“La misa del papa Marcelo”, de Palestrina

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594) nació en el municipio italiano de Palestrina, cerca de Roma, (no hay que no confundir con el Estado árabe de Palestina) y es considerado como el más grande polifonista de la historia. La mayor parte de su obra consiste en música sacra compuesta para la iglesia católica, para la cual trabajó casi toda su vida.

Autor de 104 misas, entre otras obras, se ejecutan con coro a capella (sin acompañamiento instrumental), pues en su época los coros eclesiásticos estaban conformados sólo por hombres: niños y adultos. Algunos infantes sufrieron castración para que conservaran sus voces de soprano o alto, práctica inhumana que fue prohibida por la Iglesia años más tarde.

A las mujeres entonces les estaba negada la participación en dichos coros y hasta en el teatro, prohibición basada en parte en los textos bíblicos (Timoteo 2, 12); con el tiempo esa negativa también fue cediendo.

De manera que una interpretación historicista de las misas de Palestrina debiera ser con sólo varones y con afinación antigua, como la que se presentó en pasado 26 de junio en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso, recinto de la UNAM.

Los intérpretes fueron el Ensamble Vocal Odhecaton, compuesto por una docena de cantantes la mayoría italianos, dirigidos por el Maestro Paolo Da Col.

La misa del papa Marcelo (en latín Missa Papae Marcelli) la escribió Palestrina en honor del Papa Marcellus II, cuyo papado duró solamente tres semanas en el año de 1555. Hay expertos que suponen fue compuesta en 1562.​

El Concilio de Trento se realizó entre 1545 y 1563; en él se dio, además de la llamada Contrarreforma, la definición de las características que debía tener la música sacra. Palestrina tuvo que acatar las nuevas disposiciones que exigían mayor claridad en el texto y menos distracciones musicales para los asistentes al servicio religioso.

Supuestamente, la imitación en la música polifónica obscurecía las palabras de la misa, interfiriendo con la devoción del oyente. Pero la música de Palestrina era demasiado bella para prohibirla en la Iglesia.

La misa del papa Marcelo es su obra más conocida y la más a menudo interpretada y frecuentemente enseñada en cursos universitarios. Fue cantada en la misa de la coronación papal hasta Pablo VI en 1963. Está compuesta de seis partes (bajo I y II, tenor I y II, alto y soprano), y consiste en Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus/Benedictus, y Agnus Dei.

Aunque en el concierto del Ensamble Vocal Odhecaton, después del Gloria, interpolaron el Salmo Sicut Cervus del propio Palestrina, práctica usual durante la ceremonia religiosa.

La interpretación del maestro Paolo Da Col fue de lo más adecuada, las voces no muy impostadas ni engrosadas artificialmente, casi sin vibrato, con la naturalidad y espontaneidad del barroco, afinación perfecta.

Quizá le faltó un ápice de dramatismo en las partes trágicas del Credo (“padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado”). Cantaban estos versos sin el menor rastro de dolor, cierto que el romanticismo aún no se había gestado, pero no se puede ser tan indiferente a estas palabras.

En contraposición, debió haber un poquito de regocijo y alegría en los versos siguientes (“Resucitó al tercer día y está sentado a la diestra del Padre”). Una interpretación como ésta, carente de emoción, era lo usual, pero hoy en día algunos directores creen que lo correcto es infundirle un poco más. La acústica del Anfiteatro, muy adecuada, a veces en las iglesias hay demasiada reverberación.

Durante la velada, interpretaron también el famoso Miserere a 9 voces de Allegri (aquel que el joven Mozart escribió de memoria habiéndolo escuchado una sola vez), el Corona aurea a 5 voces de Arcadelt, y el Lauda Dominum de Palestrina.

Fue un evento realizado en coproducción con la UNAM y Arte & Cultura del Grupo Salinas. Un auténtico privilegio escuchar en vivo estas obras maestras de Palestrina y sus contemporáneos.

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