Europa y EU, enfrentados por el pacto nuclear con Irán

Protesta de iraníes frente a embajada de Estados Unidos. Foto: AP / Vahid Salemi Protesta de iraníes frente a embajada de Estados Unidos. Foto: AP / Vahid Salemi

LONDRES (apro).- Gran Bretaña, Francia y Alemania están determinados a salvar el acuerdo nuclear con Irán, incluso si éste los enfrenta abiertamente con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien el martes 8 de mayo anunció la salida de Washington de dicho plan, generando potencialmente una nueva crisis en el Golfo Pérsico y Medio Oriente.

El enfrentamiento diplomático representa ahora un enorme examen de durabilidad para la alianza que Londres, París y Berlín lograron forjar en su denodado intento por prevenir que Trump rompiera con el acuerdo que había firmado su predecesor, Barack Obama.

El mayor riesgo ahora es que la unidad creada por la tríada europea con el fin de preservar el acuerdo nuclear iraní se quiebre debido a posibles diferencias sobre cuán preparados están para enemistarse con Estados Unidos, además de con Israel y Arabia Saudita, a la hora de tratar de mantener vivo el plan nuclear.

Luego del anuncio de Trump, la tríada europea emitió un comunicado conjunto, en el que “lamentó y se preocupa” por la salida de Washington, aunque reiteró su “continuo apoyo” al acuerdo.

“Urgimos a Estados Unidos garantizar que las estructuras del acuerdo nuclear sigan intactas, y que evite tomar acciones que obstruyan su total implementación por parte de otros grupos”, destacó el comunicado.

En un mensaje por separado a través de su cuenta de Twitter, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, fue incluso más lejos, al advertir que el acuerdo contra la proliferación nuclear “está en riesgo”.

El tono en que gobernantes como Macron utilizaron para desafiar a Trump por su decisión de retirarse del acuerdo, como también por su retórica belicosa, también será crítico para unas futuras relaciones transatlánticas.

Al hacer su anuncio desde la Casa Blanca, Trump no hizo concesiones con los aliados europeos, acusándolos en todo caso de haber sido engañados “por una gran mentira perpetrada por un régimen asesino”. Y confirmó que impondrá “el mayor nivel de sanciones a Irán”, como también a aquellas naciones que asistan a ese país.

El acuerdo nuclear con Irán, que entró en vigor en enero de 2016, había sido firmado un año antes en Viena tras maratónicas reuniones de último momento, y pautaba que Teherán reduciría su programa nuclear a cambio de un levantamiento de las sanciones internacionales que estrangulaban su economía.

De hecho, desde que entró en vigor el pacto y se levantaron las sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y la ONU, Teherán tuvo acceso a unos 100 mil millones de dólares que estaban congelados en el extranjero, además de volver a vender petróleo en el mercado internacional y utilizar el sistema financiero global.

El plan nuclear tenía como principal objetivo sacar a Irán del ostracismo internacional, y poner fin definitivamente a las ambiciones atómicas del régimen de los ayatolás, reduciendo sus injerencias territoriales.

Dicho acuerdo llevó a una rápida y drástica reducción del programa nuclear iraní, al lograr que Teherán redujera sus reservas de uranio enriquecido en 98%, hasta unos 136 kilos, muy por debajo del material necesario para construir una bomba atómica.

Irán también decomisó unas 13 mil máquinas centrífugas, dejando en funcionamiento sólo 5 mil de ellas. Frenó además el proceso de enriquecimiento de uranio en su planta subterránea de Fordow que, como el resto de esas plantas nucleares en suelo iraní, quedaron bajo el monitoreo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Dicho organismo confirmó en repetidas oportunidades que Irán cumple con las restricciones que acordó en 2015.

Los firmantes del acuerdo inicial, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia), Alemania e Irán, habían coincidido en que el acuerdo era la mejor vía para evitar el desarrollo de una bomba atómica por parte de Irán y frenar una carrera nuclear en la región más volátil del mundo.

La firma por parte del gobierno estadunidense, impulsada por Obama, había sido además simbólicamente muy importante, ya que Estados Unidos no mantiene relaciones diplomáticas con Irán desde 1980.

Pero la decisión de esta semana de Trump, quien junto a Israel y Arabia Saudita argumentan fue tomada debido a que el pacto ha dado oxígeno económico a Irán, no ha abordado su apoyo a grupos terroristas ni el desarrollo de su programa balístico, no sólo pone ahora en riesgo el futuro del acuerdo, sino que podría afectar potenciales pactos multimillonarios de varias multinacionales con Irán.

Por ejemplo, el gigante energético francés Total ha firmado con Irán inversiones por valor de 4 mil 800 millones de dólares. Las multinacionales europeas Airbus, Siemens y Peugeot también tienen negocios en el país persa. Otro posible afectado es el fabricante estadunidense Boeing que, gracias a una exención en el pacto nuclear, ha acordado vender 110 aviones a Irán por valor de 20 mil millones de dólares.

Frente a la retórica de la administración de Trump, Europa tiene ahora un limitado espacio de acción.
Tony Blinken, exvicesecretario de Estado norteamericano con el gobierno de Obama involucrado en la negociación inicial del acuerdo, consideró que la habilidad de Europa para mantener vivo el plan iraní dependerá en gran medida de si Irán sigue beneficiándose económicamente, incluso sin Estados Unidos.

“Eso sólo lo dirá el tiempo. Dependerá de cómo reaccionen las compañías a este nuevo medio ambiente político, y también dependerá si Estados unidos sanciona a compañías que hacen negocios con Irán”, agregó.

Blinken explicó que la viabilidad del objetivo europeo para mantener a Irán dentro del acuerdo nuclear dependerá además de cuán agresivo sea el Tesoro estadunidense a la hora de imponer sanciones, y de cómo repercutan éstas en las firmas europeas que hagan negocios con Irán.

La primera sanción que será introducida por Trump es un requerimiento a las compañías norteamericanas para que reduzcan el número de acuerdos petroleros con Irán a través del banco central iraní. Esas medidas tardarán unos 180 días en implementarse. Trump dio a entender que impondrá otras sanciones más amplias, aunque por el momento se desconoce el detalle de las mismas, o en qué tiempo piensa ponerlas en marcha.

Uno de los principales problemas para Europa es que muchas de las sanciones existentes de Estados Unidos a Irán, algunas de ellas ligadas a abusos de derechos humanos de Teherán y su programa misilístico, han tenido gran impacto en los bancos europeos con vínculos comerciales con Estados Unidos.

Previos esfuerzos en 2016 y 2017 para tratar de desenmarañar a las compañías europeas que hacen negocios con Irán de la amenaza de sanciones estadunidenses no tuvieron éxito, y llevaron a que Teherán se quejara en los últimos años de que el esperado aumento de la inversión occidental a la economía iraní no se materializó, contraviniendo uno de los aspectos clave del acuerdo nuclear.

La cuestión ahora para Londres, Berlín y París es si pueden hallar una forma más efectiva de proteger a las empresas europeas que hacen negocios con Irán de las sanciones estadunidenses.

Blinken sostuvo que, en el pasado, la UE se había enfrentado con Estados Unidos luego de que Washington impuso sanciones secundarias al país persa. Las sanciones a Libia e Irán aprobadas por el Congreso norteamericano en 1996 provocaron que la UE aprobara una ley por la cual se declaraba que las sanciones secundarias de Estados Unidos a las firmas europeas que hacían negocios con Irán o Libia no tenían efecto alguno. La UE también amenazó entonces con llevar a Estados Unidos a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

“Después de ese enfrentamiento, en rasgos generales Estados Unidos dio un paso atrás”, indicó Blinken.

Pero ahora, Trump parece estar preparado para dar un duro golpe a las compañías europeas que negocien con Irán. El tono de su anuncio en la Casa Blanca sugiere que no tolerará ninguna amenaza a su autoridad política para llegar a un acuerdo sobre las relaciones de Occidente con Irán.

Para Peter Harrell, exdiplomático estadunidense y actual investigador del Centro para una Nueva Seguridad Americana, todo dependerá de cuán agresiva Europa quiere ser para mantener vivo el acuerdo.

“Sin un esfuerzo activo por parte de la UE para mantener a las compañías europeas en Irán y resistir la presión de Estados Unidos, veremos a grandes firmas abandonar ese país”, señaló el experto.

Por su parte y luego del anuncio del presidente estadunidense, Maja Kocijančič, portavoz de la UE para asuntos de Exterior, se limitó a indicar que el bloque europeo está trabajando “sobre planes concretos para proteger los intereses de compañías europeas”.

En todo caso y en un intento por llevar calma a los iraníes y prevenir una escalada de tensiones en las relaciones con Irán, las autoridades en Gran Bretaña, Francia y Alemania subrayaron que seguirán apoyando el acuerdo nuclear iraní, y que mantuvieron esa postura cuando se reunieron el pasado 8 de mayo en Bruselas con el ministro de Exterior iraní, Abbas Araghchi.

Europa seguirá implementando el acuerdo nuclear siempre que Irán cumpla con sus obligaciones, explicó un portavoz del Ministerio de Exteriores británico.

Londres está tratando por todos los medios de no enfrentarse abiertamente con sus aliados Arabia Saudita, Israel y Estados Unidos sobre el rol que ocupa Irán en Medio Oriente, aunque sostuvo a través de su flemático canciller Boris Johnson que la salida de Estados Unidos “podría tener consecuencias catastróficas” para la región, refiriéndose a una posible carrera armamentística nuclear.

El gobierno de Theresa May, que enfrenta muchos problemas internos por la implementación del Brexit y por una desaceleración económica como consecuencia de ello, considera que un enfrentamiento público entre Estados Unidos y Europa en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre el futuro del acuerdo nuclear, sólo beneficiará a Rusia y sus intereses geopolíticos en la región.

Además, estima que, en caso de abandonarse por completo el plan, ello llevará a una carrera nuclear en la región de Medio Oriente y del Golfo, y podría facilitar que Teherán obtenga eventualmente la bomba atómica a partir del enriquecimiento de uranio.

En ese sentido, Londres quiere mantener a toda costa su actual postura para tratar de persuadir a Trump de permanecer dentro del acuerdo, o en caso contrario negociar un acuerdo suplementario con Irán que cubra su programa balístico y misilístico, incluyendo modificar sus políticas de exterior intervencionistas en Medio Oriente.

Pero según Alistair Burt, subsecretario para la Cancillería británica, Trump “ignoró” las advertencias de Gran Bretaña por el acuerdo nuclear.

El funcionario conservador afirmó a la radio 4 de la BBC que el presidente norteamericano obvió por completo las recomendaciones de Londres, incluso pasando por alto “la histórica relación especial” anglo-estadunidense.

“Está claro que eso pasó (nos ignoraron). Sería estúpido decir lo contrario. Lo intentamos por todos los medios, con Boris Johnson, con el presidente Macron, con (Angela) Merkel. La primera ministra May se había comunicado con el presiente el pasado fin de semana. El presidente no nos ha escuchado, tenía su posición ya tomada antes de asumir la presidencia, y decidió mantenerla”, aclaró el subsecretario del Foreign Office.

“Es nuestro trabajo tratar de desescalar estas tensiones, y creo que llevará algún tiempo lograrlo. Las declaraciones del gobierno iraní tras el anuncio de Estados Unidos fueron medidas y todos los otros firmantes del acuerdo estamos determinados a mantener el acuerdo y hacer que funcione”, aclaró.

De acuerdo a Burt, es “imperativo” que la tríada europea convenza a Trump de que hay otras formas de resolver los desafíos que él consideró existen con Irán.

“No sé si podremos hacerlo cambiar de parecer. Él no lo hará. Pero hay otras soluciones y es nuestra tarea encontrar alternativas que funcionen, y que funcionen sin que haya más enfrentamientos. Hay que hallar una solución sin importar cuán difícil sea su implementación en una región de por sí muy compleja”, continuó.

Lo cierto es que por ahora los gobernantes europeos enfrentan una opción insidiosa: Sucumbir al liderazgo de Trump a pesar de que ello pueda generar más agitación y tensiones en Medio Oriente, o desafiar a su principal aliado internacional sobre una de las mayores decisiones en materia de política exterior tomadas durante su polémica presidencia.

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