La OMS, lejos de contener el brote de Ébola en República Democrática del Congo

La Unicef ha identificado a 53 niños huérfanos que han perdido a sus padres a causa del ébola en República Democrática del Congo. Foto: Twitter @UNICEFCyL La Unicef ha identificado a 53 niños huérfanos que han perdido a sus padres a causa del ébola en República Democrática del Congo. Foto: Twitter @UNICEFCyL

GINEBRA (apro).- La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció que está lejos de confirmar la contención del brote de Ébola en Kivu Norte, en la República Democrática del Congo (RDC).

De igual manera, expresó que su mayor preocupación es que por razones de seguridad no se puede tener acceso a personas contagiadas por el letal virus, pues en la zona afectada más de 100 grupos armados aterrorizan a la población, especialmente las milicias del ADF (Fuerzas Democráticas Aliadas), uno de los grupos extremistas islámicos más sanguinarios y temidos de la región.

“De momento no podemos decir que el brote esté contenido, definitivamente no, estamos en el proceso de tratarlo de contener, pero por las restricciones de seguridad, no podemos estar 100% seguros, así que no podemos subestimar esta enfermedad”, dijo a Apro Peter Salama, director general adjunto de la OMS para la Preparación y la Respuesta ante Emergencias.

“Mi mayor preocupación es poder tener acceso a la gente que necesitamos llegar. Quizá estamos perdiendo algunos casos en estos ‘espacios ciegos’ en donde no hemos podido llegar por la violencia armada; en esos lugares simplemente no hay facilidades de salud, ni trabajadores médicos, y no podemos llegar”, lamentó el experto de la OMS.

Añadió: “Desde el principio del brote en RDC nuestra mayor preocupación ha sido tener acceso a las personas contagiadas y a sus contactos, pero la violencia complica inmensamente nuestra respuesta y nuestra capacidad de conectar con las comunidades, porque como trabajadores de salud, ninguno de nosotros quisiéramos estar acompañados de personal armado para hacer nuestro trabajo y entablar una relación con las comunidades”.

Desde el 1 de agosto –cuando el organismo de salud declaró el nuevo brote de Ébola en Mangina, Kivu Norte, en RDC– hasta el pasado viernes 24, la OMS ha contabilizado 103 casos sospechosos, incluidos 80 confirmados, con 63 muertes. La cepa del virus corresponde a la llamada Zaire, una de las más letales con tasa de mortalidad de más de 60 %. A pesar de las cifras, la OMS reconoce que el número puede ser mayor.

El Ébola es una enfermedad endémica en el Congo. Sólo ocho días después de que el Ministerio de Salud de RDC diera por acabado el brote que había azotado la provincia de Ecuador (noroeste del país) desde mayo pasado, las autoridades del país declararon el nuevo brote en una zona por demás compleja y densamente poblada que comparte frontera con Uganda y Ruanda.

Según la OMS, no tienen relación un brote con el otro, ya que a los epicentros en Bikoro y Mangina les separan unos 2 mil 500 kilómetros de distancia. En el anterior, el de la provincia de Ecuador, desde que se declaró el inicio –el pasado 8 de mayo– y hasta su final, el 24 de julio, se contabilizaron 54 casos, de los cuales 33 pacientes fallecieron.

Pero la gran diferencia es que el primer brote se pudo contener rápidamente, y en cambio este segundo que golpea al país centroafricano representa un desafío para los trabajadores de salud y para la población atrapada por los enfrentamientos armados.

En este escenario, Salama reveló que había llegado el momento “más temido y más anticipado”. Se trata del contagio de un médico en Oicha, en Kivu Norte, un poblado que se encuentra totalmente rodeado por los militantes del grupo extremista ugandés ADF, por lo que “hay temores extremadamente graves de seguridad”, y además cooperantes, sacerdotes y funcionarios del gobierno han sido tomados como rehenes.

Por ahora se ha localizado a un centenar de los contactos del médico y se ha comenzado una campaña de vacunación en la zona, al igual que en los principales poblados de la región. Se ha vacunado ya a 2 mil 900 personas en riesgo de ser contagiadas. Expertos sanitarios y personal de la OMS han podido llegar a Oicha con escoltas armadas de la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (Monusco) para evaluar de primera mano la situación. Además, la epidemia ha llegado a la vecina Ituri, con nueve casos registrados y tres muertes.

Debido a que hay distintos focos, “los traslados de los enfermos y el tratamiento de los cadáveres implican grandes riesgos”. Los diferentes equipos de ayuda tienen que trabajar de forma independiente, lo que aumenta el problema logístico y de coordinación. De igual forma, el hecho de que entre las víctimas se encuentren 13 trabajadores de salud “convierte a los hospitales y centros de salud en lugares de riesgo de contagio”.

Los huéspedes naturales del virus del Ébola son los murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae, explica la OMS. El virus se introduce en el ser humano por contacto estrecho con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de dichos animales infectados, así como chimpancés, gorilas, monos, antílopes y puercoespines.

Posteriormente, el virus se propaga en la comunidad mediante la transmisión de persona a persona, por contacto directo (a través de las membranas mucosas o de la piel) con órganos, sangre, secreciones, semen u otros líquidos corporales de personas infectadas, o por contacto indirecto con materiales contaminados por dichos líquidos.

El periodo de incubación (intervalo desde la infección hasta la aparición de los síntomas) oscila entre dos y 21 días. Las personas no son contagiosas hasta que aparecen los síntomas, que se caracterizan por la aparición súbita de fiebre, debilidad intensa, dolores musculares, de cabeza y de garganta, lo cual va seguido de vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, disfunción renal y hepática, y en algunos casos hemorragias internas y externas. Los resultados de laboratorio muestran disminución del número de leucocitos y plaquetas, así como elevación de las enzimas hepáticas.

En cuanto al manejo de los cuerpos, las ceremonias de inhumación que implican contacto directo con el cadáver también pueden contribuir a la transmisión de la enfermedad y los pacientes son contagiosos mientras el virus esté presente en la sangre.

La peor epidemia de Ébola en la historia moderna tuvo lugar en diciembre de 2013 en Guinea Conakry, desde donde se expandió a Sierra Leona y Liberia. La OMS marcó el fin de esa epidemia en enero de 2016, después de registrarse 11 mil 300 muertes y más de 28 mil 500 casos, aunque la agencia de la ONU ha admitido que estas cifras pueden ser conservadoras.

De acuerdo con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), durante el presente brote en RDC sus equipos en el terreno brindan apoyo psicosocial a los afectados y han diseminado mensajes preventivos a la población, alcanzando a unos 2 millones de personas en ocho zonas de salud.

El portavoz del organismo, Christophe Boulierac, dijo a Apro que cuentan con el apoyo de más de mil trabajadores sociales, ya que la labor activa con las comunidades es “clave” para hacer llegar las medidas de prevención y las medidas de higiene pertinentes, especialmente en Beni.

“Ahora, con respecto a la proporción de niños afectados por Ébola, si tomas el total de los casos confirmados, 25% son menores de 19 años y 60% son mujeres y niños”, precisó Boulierac.

“El problema es que no podemos explicar por qué. Quizá porque las madres tocan a sus hijos (…) pero esto no ha sido suficientemente analizado todavía”, remarcó.

Por otra parte, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para Refugiados (ACNUR) ha sonado la alarma, ya que estiman que en el territorio afectado por el virus viven cerca de 1.3 millones de personas, donde el ejército congoleño se enfrenta sin éxito a los grupos rebeldes.

El portavoz del ACNUR, Andrej Mahecic, dijo que a principios de este mes uno de sus equipos pudo llegar hasta los distritos de Eringeti y Oicha, donde la “violencia es rampante”, y los residentes relataron “brutales ataques contra civiles con machetes, historias de masacres, de extorsión, desplazamiento forzado, violencia sexual, reclutamiento de menores y serias violaciones de derechos humanos”.

El desplazamiento forzado en esta parte del país sigue siendo enorme, agregó ACNUR. Se estima que más de un millón de personas se encuentran desplazadas en Kivu Norte. Esta es la más alta concentración de desplazados internos en la RDC, y medio millón de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares este año.

De acuerdo con ACNUR, está ampliando su capacidad en Kivu del Norte para responder a las crecientes necesidades humanitarias.

“Estamos tomando las medidas adicionales para acondicionar refugios de emergencia y otro tipo de asistencia humanitaria para satisfacer las necesidades de los desplazados en Beni”, refirió Mahecic.

Sin embargo, en tanto que la respuesta humanitaria del ACNUR continúa a pesar del brote de Ébola y de la situación de seguridad, el organismo subrayó que la falta drástica de fondos es un grave obstáculo a sus esfuerzos, ya que de un total de 201 millones de dólares solicitados, “tan sólo ha sido financiado el 17%”.

Diversos organismos humanitarios de la ONU, además de Médicos Sin Fronteras (MSF), el Comité Internacional de la Cruz Roja, organizaciones de la sociedad civil, autoridades congoleñas y personal médico local, enfrentan a este monstruo que se dispersa silencioso en una región en la que se conjugan diversos factores que ningún científico quisiera ver reunidos.

“Estamos en un momento crucial en este brote en términos de su evolución epidemiológica y en términos de respuesta”, reconoció Salama, jefe de la respuesta de emergencias de la OMS, quien conservó su tono pausado al hablar y, sin querer ser alarmista, no pudo esconder ciertos rasgos de preocupación en su rostro.

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