“Caravaggio. Una obra, un legado”, una pésima exposición

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Pésima como exposición y vergonzosa como proyecto institucional, Caravaggio. Una obra, un legado, que presenta el Museo Nacional de Arte (Munal) en la Ciudad de México, recuerda la urgencia de reestructurar las políticas museísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En concreto: La selección de exhibiciones, las estrategias de comunicación, y los procedimientos de contratación y evaluación de los directores.

Organizada en torno a la versión de La buenaventura (1596) de Caravaggio que resguarda Museos Capitolinos de Roma, Italia, la exposición incorpora 16 obras de pintores europeos y novohispanos de colecciones museísticas nacionales que, realizadas entre los siglos XVII y XIX con poéticas tenebristas, no establecen una relación coherente con la estética temprana del Caravaggio que exhibe el Munal.

Más allá de exaltar una obra que en el contexto de la creación total del pintor italiano es muy menor, ¿cuál es el objetivo y aportación artística de la exhibición: evidenciar y fortalecer el subdesarrollo institucional de México?

Merecidamente reconocido en la historiografía del arte occidental por sus irreverentes interpretaciones de temas religiosos y míticos en los que se impone un realismo de fuerte intensidad humana y psicológica, por la creación del género de la naturaleza muerta, por la introducción en la pintura italiana de escenas costumbristas, y por la impactante teatralidad en el uso del claro-oscuro, Michelangelo Merici de Caravaggio (1571-1573, 1610), realizó muy pocas reinterpretaciones de los mismos temas. Entre ellas, la controvertida versión de Judith decapitando a Holofernes que apareció en 2014 cerca de Toulouse, Francia, y las dos versiones del tema de la buenaventura: Una espléndida que se encuentra en el museo Louvre de Paris de 1594-1595, y la que se presenta ahora en el Munal.

Notoriamente diferentes por el tratamiento pictórico, la del Louvre sobresale por las sutiles diferencias tonales del fondo, la fisonomía y tensión facial de los personajes, y la vaporosidad y textura de las vestimentas.

Mucho más simple en su atmósfera pictórica, con texturas planas en las vestimentas y con rasgos faciales distintos de los que caracterizan la obra temprana de Caravaggio, la versión exhibida en el Munal coincide con una serie de exposiciones que, con acervos de museos italianos, se han presentado desde 2016 en Madrid, Nueva York, Los Ángeles y un país sudamericano, Chile.

Diferentes por la calidad de las piezas –en el Metropolitan de NY se presentaron el Martirio de Santa Úrsula y la Negación de San Pedro de 1610, y en el Getty Center de Los Ángeles el espléndido Joven con canasta de frutas de 1593-94, San Jerónimo de 1605-6 y el David con la cabeza de Goliath de 1609-1610–, las exhibiciones evidencian las jerarquías que existen en la geopolítica museística.

Promocionada con una estrategia de comunicación que al exaltar el cuestionable valor de una pieza evidencia la subvaloración del INBA hacia el público mexicano, la exposición del Munal presenta 16 obras de colecciones nacionales que reproducen los típicos y tardíos claro-oscuros que produjo Caravaggio a partir de 1600: 8 piezas novohispanas y mexicanas de su acervo, una del Museo Franz Mayer, y 7 europeas del Museo de San Carlos que debieron ser 9 ya que no incluyeron los dos Españoletos de la colección permanente.

Este texto se publicó el 15 de abril de 2018 en la edición 2163 de la revista Proceso.

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