Científicos, académicos y artistas convocan “a defender la nación”

Constituido en 2014 por destacados personajes de los más diversos campos de la cultura (artistas, intelectuales, científicos, periodistas), el Observatorio Ciudadano de Coyoacán insta a la comunidad entera a sumarse a un cambio en el país que democratice la cultura, pues sin una política incluyente y descentralizadora “el crecimiento no tiene sentido”. Ligados a la izquierda, pero sin afán partidista, sus miembros convocan para este jueves 14 en el Club de Periodistas a discutir un documento, cuyos lineamientos son expuestos aquí. 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Alrededor de 70 científicos, académicos y artistas –miembros del Observatorio Ciudadano de Coyoacán– convocan, sin ningún fin partidista, “a defender la nación que se encuentra en grave riesgo”.

En un documento enviado a Proceso que harán público hoy 14 de junio en el Club de Periodistas (Filomeno Mata 8, Centro Histórico de la Ciudad de México), a las 18 horas, para discutirlo y firmarlo, este organismo resalta que “la cultura es un derecho y para ejercerlo a plenitud necesitamos un cambio de rumbo y un nuevo gobierno que haga de ella el eje rector del desarrollo social, pues de otro modo el crecimiento de la producción no tiene dirección ni sentido”.

El texto sigue así:

“La cultura es bien de primera necesidad y queremos un gobierno para el que sea prioritaria y que la incluya en todas sus políticas: educativa, social, económica, comercial… 

“Hemos padecido la cultura del poder; necesitamos el poder de la cultura.”

De esa manera se explica la situación nacional en la convocatoria:

“El neoliberalismo nos llevó a una emergencia humanitaria; la realidad fue contraria a las promesas: no desarrollo sino estancamiento, no bienestar y prosperidad sino pobreza y desamparo, no equidad sino creciente desigualdad. El saldo de la corrupción, la impunidad y la violencia es el incremento de la inseguridad, asesinatos, desaparecidos, desplazamientos…

“La decadencia de México es económica y social, pero también ética, y sólo la revertiremos con el resurgimiento de la cultura. La cultura cura.”

Además se destaca en la misiva de invitación:

“El arte no tiene por qué ser elitista, pero para que las mayorías participen de su creación y disfrute hace falta una política cultural incluyente que no tenemos. Los científicos sociales hacemos diagnósticos que no se atienden y propuestas que se desechan.

“La investigación básica carece de apoyos suficientes y seguros, de modo que los más talentosos se van. Carecemos de políticas con visión estratégica, pero nos atosigan con evaluaciones inútiles.”

El coordinador de dicha convocatoria, el periodista Guillermo Zamora, menciona en entrevista que el Observatorio Ciudadano de Coyoacán surgió hacia 2014:

“Es un grupo de intelectuales, artistas de toda índole, periodistas, académicos y profesionistas de izquierda. Ya vamos para cuatro años y ha ido creciendo conforme pasa el tiempo. Se han incorporado personalidades como Demián, Bruno y Alejandro Bichir, Laura Esquivel, Enrique González Rojo, Lorenzo Meyer, Sergio Olhovich, Héctor Ortega, Gabriela Rodríguez, Elena Poniatowska, Enrique Semo, el padre Alejandro Solalinde y Paco Ignacio Taibo II, en fin. Somos gente muy seria. Hay simpatizantes del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), pero no se actúa en nombre de este partido. También participan personas sin ninguna afiliación e interés partidista. Nos une la preocupación de los aconteceres en el país. Nació en Coyoacán, por eso se llama Observatorio Ciudadano de Coyoacán, pero no todos somos de Coyoacán”.

También integran la agrupación Rafael Barajas El Fisgón (monero), Juan Manuel Contreras (filósofo), Raúl Correa (periodista), Óscar Menéndez (cineasta), José Reveles (periodista), Alma Rosa Alva (académica), Ariel Rosales (editor), John Saxe Fernández (profesor investigador), Pedro Salmerón (historiador) y Florence Toussaint (periodista), entre otros.

El rescate

Ante el alarmante llamado que el Observatorio hace de que “la nación está en grave riesgo”, el sociólogo Armando Bartra explica a este semanario:

“¡Este es el punto de partida!”.

Y analiza:

“Sin duda, de la prolongadísima crisis económica y una distribución infame de la riqueza; una descomposición del tejido social (lo cual es muy evidente en todos lados, pero en el campo quizá todavía más), y el conflicto de la violencia y del narco… hay una crisis espiritual, una crisis moral que toca de manera muy directa a todos los mexicanos y mexicanas que de una u otra forma nos dedicamos a la cultura. A todos nos toca una crisis que tiene que ver precisamente con nuestra identidad. Cuando esto se desmorona, la patria está en riesgo.”

El antropólogo y sociólogo Héctor Díaz-Polanco habla a este medio sobre del gremio cultural científico, académico y artístico:

“Es un sector muy importante y muy amplio, donde quizá se expresa con más fuerza esta situación de personas que están inconformes con lo que pasa en el país, pero que no encuentran la manera de insertarse en una acción política. Incluso en muchos casos no quieren hacer compromisos políticos públicos, ni mucho menos hacer compromiso con partidos políticos, por eso, y esa es la especificidad del documento y de la convocatoria. No hay referencia ni a partidos ni a proyectos particulares, sino que estamos llamando a todos los que en este campo, no obstante esas aprensiones y esos temores, sí son partidarios del cambio. Sí están inconformes con nuestra visión de que el país vive en riesgo y que la respuesta a ese riesgo es el cambio.”

Para la antropóloga Consuelo Sánchez, “el problema es que hay un proyecto de mercantilización de la cultura, por ello, no hay ningún interés por promover la cultura incluso en términos identitarios, eso va también con el modelo de integración del país, con la globalización”.

La académica aclara lo que se propone en el documento:

“Es otro rumbo. Recuperar la cultura en otro sentido, para otros propósitos, de fortalecimiento de lo social, la convivencia y la solidaridad.”

El texto propone 11 puntos a la espera de que “las cumpla el gobierno del cambio”, como el fomento decidido a la ciencia básica y a la aplicada, e impulso al desarrollo de tecnologías propias.

Al respecto Bartra, autor de alrededor de 30 libros, atenúa preocupado y alarmado:

“Los que realizan teatro, música, en fin, y los que somos docentes e investigadores, nos va mal,  pero a los científicos duros, les va peor. México tiene una mala política cultural, pero una pésima política en el ámbito de las ciencias en general. El presupuesto que se debiera invertir en la ciencia, según las recomendaciones internacionales, debería ser el 1% del Producto Interno Bruto (PIB), y ¡nunca hemos llegado a eso!

“Todo nuevo gobierno promete que ahora sí se va a elevar el presupuesto, y no se eleva.”

Otra exigencia es que exista una verdadera Ley de Cultura con visión democrática e incluyente, así que los cuatro coinciden en que sea revisada. Luego sigue la idea de la restructuración de las instituciones culturales, fortalecimiento de sus presupuestos y fin a la discrecionalidad en su ejercicio.

Manifiesta Díaz-Polanco, autor a su vez de cerca de 20 volúmenes:

“El mundo de la cultura y la ciencia considera que no hay una plataforma institucional adecuada, por eso se incluyó este punto, pero además no hay un enfoque adecuado que conciba lo cultural como una construcción colectiva, ni hay un enfoque que conciba lo cultural como proceso identitario.”

El cuarto asunto es que el próximo gobierno debe preservar el patrimonio cultural, histórico y arqueológico y frenar su mercantilización. Entonces interviene Consuelo Sánchez, catedrática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien liga esta parte con la restructuración de las instituciones culturales:

“¿La Secretaría de Cultura vino a beneficiar o no? ¡Eso es parte del problema, porque vino a debilitar a instituciones como el INAH y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)! La primera instancia ha sido disminuida porque no existe un interés por proteger el patrimonio, sino utilizarlo para fines económicos.”

La siguiente propuesta es la defensa “de nuestra diversidad cultural frente a las avasallantes y monopólicas industrias del entretenimiento, y fin al centralismo cultural y afirmación de las culturas regionales”.

El también filosofo Bartra acentúa al respecto:

“Nuestro federalismo anda mal en todo. Los estados dependen en gran medida del ejercicio de su presupuesto federal, sobre todo los más pobres económicamente, aunque pueden ser ricos en biodiversidad biológica y culturalmente. Hay un sometimiento de las entidades federativas a la voluntad de la federación por el presupuesto y por el lado también del gobierno central.”

Lo local no importa

Díaz-Polanco, sumamente inquieto por el país, expone que la actual política cultural responde a dos deformaciones: 

“Universalismo, gigantismo, y la idea de la cultura que se transfiere hacia abajo. ¡Todas concepciones absolutamente equivocadas! La idea de que sólo con una perspectiva universal tenemos propiamente cultura, por tanto existe el desprecio de todo lo que se expresa a nivel local, regional, comunitario… Es lo contrario lo que debemos buscar: de abajo hacia arriba. De que de lo particular a lo universal se mueva lo cultural, a la creación cultural, por eso cuando hablamos de una política cultural nueva la fundamos en varias ideas centrales. La primera gran idea es que una buena política cultural es una política que construye comunidad, es decir, que solidifica, fortalece el sentido comunitario en sus diversos niveles, desde el más pequeño local hasta la idea de comunidad nacional. 

“Además, estamos condenados a vivir como si fuéramos individuos colocados de repente en una especie de sumatoria, como si la individualidad fuera anterior a lo colectivo. Estamos partiendo entonces de que lo colectivo es el punto de partida y que toda política cultural debe fundarse en ello.”

–¿Por ello México ha caído en la narcocultura? –se les pregunta.

Bartra interviene al instante:

–Son búsquedas de identidad que destruyen finalmente. La opción de ser poderosos, visibles, reconocidos e identificados por una vida corta, a través de incorporarse al narco, por lo menos invitar a los amigos a la cerveza y tener más novias, no es gran cosa, pero es mucho para algunos chavos. Es una forma de buscar identidad y esto es grave. 

“La recuperación del país en lo económico, lo social, lo político y lo cultural ¡es urgente! Nuestra crisis espiritual tiene que ver con que hemos perdido el orgullo de ser mexicanos, orgullo en el buen sentido, estar orgullosos de lo que somos y de lo que tenemos.”

El tema siete es el reconocimiento de las comunidades, no sólo como destinatarias sino como creadoras de cultura. El ocho expone apoyo a los proyectos creativos en ciencias y artes. El nueve, no a la precarización del trabajo cultural y derechos laborales plenos a quienes lo realizan. El 10, la desconcentración y la democratización del espectro electromagnético, de modo que las comunidades y los creadores tengan acceso a éste y al concesionado. Y el 11 aborda el acceso universal a internet.

Internet para todos

Sobre ese último punto, se les interroga: ¿Es posible que todos tengan gratis el internet?

Contesta enseguida Díaz-Polanco:

–No sólo es factible, sino absolutamente necesario.

“Cuando hablamos de democracia habitualmente nos olvidamos de sus expresiones concretas. Tenemos un instrumento nuevo, fruto de desarrollos tecnológicos acumulados que sigue siendo disfrutado y utilizado por un sector particular, incluso en mucho sentido minoritario. Es decir, hay que democratizar entonces este instrumento, y eso es perfectamente posible. Contamos con la tecnología y las empresas que podrían realizarlo, de acuerdo con un plan nacional y con propósitos culturales.

De nueva cuenta, Bartra señala:

“La gente ya utiliza lo digital, no lo analógico. Hay que impulsar esto, no solamente la posibilidad de estar en las redes, sino participar en la comunicación que hoy es más interactiva. Es tener la posibilidad de potenciar los instrumentos que te da el mundo digital. Se puede crear música, una historieta, se puede tomar una cantidad enorme de fotografías, etcétera. Es un recurso muy barato y enormemente poderoso.

“El acceso universal no sólo es una posibilidad, yo digo que es un derecho.”

En tanto, Consuelo Sánchez, quien además formó parte del Congreso Constituyente de la capital, informa que en la Constitución de la Ciudad de México, que entra en vigor el 17 de septiembre próximo, se logró incorporar como un derecho el acceso a internet en los espacios públicos.

Enseguida, Díaz Polanco anuncia:

“Se consiguió a nivel local, ahora hay que pelear para que sea a nivel nacional.”

Bartra platica que “el acceso universal del internet en los lugares públicos de la Ciudad de México es importante, pero existe un severo problema de comunicación en comunidades pequeñas de la nación, que siguen siendo una enorme mayoría, pueblos chicos que están aislados, que no se han favorecido con la vía telefónica. ¡Eso debería de ser una política pública!”.

Recalca que los jóvenes de las comunidades rurales o pueblos chicos no deben ser marginados de esta posibilidad.

En el documento se especifica que para algunos la cultura es vocación y oficio, “y los profesionales de la cultura tenemos problemas: hacemos cine, teatro, danza que poco se ven, libros que poco se leen, música que poco se escucha, obra plástica, solamente accesible si acaso en galerías y museos”.

Para esta comunidad, “cultura es todo lo que hacemos en tanto nos humaniza, ciencia y arte, pero también milpa, guisos, grafiti y esténciles, carnavales y tocadas, movimientos sociales y resistencias. Y México es un país de culturas ancestrales que, sin embargo, están enfermas. La cultura popular es suplantada por los medios del espectáculo y lo están las comunidades de investigación y creación que trabajamos en ambientes sofocantes. Además de que en ciencia y arte cada vez hay más vocaciones femeninas pero con menos oportunidades que los varones.

Finaliza Díaz-Polanco:

“Promover el cambio es la misión histórica de hoy. Y ese cambio debe fundarse en una visión tolerante, pluralista, integradora e incluyente.” 

Coinciden:

“Recuperemos entre todos, pueblo y gobierno, el esplendor cultural que alcanzó el país en sus mejores momentos. No sólo la magnificencia de las civilizaciones mesoamericanas y la fuerza épica de los forjadores de la independencia, sino también el brillo intelectual del liberalismo  decimonónico y la fecundidad creativa de la posrevolución.”

Al final invitan a todo el sector a asistir al Club de Periodistas “sin importar su posición política, para trabajar juntos para la cultura”.   

Este reportaje se publicó el 10 de junio de 2018 en la edición 2171 de la revista Proceso.

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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