Sierra de Guerrero: sin servicios educativos, médicos ni de transporte debido a la disputa por el tráfico de opio

CORRALITOS, Gro. (apro).- La confrontación entre grupos criminales por “El llanto de la amapola”, como le dicen los campesinos a la goma de opio, ha provocado una crisis en esta franja de la Sierra de la entidad, donde además de la pobreza y marginación, los niños permanecen sin servicios educativos por la ausencia de docentes y no existe atención médica para la población en general porque los centros de salud y hospitales permanecen cerrados y el transporte público está suspendido.

En un recorrido realizado por este reportero, sobre una franja carretera de más de 50 kilómetros que conecta el poblado de Xochipala y Corralitos, pasando por La Laguna, Los Morros, Mirabal, Campo de Aviación, Filo de Caballos y Puentecillas –comunidades pertenecientes a los municipios de Eduardo Neri y Leonardo Bravo– se constató la situación que afecta a la población más vulnerable que se encuentra en medio de un conflicto armado.

Desde hace dos años, está emblemática región amapolera, donde abundan los recursos naturales, es disputada para controlar la producción y trasiego de heroína, así como por las áreas de explotación minera y forestal.

Más de un centenar de docentes de nivel básico se niegan a subir a la sierra por falta de garantías de seguridad y un número incuantificable de planteles educativos de nivel básico permanecen cerrados desde Tlacotepec a Xochipala, afirma el dirigente del magisterio disidente, Arcángel Ramírez Perulero.

Escuelas, sin actividad académica. Foto: Especial

Escuelas, sin actividad académica. Foto: Especial

El transporte público también está suspendido porque los sitios de Filo de Caballos y Tlacotepec fueron atacados en Chilpancingo en diferentes ocasiones este año.

La semana pasada, una unidad de transporte público fue interceptada por un grupo armado en las inmediaciones de Xochipala y fue incendiada junto a otros cinco vehículos mientras una célula delictiva atacaba el cuartel de la Policía Rural Estatal en la comunidad de La Laguna. Ahí fue asesinado un comandante y cuatro uniformados más resultaron heridos.

Además, el hospital básico comunitario de Filo de Caballos y el centro de salud del poblado no están funcionando porque no hay médicos, ni enfermeras en ellos.

El centro de salud, no hay quien lo atienda. Foto: Especial

El centro de salud, no hay quien lo atienda. Foto: Especial

En estos pueblos salpicados de pobreza y marginación donde las cabañas de madera contrastan con viviendas de cemento y mejores acabados, el miedo es la constante. Algunas muestran huellas de ataques perpetrados a balazos.

Rastros de los ataques en algunas viviendas. Foto: Especial

Rastros de los ataques en algunas viviendas. Foto: Especial

El Necho y El señor de la I, rivales

Dos grupos armados disputan el control de las empresas mineras de Carrizalillo y las zonas de producción y trasiego de heroína conocida como “China White”.

Las autoridades tienen identificados, por un lado, a un grupo de sicarios al servicio de Onésimo El Necho Marquina Chapa, de Tlacotepec, municipio de Heliodoro Castillo y, por el otro, al cartel del Sur que dirige Isaac El Señor de la I Navarrete Celis, afincado en Chichihualco, cabecera municipal de Leonardo Bravo.

En el caso de Corralitos, comunidad que fue atacada hace unos meses, se ha convertido en “un pueblo fantasma”.

De unas 30 familias, solo quedan seis, debido a que la mayoría decidió escapar de la violencia y las personas que se quedaron son adultos mayores principalmente, quienes se dedican a tratar de vender frutas de temporada como peras, manzanas y duraznos, para sobrevivir.

Adultos mayores venden fruta para sobrevivir. Foto: Especial

Adultos mayores venden fruta para sobrevivir. Foto: Especial

En este lugar de paisajes espectaculares, los únicos que transitan por el camino principal donde se cosecha la goma de opio, son soldados, policías y sicarios.

“Nos estamos muriendo y el gobierno no hace nada para calmar las cosas y evitar las balaceras y muerte de personas”, dice un adulto mayor, quien junto a su esposa se ha convertido en testigo de la barbarie en la Sierra.

Esta semana, el gobernador Héctor Astudillo Flores admitió que la situación en esta franja de la entidad, “no está controlada”.

Incluso, anunció que “apenas” están diseñando una estrategia policiaco militar para garantizar la seguridad de médicos, enfermeras y personal docente.

Pero en los últimos días, lo único que he hecho el gobierno estatal es enviar policías estatales para tratar de contener la situación.

Al respecto, el fin de semana pasado, el obispo católico Salvador Rangel declaró que fracasaron sus intentos por pacificar esta franja de la Sierra porque “los señores de Tlacotepec y de Chichihualco” decidieron romper la “frágil tregua” y reanudaron enfrentamientos armados desde la semana pasada.

El prelado, advirtió que en caso de que el gobernador Astudillo se limite a implementar un operativo policiaco militar, el conflicto en la Sierra no va a parar y, por el contrario, se puede agudizar.

De hecho, a pesar de que el gobierno estatal ha desplazado policías estatales a la zona de conflicto, los tiroteos no cesan y la población de Chichihualco, anunció que va a tomar las armas para enfrentar directamente al grupo armado de Tlacotepec.

Rangel consideró que se requiere de una intervención “más profunda” del gobierno para resolver los problemas de fondo en la principal zona productora de heroína en el país.

Desde hace tres meses, el líder de la guardia comunitaria de Tlacotepec, Humberto Moreno Catalán, exigió al gobernador Astudillo que atienda la problemática que se vive en la Sierra con la disputa entre grupos delictivos por el control de la zona minera y la producción de heroína en la entidad.

Moreno Catalán indicó que, desde ese entonces, los pobladores de Tlacotepec no pueden transitar libremente sobre el corredor que conecta la región Centro con la Sierra desde Xochipala, municipio de Eduardo Neri, y llegar a Filo de caballos, municipio de Leonardo Bravo, donde –afirmó– el narco impide también el paso de víveres, combustibles, transporte público, así como la presencia de médicos, docentes y servicios básicos para subsistir.

Por ello, el líder comunitario de Tlacotepec emplazó al mandatario estatal a garantizar la seguridad en esta zona donde la situación –dijo—es “insoportable” porque la población se ha abstenido de tomar las armas y salir a pelear a Filo de Caballos para liberar la zona.

Durante una concentración pública realizada el fin de semana pasado en la plaza central de Tlacotepec, cabecera municipal de Heliodoro Castillo, Moreno Catalán dijo:

“Le vuelvo a decir con mucho respeto a Héctor Astudillo Flores: tú me conoces perfectamente y no me voy a esconder, tú sabes quién soy y no me andes poniendo paleros, ni le hables a mi hijo, ni le hables a mi primo hermano Mario Moreno. Yo soy de una sola pieza y por mi pueblo si es necesario, doy mi vida con todo gusto que a lo mejor no vale gran cosa”.

El dirigente visible de este grupo armado, Humberto Moreno, es primo de los hermanos Mario y Ricardo Moreno Arcos, el primero se desempeña como secretario de Desarrollo Social en el gobierno de Astudillo y el segundo fue diputado local del PRI en la pasada legislatura. Los tres son familiares de José Carlos La Calentura Moreno Flores, según reportes oficiales.

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