, no obstante, el mandatario ruso concurría como candidato independiente).

Durante la campaña electoral, Grudinin ha criticado la corrupción, una plaga muy extendida en Rusia, y ha hablado de China como un modelo a seguir, con un discurso que rápidamente se volvió viral en las redes sociales y que finalmente lo ha colocado como el candidato más votado en la elección tras Putin.

En concreto, sus posturas le han entregado el puesto de candidato más votado en la elección tras Putin, con 12% de los votos, más de lo previsto y muy por encima de Sobchak, quien no alcanzó 2% de los votos, algo que ahora la deja en una situación de desventaja.

Dicho esto, y considerado el carácter imprevisible de Putin, no se descarta que su heredero sea finalmente un personaje desconocido, del que se sepa a último momento.

En tanto, Putin volverá a administrar Rusia, aunque se desconoce si mantendrá la postura conflictiva que ha llevado adelante desde el 2014, cuando anexionó a Crimea, dando inicio así a un contencioso con Ucrania, con la Unión Europea y Estados Unidos, conflicto que está lejos de solucionarse.

Distensión

En sus primeras declaraciones tras el voto, Putin interpretó su triunfo como un respaldo a sus 18 años en el poder, en una intervención en la que también dijo que “Rusia está condenada al éxito”. “Este resultado significa que la gente ha entendido lo que hemos hecho, en circunstancias muy difíciles”, aseguró.

No obstante, el lunes 19 también envió un mensaje de distensión a los líderes europeos. Afirmó que hará “todo lo posible para que todas las situaciones conflictivas con sus socios se arreglen por medios políticos y diplomáticos”, y advirtió que, en los próximos tiempos, tiene previsto centrarse mayormente en la política nacional.

“Nos vamos a dedicar antes que nada a la agenda de la política nacional. Eso es, principalmente, garantizar los ritmos de crecimiento de la economía y darle un carácter innovador”, ofreció Putin. “No permitiremos ninguna carrera armamentista. Tenemos todo lo que necesitamos. Al contrario, nos disponemos a entablar relaciones con todos los países del mundo de tal forma que sean constructivas”, precisó.

En esta línea, afirmó que planea reducir el gasto en defensa este año y el próximo.

Putin hizo estas declaraciones tras volver anoche a negar un papel de Rusia en el envenenamiento del exespía Serguéi Skripal, lo que ha provocado una crisis diplomática con Londres. “Rusia ya ha destruido todas sus armas químicas. Es increíble que nos acusen de eso antes de las elecciones y el Mundial”, ha argumentado el líder ruso.

Occidente no llama

Las palabras de Putin, sin embargo, no encontraban eco a mitad de esta mañana, cuando todavía ningún líder occidental lo había llamado para felicitarlo, algo que no ocurrió siquiera tras la victoria de Donald Trump, el muy polémico presidente conservador de Estados Unidos.

Este silencio, visto con irritación por Moscú, fue finalmente interrumpido por una comunicación del gobierno alemán, el cual afirmó que había “tomado nota” de los resultados electorales en Rusia, a lo que siguieron sendos comunicados de Croacia, Hungría y Turquía.

Desde París, en cambio, el presidente francés Emmanuel Macron volvió a poner énfasis en el caso de Skripal y pidió a Rusia aclarar sus “responsabilidades”.

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